Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘diario’

Mi padre se está muriendo. El cáncer le consume. Su voz es un hilillo apenas audible, pero aún sorbe la sopa, y por ello le odio. Una vida astenia en el sofá, del que ya no puede levantarse sin ayuda. Ya ni siquiera cambia de canal, se traga el caudal de anuncios de la tele con indiferencia.
Ha perdido el sarcasmo para sobrevivir. Ha dejado de gruñir ante mi completa inutilidad como persona, y ya no escupe que “escribir es una mariconada”.


Odio la enfermedad porque devora a las personas, y deja de ellos unos recuerdos humillantes y degradantes. Un ser que ya no es lo que fue.

En el cahuín de médicos y pruebas, yo no escucho. Cuanto menos sepa, menos me dolerá. Me aterra el dolor; ese al que no se le puede echar agua oxigenada y ponerle una tirita encima.


Mi madre afronta las turbulencias de la vida, con la misma sumisión de siempre. Antaño estranguló todos sus sueños, o quizás nunca los tuvo. Todo es una carga, y hogaño no soporta que nadie toque su cruz. Se fustiga y la arrastra pendiente abajo hacia su crucifixión, redentora pero inútil.


Odio el mundo porque está enfermo. Y el ser humano, responsable y único posible salvador, asiste a su destrucción, indiferente e hipócrita, y antepone sus insignificantes vidas al dolor colectivo. Confían en un Dios que ya no recuerdan haber inventado, o le echan las culpas a un destino que sólo ellos mismos escriben.


Y yo no tengo a quien contarle mis problemas, y por ello, los problemas de los demás me importan un bledo. Sigo encerrado en mi jaula, como un perro rabioso, y contemplo las visitas fugaces que se me acercan. Tan sólo recibo palabras. Podría inventarlas y quizás tuvieran menos intenciones ocultas. Giro la llave en la cerradura, soy mi carcelero sin piedad y no me dejo pasar ni una. Escribo, sí, es todo lo que soy. No tengo otra existencia y nadie puede aportar pruebas de lo contrario. Y en lo que escribo, en cada renglón de rabia y violencia, en cada herida abierta con cinismo, hay un mensaje subliminal, pero casi nadie entiende mi idioma.

Esta es mi parodia de vida. Espero que te haya parecido cómica y divertida, de lo contrario te resultará incómodo de leer.

Leo Bennacker

Read Full Post »

Ayer mi mascota perruna me mordió.

Según Steve Irvin (El cazador de cocodrilos) un animal sólo te ataca si haces algo que no debes con, o cerca, de él. Un perro no es un cocodrilo ni un arbusto con pinchos, así que estar sentado a la sombra en el patio acariciando su lomo no me pareció peligroso.

A Fuica (que así llamó yo a la chica) se le forman unos lagrimones bajo los ojos, y me pareció oportuno, mientras acariciaba su barbilla, quitárselos con un simple desliz del pulgar (maniobra que he realizado en otras muchas ocasiones). No mostró en ningún momento arrugamiento del morro, gruñidos graves, ni exhibición de dientes (de haber sido así, hubiese quitado las manos con delicadeza), sino que en un movimiento tan veloz que ni vi, me hincó el diente.

Esta fue la tercera vez en unos 6 años que me muerde, hasta ahora el incidente no había ido más allá de un leve desgarramiento de la piel de algún dedo. Algo que con una tirita y unos días, dejaban el dedo como nuevo. Pero la muyjodia, me pillo la uña del pulgar izquierdo.

Ver sangrar una uña es alarmante, uno ve y nota como la sangre no sólo fluye hacia fuera, sino hacia dentro, y se acumula bajo la uña.

(No me recrearé en detalles porque hablamos de MÍ uña)

Hace muchos años me pille el dedo, ese mismo, con la puerta del coche. Fue, que yo pueda recordar, mucho más lagrimoso y doloroso que el incidente de ayer. No recuerdo el aspecto de la uña, sólo los llantos. Cuando uno es pequeño, e inocente, simplemente llora. Cuando uno se hace mayor, quizás ya no llora por ver su propia sangre, pero se angustia mucho más. Y ser un aprensivo hipocondríaco fan de Monk y de Woody Allen, no ayuda.

Tampoco ayuda haber visto el making off del documental LOS MISTERIOS DEL NILO, de Jordi Llompart, donde un portador se le atrofia un dedo, y el jefe de la expedición, un Indina Jones con pinta de Eduald Carbonell, le recomienda correr al médico y “deshacerse de él, antes que perder toda la mano”.

