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El documental Schwestern im Leben (Germanes en la vida / Hermanas en la vida) es peculiar: Reúne a tres actrices escandinavas, conocidas, amigas entre sí y compañeras de rodaje en más de una ocasión.

Liv Ullman http://us.imdb.com/name/nm0880521/

Bibi Andersson http://us.imdb.com/name/nm0000761/

Ghita Norby http://us.imdb.com/name/nm0639152/

Liv Ullman / Bibi Andersson / Ghita Norby

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Bajo una ventada peligrosa, las tres mujeres ponen sobre la mesa de madera de una casita cerca del mar, recuerdos de su vida: fotografías de su juventud, de sus padres, y reflexionan –aparentemente con absoluta sinceridad y ajenas a la cámara- acerca de sus vidas, sus ilusiones de juventud, sus filmografías,…

Pasean por el puerto, deambulan por la casa, o van a comprar cuatro cosas para preparar una cena de circunstancias, y hablan de los tabú de su juventud y el sexo, cómo ha evolucionado su creencia en el amor, y sus puntos de vista respecto a la muerte.

El cineasta sueco Ingmar Bergman, seria el cuarto personaje del documental. No aparece, pero se le menciona con frecuencia (imposible no hacerlo teniendo en cuenta su presencia en el cine escandinavo y las relaciones personales y profesionales que el de Uppsala tuvo con las actrices).

Este no es un documental que cotilleé en la vida de las actrices. Ni aporta secretos del rodaje de las películas que las hicieron populares. Son las impresiones de tres mujeres maduras que han dedicado su vida al arte del cine, que comparten similitudes de origen, de intereses profesionales y diferentes métodos ante la cámara. Es un documental de tres amigas.

Hermanas en la vida

Schwestern im Leben

http://us.imdb.com/title/tt0967544/

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¡Qué decepción!

¿Cómo es posible que uno de los maestros del cine B, recreando el mito del monstruo subterráneo, nos componga un personaje así?

En la novela de Gaston Lerroux, Erik, el fantasma, es un ser cuyo rostro es tan atroz que su propia madre abandona, que debe vivir detrás de una máscara, ¡es el rostro del espanto!

Darío Argento le otorga el papel a Julian Sand, y le pone una peluca de una larga melena rubia. El resultado es una especie de precursor de Lucius Malfoy (link) o de músico de heavy metal escandinavo.

Julian Sand Phantom of the Ópera

¿Dónde queda el rostro desfigurado, símbolo inequívoco del fantasma? Lon Chaney, en la versión muda de 1925, con su tortura de alambres que le estiraban los labios y la nariz, mostraba, aún hoy, un rostro francamente desagradable a la vista.

Lon Chaney Phantom of the Ópera

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Aparte de cuatro nombres de personajes, que la acción transcurre en un teatro (y sus sótanos) y que aparecen: un espejo, una charca subterránea, una araña que se desprende, y varios hombres ataviados con capas, del Fantasma de la Ópera de Lerroux no queda nada. De “fantasma” tampoco, pues no hay ni un solo incidente en los 95 minutos que tenga nada de paranormal. Enseguida vemos que es un hombre, alto, rubio y guapo (¿perdón?) quien asesina, amputa, mutila y muerde cual vampiro.

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Un título más acertado seria: “El tipo de las ratas”. Porque de esto trata la película.

Un niño es lanzado al río en una cesta y es salvado por unas ratas que lo crían hasta la edad adulta (¿cómo dices?). De adulto, viviendo en los sótanos del Teatro de la Ópera, se enamora de una cantante suplente, y hace todo lo que está en sus siniestras manos para allanarle el camino del éxito. Tras llevarla a sus dominios y enseñarle su órgano (literal y metafórico) la obliga a vivir con él, es esa atadura, ese compromiso lo que hace que la chica huya y recorra a un pretendiente para que la salve. Pero, ¿de verdad quiere ser salvada del “monstruo”?

Otro título ingenioso para la película podría ser:

El “fantasma” de Darío Argento. Así, con fantasma entre comillas. 😀

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Darío Argento otorga el rol de la joven cantante ingenua, Christine Daaé, a su hija. Asia Argento de ingenua tiene poco, y de cantante de ópera menos. Resulta casi cómica verla fingir el canto, ahogándose en el Fausto. Asia, siempre tan solícita con su padre, nos enseña su trasero y sus pechos.

