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Posts Tagged ‘aventuras’

Soy un tipo de rutinas. Cuando voy a echar gasolina al coche, me detengo siempre en el mismo surtidor, y desde que me hice con la tarjeta de puntos Club CEPSA –hará un par de años ya- voy, casi exclusivamente, a la misma estación de servicio.

Cepsa

La estación está situada a la entrada de Tordera, en la nacional II.

Hace unas semanas, al detenerme frente al surtidor, marcar la cantidad y sacar el dispensador, una voz celestial me advirtió que ese surtidor funcionaba ahora en modo “prepago”. Antes de llenar, paga.

Es un estilo de autoservicio que funciona en muchas otras gasolineras, así la gente no se va sin pagar.

Fue una pequeña revolución en mis hábitos, pero me conformé.

Ayer fui a llenar el depósito del Peugeot 205 de color rojo (es el vehículo que me ha sido asignado, desde que mi padre conduce exclusivamente su rimbombante 4×4 (la marca del 4×4 es el nombre de la asistenta y confidente de Madame Butterfly –consulta Google en caso de curiosidad-). Había bastante gente alimentando sus vehículos. Me situé en “mi” surtidor, justo detrás de un vehículo marca Audi A4

(nota: a mi los coches y sus marcas no me interesan, me resbala el tema, pero para exponer lo que pretendo, debo haceros partícipes de los detalles técnicos).

El buen hombre del Audi A4 azul oscuro, estaba llenando ya. Mientras el tipo mantenía la manguera enchufada al vehículo yo rebusque el dinero y la dichosa tarjeta de puntos –que se presenta al pagar, y por la que acumulas puntos a cambiar por idioteces-. El hombre estuvo un buen rato. Luego, colgó el dispensador, y se fue hacia dentro a pagar.

¿A pagar?

– Vaya –recuerdo que me dije-, han quitado el modo de prepago.

El tipo del Audi A4 salió, se metió en su vehículo, arrancó y se fue. Avancé con mi Peugeot 205. Me detuve. Baje. Abrí el tapón. Marqué la cantidad. Saqué el dispensador y…

– Este surtidor está en modo prepago. Pase por caja primero…

Me dirigí a la caja con la mosca tras la oreja. Me olía lo que pasaba pero no quería pensarlo.

– Así que ahora es de prepago –dije

– Sí. Así la gente no se va…

– A veces es de prepago y a veces no –apunté, mirándolo a los ojos.

– El 1 y el 3 son de prepago, son los que quedan más lejos de la caja…

– Pues yo siempre voy al 1, costumbre…

Y entonces, el tipo se traicionó.

– A veces lo abrimos, si vemos… si conocemos…

¿Hace más de tres años que vengo, mínimo una vez a la semana, y no me conoces, carcamal?

Por abrir, es evidente, se refiere a que –desde la caja- pueden bloquear o desbloquear el prepago del surtidor.

Y la conclusión es que si llegas con un coche de gama alta, por ejemplo un Audi A4 y vistes traje y corbata, encuentras el surtidor dispuesto a servirte.

Si llegas con un Peugeot 205 cubierto de polvo (hace tiempo que no llueve, y yo ahorro agua) te encuentras el mismo surtidor en prepago.

Bueno es saberlo, ¿no?

El tipo se dio cuenta de lo que estaba pensado, y me regalo un bolígrafo de publicidad. Por orgullo debí rechazarlo, pero mi tendencia con el caballo regalado es no mirarle el dentado, así que me lo “embolsillé”.

Pero me sentí Lisa Simpson.

Me refiero al episodio en que una nueva alumna llega al colegio, es tan inteligente –o más- que ella, lo que las convierte en rivales. Cuando Lisa Simpson visita su familia, y el padre le propone jugar a los palíndromos. Lisa resuelve uno simple, y el padre le dice:

– Mira, ¿quieres esta pelota? La puedes hacer botar.

– ¿Quiere un bolígrafo de publicidad?

¬_¬

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Tengo, aquí delante mientras escribo, los cuatro volúmenes de ANA KARENINA de Tolstoi sacados de la biblioteca.

Es una edición de 1933.

Un trabajo de traducción directo, del ruso al català, de Andreu Nin.