Tal pensamiento me hizo rememorar una de las frases inmortales de la historia de la tele, cuando T-Bag se planta ante el veterinario y dice: “La mano…se está muriendo

Esto, en la soledad de mi ser, no tiene nada de chistoso ni de ingenioso, al contrario, es un dramatismo esperpéntico. Desde siempre, cualquier rasguño, corte o herida en las manos o en los dedos me aterra hasta niveles de preferir el suicido.

Obviamente ayer por la tarde fui incapaz de usar la mano. Creía sentir como la sangre se acumulaba en el dedo y me veía en una consulta donde un médico de urgencias (ninguno de la tele, porque por razones obvias no veo series de médicos) hacía un leve –pero doloroso- corte ¡en la uña! para que la sangre acumulada pudiera salir. Y yo me desmayaba (pero eso no lo escribiré, porque pareceré un nenaza… ¡ouc!).

Por la noche el dolor había menguado, pero seguía notando el dedo embutido. En el MSN, Alhy, me hablo de gangrena y amputaciones. ¬¬ gracias, maja.

Lo único que me animé un poco fue un episodio de Rescue Me (serie de la que hablaré pronto), y en especial su opening, que me tiene completamente enamorado, os lo dejo aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=qEDhE00oGAY

Esta noche he tenido una pesadilla relacionada con el dedo. Me llegaba la factura del hospital (¿?). Era una hoja de fondo azul cielo, con cabecera verde claro y blanco. El total del coste ascendía a 404,48€ y esto me ha aterrado más aún que el dolor del dedo, lo cual debe indicar que ya me encuentro mejor.

Leo Bennacker

Mordiscos & Dolor

Read Full Post »

Hoy he salido de casa a las 14:40. Tenía cita a las 15:00 en el taller mecánico; bueno, yo no, el coche. Nada grave, rutina kilométrica. Había pedido hora por la mañana. He llamado dando mi nombre oficial. Me suena extraño cuando me oigo decirlo. Me molesta, es cierto.

A las 15:00 en punto se ha levantado la puerta. Yo estaba allí, apoyando contra el coche, con un libro en las manos. Me ha dicho que ya podía entrarlo. Le he pedido al empleado que lo hiciera él. Tengo pánico al ridículo. A ese ridículo de “virilidad” como no saber entrar un coche en un taller en cuyo suelo hay una zanja de metro y medio en la que si metes el coche ya no lo sacas.

Mientras trabajaba, me he quedado fuera como un padre fumador en la sala de espera de los partos. Leía, o interpretaba el papel de Jess (Gilmore girls…) leyendo. Me atrae ese personaje, quizás ahora más que antes, cuando la comparación con el Peter de HÉROES es inevitable. He releído dos veces la misma página hasta que me he metido en serio en la narración. Estoy leyendo Hammett, “El halcón maltés”. Leo a Sam Spade y veo a Bogart.

También he pedido que lo sacaran. Lo ha hecho. Lo ha dejado arrancado y medio subido sobre la acera. Así, de cualquier viril manera. Me ha dicho que ya estaba. He pensado en encajarle virilmente la mano, pero no ha surgido la oportunidad.

He dado una pequeña vuelta hasta dar con una plaza de aparcamiento a la sombra. He salido con el libro y me he ido a un banco también a la sombra, en un parque infantil vacío. He leído dos capítulos más. Tres en toda la tarde. A las 16:30 tenía que ir a buscar las notas.

A las 16:00 me he levantado del banco y me he metido en el coche. He hecho varías vueltas hasta la biblioteca. He aparcado delante, al sol. 10 minutos, me he dicho. Me he llevado en préstamo los siguientes dvd’s:

  • El sueño eterno” con Bogart y Lauren Bacall
  • Inocencia y juventud” un Hitchcock que empezaba
  • Qué verde era mi valle” película de Ford que FRASIER alquila un día que va al videoclub
  • El gran dictador”, una edición especial (2 dvds) con contenido extra y documentales.

Todo ello se suma a lo que me llevé el pasado lunes de la biblioteca de Malgrat:

  • Matar a un ruiseñor” con Gregory Peck
  • Arsénico por compasión” Cary Grant recomendado por mi bibliotecaria favorita.
  • La gata sobre el tejado de zinc” [caliente] con Paul Newman y Liz Taylor
  • Y “Cayo Largo” Bogart, Bacall y Edward G. Robinson.

He salido a las 16:24.

He llegado al instituto a las 16:36.