Es de esperar, como en toda película de “terror B”, una buena dosis de tetas, gritos desgarrados, chorros de sangre, decapitaciones accidentales, y otras mutilaciones sin sentido alguno. Aparte de gran cantidad de animalillos sueltos: aquí son ratas.

Esperaba, lo reconozco, un fantasma de rostro realmente deformado. Un auténtico espanto a la vista. Hubiera sido mejor, más terrorífico al menos, que el propio Darío Argento prestase su cara al fantasma, al ser, como es, un tipo cuya mayor virtud no es un rostro demasiado agraciado (nada que ver con la nínfula de su hija).

Asia Argento & Dario Argento

Añadir, finalmente, que el ecléctico compositor Ennio Morriconne compone y dirige la banda sonora.

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VACACIONES EN ROMA (1953 William Wyler)

http://www.filmaffinity.com/es/film646581.html

Con Audrey Hepburn y Gregory Peck.

Es una historia de amor entre una princesa y un plebeyo; lejos de las cursilerías de hoy en día, la película muestra las artimañas de un paparazzi para lograr un reportaje en exclusiva (¿alguien creía que los paparazzi nacieron con Lady Di?)

La película fue rodada en Roma, en exteriores. Algo que hoy en día no tiene nada de raro, pero en la época era toda una aventura (y un riesgo).

Detalle freak: en la recepción final que la princesa hace a los periodistas se presentan uno del ABC de Madrid y otro de La Vanguardia de Barcelona (¡ojo!)

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Con un ensayado aspecto de institutriz estirada y represiva, Edith Head fue la diseñadora de vestuario más famosa de los años dorados de Hollywood.

Fue una de las impulsoras para la creación de un premio OSCAR para el vestuario, el primer año que lo instauraron, no ganó. Pero a lo largo de su carrera, se llevaría 8 estatuillas (una por VACACIONES EN ROMA)

Detalle freak: Si habéis visto la película de animación LOS INCREIBLES os recordará a http://mocoloco.com/art/archives/edna_mode_head_feb_05.jpg en un simpático guiño-homenaje.

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Dalton Trumbo

Dalton Trumbo escribió el guión de VACACIONES EN ROMA pero estaba en “las listas negras” (sospechoso de comunista y otras “peligrosas” ideas) y su trabajo era vetado.

Tuvo que recurrir a pseudónimos o a colegas que ponían su nombre a los guiones de Trumbo, para que las películas pudieran ser rodadas y distribuidas (los cines no adquirían películas de gente “sospechosa”, por miedo).

Dalton Trumbo escribió y dirigió una película antibelicista y a favor de la eutanasia, realmente perturbadora JOHNNY COGIÓ SU FUSIL.

Detalle freak: el 1957 el OSCAR al mejor guión fue para la película THE BRAVE, escrito por un tal Robert Rich, que no se presentó a recogerlo.

Era un pseudónimo de Dalton Trumbo.

El OSCAR le fue entregado, finalmente, ¡18 años más tarde!

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William wyler

El director de VACACIONES EN ROMA, William Wyler nunca tuvo un estilo de películas que lo identificase (como Hitchcock, o Capra), pero era capaz de rodar con éxito aplastante superproducciones como BEN-HUR y películas intimistas y psicológicas con apenas dos personajes como EL COLECCIONISTA.

Era un director perfeccionista y muy cuidadoso.

Entre sus “otros” éxitos, está haber lanzado al estrellato a Audrey Hepburn en VACACIONES EN ROMA, y haber dado una oportunidad, como secundario, a un tal Humphrey Bogart en DEAD END(1937)

Detalle freak: William Wyler entró en el cine por enchufe. Su madre era prima del fundador de los Estudios Universal. Wyler se convirtió en director de cine a los 23 años.

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Gregory Peck

Hay dos personajes, en la extensa y variada filmografía de Gregory Peck, que aún no pudiendo estar más alejados entre sí, no pueden tener otro físico ya, que el de Gregory Peck.

Atticus de MATAR A UN RUISEÑOR y el Capitán Ahab de MOBY DICK.

Dos extraordinarias películas, que uno debe ver para aspirar a ser humano.

Convencido del éxito de su compañera de reparto, Audrey Hepburn, en VACACIONES EN ROMA exigió que el nombre de la actriz apareciera al inicio del film, junto al suyo. No se equivocó, Audrey ganó el OSCAR.