Por primera vez en mi vida el libro como objeto me ha conmovido. No esa sonrisa ante el olor de los libros nuevos; no la emoción de tener en las manos el último de una extensa saga ya leída (el último Holmes, el último Potter); no un libro pedido y esperado durante tiempo. Sino una conmoción histórica.

El qué del libro es lo de menos (Karenina de Tolstoi); el libro en sí tiene trascendencia.

Hay, en una pequeña bolsita de papel en la parte interior de la tapa posterior, la ficha de préstamos. Antes de la era informática los préstamos de la bibliotecas se hacían con fichas (no creo que nadie no lo sepa, y no haya visto nunca una de esas fichas).

De las cuatro fichas, la del volumen I es más nueva; empieza en 1943. Que ya hace años…

Lo más emocionante es ver que el socio número 796 de la biblioteca fue el primero en leer ESTE LIBRO QUE TENGO EN LAS MANOS, se llevó en préstamo el segundo volumen el día 4 de Abril de 1936. 11 días más tarde, se llevó el tercer volumen, y el día 27 de Abril de ese 1936, se llevó el último volumen.

😀

Reseguir la historia lectora así, me ha conmovido.

¿Quien es este socio 796? ¿Vive aún? ¿Hombre o mujer? ¿Qué edad tenía al leerlo? ¿Qué hacía en su día a día? Y lo más importante de todo: ¿Le gustó Ana Karenina?

Leyendo las fichas encuentro otros datos curiosos:

En diciembre de 1949 el libro fue prestado al socio número 36. ¡El socio número 36!

O que en noviembre de 1971 el/la bibliotecario anotó un nombre en lugar del número de lector, pone “Sala”

Es inquietante que entre 1957 y 1971 (14 años) el libro no se prestó ni una vez.

¿Fue quizás apartado por estar escrito en català?

¿Por ser de un autor ruso?

¿Por ser traducido por Nin?

(Recuerdo que durante el franquismo el idioma en que este que escribe piensa, siente y ama, estaba prohibido).

Que me dejo de historias ya, y me voy a leerlo, que de eso se trata (también)

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“Me siento incapaz de concebir una idea; vuestra presencia me ha deslumbrado. Ya no pienso, admiro.”

“Es preciso dudar cuando se quiere ser fiel.”

“Cuando una mujer ama de veras no le es fiel a nadie más que a su amante.”

“Cuando un casamiento no es la suprema felicidad, es casi siempre el supremo dolor.”

“Una mujer, aún cuando no ame a un hombre, no perdona jamás el que otra se lo quite.”

“Mi naturaleza es miserable y desconfío de mí mismo; la felicidad ajena me hace daño.”

“Utilizaréis esa cara de hombre honrado, que por equivocación os dio el cielo, llamando a la puerta.”

“(Mi hermano) siempre tuvo deseos de poseer una corona, hasta el punto que cuando me pongo la mía no aparta los ojos de ella.”

“Cuando se conspira es preciso vencer. La primera condición de la victoria es la decisión, y para que la decisión sea rápida, franca y útil, es necesario estar convencido que se vencerá.”

“Cuando un médico se aparta del enfermo, es porque ya no puede curarle, mientras que cuando un juez deja en paz al acusado es porque ha perdido la esperanza de hacer que le corten la cabeza.”

LA REINA MARGOT

Alejandro Dumas

La podéis leer o guardárosla desde aquí:

http://libros.dominiopublico.es/Alejadro_Dumas/Alejadro%20Dumas%20-%20La%20Reina%20Margot.pdf

La Reina Margot

También hay una, MUY RECOMENDABLE, adaptación al cine con el mismo título, dirigida por Patrice Chéreau (1995). La protagonizan Daniel Auteuil, Vincent Perez, Virna Lisi, Miguel Bose, Asia Argento, y una hechizante Isabelle Adjani en el papel de Margot.

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Ghost in the shell

En mi rincón, allí donde pasan las horas llenas de agonía, hay una ilustración de la película Ghost in the shell. Está pegada a la pared con celo, porque al no estar, la pared, enyesada no se puede clavar chinchetas. Bien, cuando no escribo, cuando tengo dudas sobre escribir, cuando me dejo y me abandono, ese póster se despega. Se despega y se cae.