Dos compañeros de clase ya estaban ahí, a juzgar por sus vehículos aparcados. He subido arrastrando los pies por unas escaleras sucias y con restos de comida “pica-pica”. Estaban todos en el departamento. He saludo en general y sin mirar a nadie. Me han dado la hoja con las notas. Las he mirado pero no las he visto. El mejor profesor que he tenido en toda mi vida se ha percatado delante de mí que ha habido un descuido con las asignaturas que ya tenía convalidadas, pues las notas ahí no aparecen. Me ha dicho que tengo que volver el lunes, por la mañana, a secretaria. Aún así la tutora me ha firmado la hoja. ¿Por qué las ha firmado delante de mí? ¿Acaso creía que iba a pensar que usa una máquina para firmar autógrafos como Geena Davis en SRA PRESIDENTA?

Me he situado en un rincón, con la espalda pegada a un armario, procurando pasar desapercibido. No sabía muy bien qué demonios hacía yo allí. 3 de los 4 profesores se han acercado para hacerme notar que he aprobado el CRESI (el proyecto final), he vuelto a mirar la hoja por respeto y me he fijado en la penosa nota. Una de esas hipocresías finales, puntuada alta adrede para que no destaque con las otras notas (altas: 7,8,9). Me ha parecido penoso. Pero ellos esperaban algún tipo de reacción favorable. Como una tía lejana que trae un regalo un sobrino que apenas conoce. He intentado una tímida sonrisa, pero creo que sólo me ha salido una mueca de asco. “¿A qué es mejor ahora que te lo has sacado de encima?” me ha preguntado mi tutora del proyecto, morena de solarium, con una pulsera en el tobillo, y un piercing discreto en la nariz.

No sentía ninguna satisfacción.

Y haber aprobado tampoco ha sido ninguna sorpresa. Esperaba un 5, un 6 me hubiera parecido ya patético por su parte, pero la nota que me han puesto es aún más alta. Lo dicho, para que no destaque, se ha equiparado a la media.

He dicho que sí, para que se relajaran. “Qué bonito jersey que me has traído, tía Enriqueta”.

Me han preguntado qué haría ahora.

Como si tuviera alguna idea de algo.

Como si hubiera alguna seguridad que al salir de allí, o mañana, no iba a tirarme por el puente.

El “no lo sé” me ha salido sólo. Mientras, pensaba que quería irme de allí. No estaba a disgusto, ni molesto, pero aquello me aburría. Han transcurrido varios minutos en que los han dedicado a mis compañeros. A los que yo veía lejanos, como si me hubiese equivocado de clase, y sólo compartiéramos profesores. Ha llegado el último compañero. He mirado el reloj. Qué sopor. Aún han pasado varios minutos. Largos y aburridos. Yo miraba la puerta y el pasillo y no hablaba con nadie. ¿Acaso tenía algo que decir? Estábamos todos allí, en un peculiar circulo humano de buenas caras y charlas banales, en un departamento de informática. El cubo de basura estaba lleno, y lo que no cabía, papeles y cartones, se había embutido en una caja cercana. Al final, un profesor ha propuesto ir a tomar un café. “Si ¿no?”, han dicho. Hemos ido saliendo. Miruru que bajaba detrás de mí, me hablaba. No a mí, es decir, no me decía nada concreto ni particular a mí, sino que hablando en voz alta buscaba mi complicidad. No he sabido que decir. Sólo aquella sensación de vacío, de estar donde no debía. Al salir, se ha acercado hasta su coche para dejar unos libros, yo me he dirigido al mío.

-¿Te vas?

-Sí.

Y me he ido.

“A la francesa” como dicen en Tintín. Sin despedidas, sin saludos, sin encajadas, sin buenos deseos, sin agradecimientos,… Antes era capaz de estas cosas. Ahora ya no.

Al llegar a casa, he merendado algo. Mi madre ha adivinado que había ido a buscar las notas. Por mi aspecto ha pensado que no han ido bien. He tenido que decir que no, que bien, que como siempre. Pero hasta que no las vea, no estará tranquila, pero tampoco me las pedirá jamás.

Ella quería ir a comprar con mi padre, pero antes, estaba viendo el final de una telenovela. Me he quedado con ella en el sofá. Aparecía una chica llamada Iluminada que charlaba con una señora a la que llamaba Doña Perfecta, y ese parecía ser su nombre real. He recordado mi llamada al taller, dando mi nombre:

-Iluminado Perfecto.