Detalle freak: En la película EL CABO DEL MIEDO (1962 Lee Thompson), Gregory Peck hace de bueno. Scorsese, cinéfilo donde los haya, le guardó el papel de abogado del malo en su versión de EL CABO DEL MIEDO de 1991 (esa de Robert DeNiro diciendo aquello de: “¿abogaaado? ¿Dónde estás abogado?”)

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Audrey Hepburn

La bailarina y actriz (galardonada en teatro y cine) Audrey Hepburn debutó (para Hollywood) en VACACIONES EN ROMA, con una expectativa tal, que antes incluso de estrenarse la película, Audrey fue portada de TIME.

Inmortal icono de la elegancia de la mano de Truman Capote y Blake Edwards para su BREAKFAST AT TIFFANY’S mostró más interés por las causas de UNICEF, que en el mundo festivo y glamouroso de Hollywood.

Detalle freak: Para el vestuario de SABRINA se contrató al diseñador Givenchy, al que se le dijo que vestiría a “Miss Hepburn”. El modisto empezó a idear trajes para la Hepburn que conocía (Katharine Hepburn: alta, de facciones duras y un torbellino de mujer). Cuál fue su sorpresa cuando se le presentó una actriz pequeña, delgada, y de aspecto frágil (Audrey Hepbun). Tuvo que rehacer todos los diseños.

Antes de VACACIONES EN ROMA propusieron a Audrey cambiarse el apellido, para evitar estas simpáticas confusiones, a lo que ella se negó.

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claudette colbert

Claudette Colbert es la principal atracción del film I COVER THE WATERFRONT (James Cruze; 1933).

Un periodista que cubre la información del puerto, está empeñado en desenmascarar a un brusco pescador que se dedica al tráfico de personas. Para conocer sus secretos, el periodista seduce a la bellísima hija del pescador, pero cae en las redes del amor, y cuando ya tiene su noticia se percata que está enamorada de ella. El verdadero conflicto pero, lo tiene ella entre el amor por el chico y la lealtad a su padre.

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A día de hoy, la película es políticamente incorrecta.

El pescador parece ayudar a inmigrantes chinos a entrar a Estados Unidos. Resulta chocante que los lleve encadenados y amordazados. Y que cuando aparecen los guardacostas, los lance al mar.

No es una actitud definitoria del “malo”: el protagonista se presenta a la redacción de su periódico con el cadáver envuelto en una alfombra, y lo deja sobre la mesa de su director, como quien deja una caja de sandías.

“Los chinos” a los que se refieren los personajes de la película son tratados como se trata la droga en TRAFFIC (y quizás la droga salga más bien parada).

Mención aparte merece la escena clave: una versión de Job y la ballena.

Es tan increíble, que hasta podría haber sido real.

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El mejor momento:

El periodista se presenta en una playa para investigar la siguiente noticia: una muchacha se baña desnuda. La chica aparece desnuda (detrás de una oportuna roca) y se produce este (atemporal) diálogo.

– Ha habido quejas, que se baña usted desnuda.
– ¿Quejas? ¿De quién? Si aquí no hay nadie.
– ¿Ve aquella casa de allá arriba? Con unos prismáticos es como si estuviera aquí.
(Mira a lo lejos) Seguro que se ha quejado una mujer.
– Claro, un hombre no hubiese dicho nada.

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Harry Potter y la cámara secreta

(2002) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

La segunda película de la saga la vi, para mi desgracia, por televisión. En un canal que no ofrecía la posibilidad de verla en versión original. No es que sea un quisquilloso de la V.O.S, pero aquí el trabajo de los dobladores de dos personajes (Hermione y muy especial Ron) es simplemente NEFASTO.

La voz de Ron parece la de un atontado cansino. Inexpresivo y molesto.

La historia, la más floja de la saga, no se salva en la película, que tan sólo toca los nudos importantes por encima. Todo queda bajo la impresión de estar sujeto por la fama de los libros o por la propia corriente de Harry Potter como marca a vender.

Actores

De los nuevos, dos sonrisas:

Kenneth Branagh, nos ofrece una simpática e histriónica personificación de Lockhart, el fantoche guaperas; brilla en especial en el duelo contra Snape. Un buen actor que cumple, sin aparente esfuerzo, con su personaje, reducido en la película a un papel bastante secundario.

Dobby. Pues sí. No soy muy propenso a los monigotes creados por ordenador, y sinceramente me esperaba un esbirro mal diseñado de obligada aparición, pero reconozco que tiene su personalidad bien definida y resulta consistente.