Cuatro o cinco veces pueden ser meras coincidencias. (O quizás yo dudo siempre). Pero ya van tantas veces, en tantas ocasiones se ha producido a la vez nuestro “derrumbamiento” que no puedo sino, declarar que hay alguna relación causa-efecto.

Y si no la hay, da igual, porque yo creo que sí la hay. Y en eso consiste la fe.

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Quizás estamos sensibles, o el texto tiene más llaves de las que aparente, pero un breve y airado post de Darthpitufina http://darthpitufina.blogspot.com/2007/07/filosofa-de-vida.html

Me hace recapacitar hacia mi propia experiencia con “la masa estúpida”, y la frustrante lucidez de la expresión A nadie le importa lo que eres, realmente. No quieren saber tus deseos, tus aspiraciones, tus pretensiones. Sólo saben ver lo que ellos creen que eres.”

Como ahorcador de textos propios en la red, se me acerca un humilde pero ¿sincero? grupo de lector@s. Algun@s se afanan en leerme, hasta encontrar por ahí mi MSN. Está demostrado que una vez me agregan al MSN dejan automáticamente de leerme.

Esto se debe, creo yo, a que la gente agrega people al MSN como los cazadores de antaño colgaban cabezas en el salón. Los tienen ahí para admirarlos.

También se debe al egoísmo humano.

Cuando uno escribe, narra sus filias y fobias con mucha más sinceridad que las respuestas que pueda dar a las sucias y tópicas preguntas de un chat. Pero leer un texto de alguien, es ser UN@ de los posibles lectores, y eso a la masa estúpida que te agrega al MSN y que no te lee, no le gusta. Si te agregan no es porque les guste lo que escribes sino que, en el fondo, lo que quieren es aislarte y que ESCRIBAS SÓLO PARA ELLOS.

A menudo preguntan qué escribes, en lugar de leerlo.

Ya no tienen tiempo para leerte, pero quieren, y a veces se empeñan hasta volverse molestos, en saber quehaceres cuotidianos de tu vida o banalidades como el color de los ojos.

Quiero conocerte más, dicen.

Pues léeme, y no preguntes.

A las preguntas puedo mentirte, pero en lo que escribo no. (Otra cosa será que el texto no sea real, pero nunca será mentira).

Mención aparte aquella gente que te agrega y que luego nunca te dirige la palabra. (¿?). Y si cometes el error de iniciar la conversación tú, su respuesta será, invariablemente:

-¿Quién eres?

¬¬ Me agregaste tú, besugo.

Todo ello se debe, en el fondo, a la simple necesidad de sentirnos especiales para alguien. Y acaparamos gente en nuestras vidas cómo quien coge rehenes. Esto nace de la seguridad que sabemos, aunque no queramos asumir, que la gente que nos rodea –física o virtualmente-, puede desaparecer y abandonarnos de un día para otro. Y los que prometen que nunca lo harán, son los que de forma más inexplicable desaparecerán.

Enfadarse por ello es tan ridículo como enfadarse porque amanece. Te puede disgustar o te puede doler, pero no vale la pena amargarse por ello, la gente va y viene, y punto.

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(Jojo, la de gente rara que Google va enviar hacía aquí 😉

JodieFoster_TaxiDriver

Jodie Foster en TAXI DRIVER.

Ayer realicé un viaje desde Cassà de la Selva hasta Tordera. La distancia entre los dos pueblos es de unos 35 kilómetros. Conté 9 prostitutas. Lo que hace una media de una prostituta cada 3 kilómetros 888 metros.

Francamente creo que es poco. No sólo hay que tener en cuenta la densidad del tráfico de esas carreteras, sino que, yendo hacia Girona, uno se encuentra con el holocausto ecológico que el AVE está produciendo 😦, hay decenas de operarios esparcidos por las obras.

Cada prostituta cuenta, en su arcén de trabajo, con su silla de jardín, de un plástico barato y colorido. Muchas ocupan su tiempo leyendo, algunas incluso libros. Llevaban poca ropa y gafas de sol (lo que me hace pensar en los anuncios de D&G o cualquier otra macro empresa de la moda que vive de vender colonias). La mayoría están, aparentemente, abandonas bajo el pinar. Si uno se fija pero, a veces, ve un coche a la sombra, con las ventanillas bajadas y un tipo dentro, con las manos tras la nuca, viendo pasar las horas.