Cuando se ha ido, antes que se hubiera acabo la novela, porque mi madre es una mártir y se autosacrifica siempre, incluso cuando no hace falta. Mi padre no tenía prisa alguna, hubiera podido acabar de ver la telenovela en paz. Pero no, ella es así. Y qué yo se la grabase, “ni hablar”. Como si lo suyo no fuera “digno” de ser grabado. Cuando se ha ido, he dejado que terminase la novela, y he visto el final de “La noche de los muertos vivientes”. Me ha gustado el final. Es lo mejor del film, que por otra parte parece un especial de “Bricomanía” en blanco y negro (ya que se pasan la película clavando tablones en las puertas y ventanas y moviendo y desmontando muebles). Me ha gustado más que “La matanza de Texas”, aunque no sé cual de las dos me parece más mala, quizás la matanza, porque encima es machista. De los muertos vivientes también me gusta que el último que queda vivo sea el hombre negro. La película es del 1968, y ayer vi “Matar un ruiseñor” que es del 1962 (aunque se sitúa antes) donde el hombre negro es juzgado y sentenciado por una localidad donde imperan códigos racistas.

Al acabar, he fichado la peli en mi libreta de pelis vistas. Es la número 45 del año, y la que hace el número 1.040 desde que empecé a anotar películas, el día de año nuevo del 2000.

Luego he puesto música de Jacques Brel y he escrito el primer texto de 400 palabras para el blog “Los 400 golpes” que he creado en GrupoBuho. Nadie comprobará nunca que sean, realmente, 400 palabras y ni una más. Pero he retocado el texto hasta dejarlo en 400 palabras exactas.

Leo Benacker

15/6/2007

Read Full Post »

Yo empecé el curso ASI I con más motivación que Rock Lee en su momento álgido.Con la potencia con la que se eleva del suelo un cohete de la NASA. “Y te sientes tan fuerte que nada te puede tocar”.

El primer reactor cayó por las vacaciones de Navidad. En parte fui yo, en parte por el sistema educativo. Me di cuenta que imperaba, antes y siempre, la ley del mínimo esfuerzo, y que esa MERITOCRACIA utópica con la que sueño, es aún irreal.

El esfuerzo y el trabajo duro JAMÁS tienen el reconocimiento que se merecen.

Supongo que el segundo reactor se perdió durante ese verano, que me dediqué con cuerpo y alma al estudio de cosas que NADA tenían que ver con la informática. Me interesó la historia, la filosofía; leer mucho y ver muchas películas. Todo aquello “inútil” y por lo que no te darán jamás un “diploma”. Aquello por la que la gente te mirar como a un anormal.

ASI II, fue más titubeante. Pero el impulso del año anterior, me permitió pasar casi por “antecedentes” que por esfuerzos reales. La imagen que tenían de mí, provocaba una mezcla de envidia admiradora, y que el profesor puntuara con buenos ojos.

DAI II era como empezar de cero. El primer trimestre fue extraño, en algunas asignaturas me pasee como César por la Galia, y en otras, el varapalo (común, no sólo mío) fue de órdago.

No sé en qué momento se torció todo…

  • Quizás me he dado cuenta que la informática no me interesa nada.
  • Quizás estoy empezando a asumir que NADA me importa en absoluto excepto escribir.(Algo que tampoco hago tanto como creo que debería).

El caso es que hay que entregar un proyecto final. Seria mentira decir que no le he dedicado horas, quizás tantas como él que más. Pero han sido completamente improductivas.

Hago los mismos diagramas una y otra vez, y no ya por perfeccionismo, sino por una mezcla de ignorancia e indiferencia. El CRESI es un lastre.

“Un poco más” me digo. “Un último esfuerzo”.

Pero soy capaz de pasarme horas enteras sin avanzar nada… Y curiosamente (y alarmantemente) no me provoca ninguna reacción.

Como si no fuera conmigo.

No tengo con esta catástrofe que se avecina, la impresión haber echado a perder este año, o “mi vida”; seguramente porqué a lo largo de mi existencia, ya he tirado cursos y años inútiles por la borda.

El error es otro. El error es que si tuviera la misma confianza en mí mismo, en mi talento escritoril, que algunas personas que me importan, sería lo suficientemente valiente para barrerlo todo y centrarme únicamente en escribir.

  • Aunque nadie me leyese.
  • Aunque nunca publicara un solo texto.
  • Aunque me muriera de hambre y fuese incapaz de “ganarme la vida”

¿Qué importancia tiene eso? La gente, el dinero, la vida…. ¿Qué importa eso?

Escribir, mi obra,… eso es lo único que en verdad “he venido a hacer”

¿Entonces?

No hay otro remedio que reconocer la propia cobardía. Y eso sí, que me resulta doloroso.

Leo Bennacker
(Confesiones ante el abismo)

Read Full Post »