De los nuevos, cosas raras:

Lucius Malfoy

Lucius Malfoy parece sacado de un disco de Rhapsody o Hammerfall. Una guitarra eléctrica o un bajo le serían más normales en sus manos que la varita o el bastón de alta nobleza que lleva.

Los padres de Ron. Extraños los dos. Me esperaba un señor Weasley más gordito, más calvo y más humano; queda reducido a un mero funcionario con apenas dos frases. A la madre Weasley le falta, precisamente, la maternidad. No convence como madre de su prole y casi adoptiva madre de Harry.

Los conocidos:

El trío maravilla: Harry-Hermione-Ron

Los tres demuestran tener más controlado su personaje y se mimetizan más con él. Aquí ya sí que Daniel, Emma y Rupert son –respectivamente-, Harry, Hermione, y Ron.

Snape. Hay dos o tres momentos, en que ese fenómeno llamado Alan Rickman devora la pantalla con su verborrea. Una fuerza extraordinaria te desvía la mirada cuando aparecen “los profesores”, y lo buscas, y te das cuenta que por encima de lo que ocurre, estás buscando –y esperando-, la frase, el rostro de Snape.

Dumbledore. Sigo en mis trece y no bajo de mi burro. Richard Harris no me convence.

Fred y George (muy creciditos los dos) quedan reducidos a penas dos momentos, y su rutilante –y en el futuro odioso- hermano Percy, completamente eclipsado.

A diferencia del libro, en las dos películas que llevo de Harry, percibo que el actor que encarna a Draco grita por salir, por tener más protagonismo y para regodearse en su maldad –es lo que hacen los malos-, pero la camisa de fuerza que le impone la autora, le impide explotar. Su peinado no se altera ni cuando se estampa contra el suelo del campo de quidditch.

Hablemos de Ginny

Cuando el personaje protagonista del núcleo de la historia apenas aparece, apenas tiene texto, y su mayor logro es despertarse tras un desmayo y confesar haber sido manipulada, ni la mejor actriz podría lograr darle demasiada vida. Ginny está porque debe estar. Y la actriz –sin parecer una Weasley-, dice lo que debe decir. Sin que su actuación nos diga nada.

¿Y Tom Riddle?

Surgido de las páginas –literal- del diario. Tom es un tipo sin personalidad alguna. En la saga no será hasta dos o tres libros más tarde –y muchas sesiones de pensadero- en que nos encontraremos con la amplitud –y complejidad-, del chico que de mayor será Lord Voldemort.

Instantes flojos:

El coche volador. Hay mucha diferencia entre leer acerca del vuelo en el coche, y ver –lo ridículo, y casi de Mary Poppins- el dichoso coche volador en la pantalla.

Aragog y las arañas. “Sigue a las arañas”, y uno intuye que seguir a una araña es algo muy lento, pero la concentración de arañas que aparecen en la escena, es tan descabellada, que parecen secuencias extra de películas de terror con bichos.

Ese basilisco. La lucha contra la serpiente del water es una parte atrayente de la novela. Aquí, se resuelve con demasiada facilidad y sin que el peligro del bicho llegue a ser palpable.

El mejor momento de la película es la secuencia del club de duelo. Desde que arranca con el enfrentamiento Snape-Lockhart, el posterior Malfoy-Potter, y su final, con los dotes lingüísticos de Harry con el lenguaje de las serpientes.

Snape duel

La impresión final es que ni el más flojo de los libros de la saga encaja bien, y del todo, en su traslado a la gran pantalla. Eso sí, resulta bastante entretenida.

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“Venga Bart date prisa, nos vamos al cine, tu madre nos lleva ver una película del sueco ese de los siete sellos” Homer Simpson.

Esta cita pertenece al segundo episodio de la primera temporada de Los Simpsons (Bart, el genio). Debió de ser ésta la primera vez que tuve conocimiento de Ingmar Bergman. Claro esta que en su día no entendí el chiste.

Supe de él por otros. Lejano, difuso, hermético, Bergman era un GRAN director sueco, cuyas películas nunca se emitían por televisión. Lo primero que pensé, fue que debía tener algún parentesco genial con Ingrid Bergman (sueca, actriz); resultó que no. Woody Allen parecía admirarle mucho, y los humeantes tertulianos de José Luis Garci en Qué grande es el cine hacia mención a él a menudo. Parecía una figura intocable, perfecta y casi irreal.

No vi una película de Bergman hasta el verano del 2005, durante un breve ciclo que hizo La2 de TVE. La primera fue El séptimo sello.

No me gustó.

Tampoco la entendí (creo que casi nunca he entendido una obra escrita o filmada, y mucho menos pintada o compuesta).

En El séptimo sello, descubrí escenas que “otros” a posteriori habían copiado. Me impactó ver a Max von Sydow, a quien conocía de mediocres películas americanas, asumiendo el reto de un protagonismo tan aislado. Su confesión, en la película, con la Muerte, me resultó inquietante, más que la partida de ajedrez. Tuve la impresión que nadie más mostraba gente angustiada por aquellos temas, y de un modo serio y frío. Eso me hizo pensar en unas palabras de Isabel Coixet, que dijo algo cómo “de joven iba al cine a ver Bergman, y salía con ganas de suicidarme”.

La ambientación de la historia, ayudó a formar en mí la estampa de algo antiquísimo. Tanto, que cuando después me enteré que Ingmar Bergman aún estaba vivo, le atribuí unos mil años.

Fresas salvajes, me encantó. Ahí ya hubiese firmado “Bergman qué gran talento”. Le siguieron El rostro y Como en un espejo, entonces ya las contemplaba con interés, consciente que me perdía la mitad de lo que pretendían mostrar, pero siempre fascinado por alguna cosa. Había diálogos de una crueldad tan sincera que tan sólo podían ser sinceros pensamientos. Cosas que uno piensa –secretamente-, pero que no osa decir. Aquellos personajes, a veces perdidos y descorazonados, emitían palabras de una contundencia tan impactante, que si se hubieran disparado no se hubiera hecho más daño.

Por aquél entonces ya había visto dos de las obras de Allen más cercanas a Bergman: Setiembre y Interiores me parecía que “el alumno” había llegado a limar, y a hacer más digerible, algunas de las mismas ansias y angustias del maestro.

Hasta que el 6 de agosto de ese 2005, topé con Secretos de un matrimonio.

Esa… esa cosa, estaba por encima de la ridícula etiqueta de “película”, por encima de la definición de “obra maestra”. Aquello iba mucho más allá de cualquier cosa que este humilde idiota hubiera podido ver e imaginar jamás. La vida, la vida de una pareja de seres humanos, con todas sus contradicciones, auges y caídas, están ahí, expuestas.

¿Cómo un tipo puede sentarse y escribir algo así?

¿Y cómo puede, luego, manipular un equipo de gente, actores y técnicos, para representar aquello?

¿Cómo?

Al acabar de verla, tuve la sensación que ya podía morirme. Que nada podría superar aquello (a día de hoy, aún no he visto nada que lo supere).

Ingmar Bergman acababa de destrozar cualquier ranking de películas, directores y análisis del ser humano que hubiese podido hacer. Se había salido. Era otra cosa.

Bergman era Dios.

Ingmar Bergman

Acabo de terminar la lectura de sus memorias, escritas en 1986, LINTERNA MAGICA, un irregular libro, en cuyas páginas leeremos mucho de lo que ya hemos visto en sus películas (él mismo, remite peleas matrimoniales a escenas de sus películas). Un libro en el que he descubierto que, al igual que el Homer “inventor” estaba fascinado por Edison, y Edison por Davinci, Bergman lo estuvo, desde sus lecturas adolescentes hasta el final por el dramaturgo Strindberg. Un libro de memorias de un tipo egocéntrico, tiránico con “sus familias”, y aquejado de eternas dolencias psicosomáticas –retortijones intestinales y vomitonas a destiempo-. Un libro que me ha humanizado, hasta extremos vulgares a esa figura, casi divinizada, que usó, y rehusó, su vida para su arte. Un libro que no es el libro de un cineasta, sino el libro de un ser que amó profundamente… ¡el teatro!

A Bergman la cultura, la lectura, se le nota en su trabajo, enumera sus lecturas adolescentes: Dostoievski, Tolstoi, Balzac, Defoe, Swiff, Flaubert, Nietzche y siempre Strinberg. Y añade, reconociendo que “a menudo no entendía nada”.

Un par de pasajes del libro:

si por un momento levantase la máscara y dijese lo que realmente pienso, mis compañeros de trabajo se volverían contra mí, me harían pedazos y me tirarían por la ventana […] A pesar de la máscara no estoy disfrazado. Es un filtro. No debe dejar pasar nada de la esfera privada que no venga a cuento.

“Me lanzo contra los demonios con un método que me ha funcionado en crisis anteriores: divido el día y la noche en unidades de tiempo determinadas y lleno cada una de ellas con una actividad o un momento de descanso establecido de antemano. Sólo cumpliendo implacablemente mi programa, día y noche, puedo defender mi cerebro de unos dolores tan violentos que llegan a ser interesantes. En pocas palabras, recobro la costumbre de planificar minuciosamente mi vida y ponerla en escena.”

Y unas citas que describen un carácter:

“Mostrar las calamidades privadas en el trabajo es una falta profesional grave.”

“La posibilidad de abandonar un proyecto ha de dar coraje para continuarlo.”

“Paciencia y buen humor, reír en lugar de reñir.”

“Sólo el que está bien preparado tiene la posibilidad de improvisar”

“Empezaba a oscurecer sin que yo viese la oscuridad.”

“El miedo realiza lo temido”

Y un destello de humor en el hospital:

“Una tarde le pregunto al amable médico si alguna vez en su vida ha curado a una sola persona. Reflexiona circunspecto y me contesta: “Curar es una palabra muy seria”, después mueve la cabeza y me sonríe para animarme”.

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Harry Potter y la orden del Fénix

“Deja de hacerte el incomprendido, Harry…”

Harry Potter y la orden del Fénix es un bloque de hormigón de 900 paginas y de un peso descomunal que hace imposible su lectura en posición horizontal (en la cama, en el sofá) a no ser que el lector se sitúe encima del voluminoso libro, de lo contrario, la posibilidad de morir aplastado o de sufrir graves daños en los brazos es más que probable.

Harry Potter y la orden del Fénix es mi favorito (hasta ahora). Me parece el mejor de los cinco, el más redondo y compacto, el que menos relleno intrascendente tiene (¡900 páginas sin relleno!), el más bien llevado. Lo dicho: mi favorito.

Es cierto que los primeros capítulos son un poco recargados, la charla en la cocina de los Dursley con la incomprensión de Tío Vernon, se hace molesta, pero enseguida empiezan las aventuras, y la gran trama avanza sin cortes, sólo con algunas pausas que enriquecen y profundizan en la historia.

Harry Potter es un borde. Y lo es de una forma preocupante. Este chico necesita, o más chocolate o relaciones más íntimas con una pareja (Cho es una llorona, y pese a las justificaciones creo que acertadas de Hermione, Cho sigue siendo una llorona frívola) porque el estado de cabreo permanente, de agresividad latente, es hasta molesto. Este chico salta más deprisa que una trampa para ratones, y su verborrea asusta, asusta e intimida a sus amigos:

“Sentía un sádico placer al dar a los otros la oportunidad de seguir hablando de él, como sin duda debían de estar haciendo.”

Fíjate tú, lo lejos que llega la maduración o evolución de un personaje, hablo de Neville, por supuesto. Empezó siendo el patoso, y al terminar el libro uno se pegunta cómo hubiera sido todo si el sello relámpago no lo tuviera Harry, sino él.

Mi principal queja a la autora es el poco uso que hace del personaje con el mejor nombre que ha inventado jamás (¡Mundungus!). Por supuesto es Mundungus. Esperaba más de un personaje con semejante nombre.

Como ya es habitual, la autora abraza en la historia a personajes de los libros anteriores; aquí quedan un poco apartados (ocupados en la Orden) Ojoloco Moody, y Lupin. Pero se le agradece que sepa prescindir de personajes como los participantes extranjeros en el Torneo de los Tres Magos (Krum y Fleur, son mencionados sólo de pasada).

Dolores Jane Umbridge se convierte pronto en el personaje más odioso de toda la saga, mucho más que el propio Voldemort, que en la orden del Fénix está presente siempre, pero no aparece hasta el final (¡como debe ser! Si le vemos actuar tanto como en el cáliz de fuego luego no parece tan terrible). La Lunática Lovegood, me la miro con simpatía pero Severus Snape sigue siendo, y ahora quizás incluso un poco más, mi personaje favorito. Me haré una chapa “Pro-Snape” y que brille en la oscuridad.

Aunque menos, el libro también tiene algún guiño de humor:

“- ¿Y de qué nos va a servir la teoría en la vida real?

“- Esto es el colegio, señor Potter, no la vida real.

Y como ya va siendo habitual, el gran Albus Dumbledore, nos regala perlas de sabiduría en su charla explicativa final:

“Ese dolor significa que eres un ser humano, Harry”

“Los jóvenes no podéis saber cómo piensan ni cómo sienten los ancianos, pero los ancianos cometemos un error si olvidamos qué significa ser joven”

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