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Hoy he salido de casa a las 14:40. Tenía cita a las 15:00 en el taller mecánico; bueno, yo no, el coche. Nada grave, rutina kilométrica. Había pedido hora por la mañana. He llamado dando mi nombre oficial. Me suena extraño cuando me oigo decirlo. Me molesta, es cierto.

A las 15:00 en punto se ha levantado la puerta. Yo estaba allí, apoyando contra el coche, con un libro en las manos. Me ha dicho que ya podía entrarlo. Le he pedido al empleado que lo hiciera él. Tengo pánico al ridículo. A ese ridículo de “virilidad” como no saber entrar un coche en un taller en cuyo suelo hay una zanja de metro y medio en la que si metes el coche ya no lo sacas.

Mientras trabajaba, me he quedado fuera como un padre fumador en la sala de espera de los partos. Leía, o interpretaba el papel de Jess (Gilmore girls…) leyendo. Me atrae ese personaje, quizás ahora más que antes, cuando la comparación con el Peter de HÉROES es inevitable. He releído dos veces la misma página hasta que me he metido en serio en la narración. Estoy leyendo Hammett, “El halcón maltés”. Leo a Sam Spade y veo a Bogart.

También he pedido que lo sacaran. Lo ha hecho. Lo ha dejado arrancado y medio subido sobre la acera. Así, de cualquier viril manera. Me ha dicho que ya estaba. He pensado en encajarle virilmente la mano, pero no ha surgido la oportunidad.

He dado una pequeña vuelta hasta dar con una plaza de aparcamiento a la sombra. He salido con el libro y me he ido a un banco también a la sombra, en un parque infantil vacío. He leído dos capítulos más. Tres en toda la tarde. A las 16:30 tenía que ir a buscar las notas.

A las 16:00 me he levantado del banco y me he metido en el coche. He hecho varías vueltas hasta la biblioteca. He aparcado delante, al sol. 10 minutos, me he dicho. Me he llevado en préstamo los siguientes dvd’s:

  • El sueño eterno” con Bogart y Lauren Bacall
  • Inocencia y juventud” un Hitchcock que empezaba
  • Qué verde era mi valle” película de Ford que FRASIER alquila un día que va al videoclub
  • El gran dictador”, una edición especial (2 dvds) con contenido extra y documentales.

Todo ello se suma a lo que me llevé el pasado lunes de la biblioteca de Malgrat:

  • Matar a un ruiseñor” con Gregory Peck
  • Arsénico por compasión” Cary Grant recomendado por mi bibliotecaria favorita.
  • La gata sobre el tejado de zinc” [caliente] con Paul Newman y Liz Taylor
  • Y “Cayo Largo” Bogart, Bacall y Edward G. Robinson.

He salido a las 16:24.

He llegado al instituto a las 16:36.

Dos compañeros de clase ya estaban ahí, a juzgar por sus vehículos aparcados. He subido arrastrando los pies por unas escaleras sucias y con restos de comida “pica-pica”. Estaban todos en el departamento. He saludo en general y sin mirar a nadie. Me han dado la hoja con las notas. Las he mirado pero no las he visto. El mejor profesor que he tenido en toda mi vida se ha percatado delante de mí que ha habido un descuido con las asignaturas que ya tenía convalidadas, pues las notas ahí no aparecen. Me ha dicho que tengo que volver el lunes, por la mañana, a secretaria. Aún así la tutora me ha firmado la hoja. ¿Por qué las ha firmado delante de mí? ¿Acaso creía que iba a pensar que usa una máquina para firmar autógrafos como Geena Davis en SRA PRESIDENTA?

Me he situado en un rincón, con la espalda pegada a un armario, procurando pasar desapercibido. No sabía muy bien qué demonios hacía yo allí. 3 de los 4 profesores se han acercado para hacerme notar que he aprobado el CRESI (el proyecto final), he vuelto a mirar la hoja por respeto y me he fijado en la penosa nota. Una de esas hipocresías finales, puntuada alta adrede para que no destaque con las otras notas (altas: 7,8,9). Me ha parecido penoso. Pero ellos esperaban algún tipo de reacción favorable. Como una tía lejana que trae un regalo un sobrino que apenas conoce. He intentado una tímida sonrisa, pero creo que sólo me ha salido una mueca de asco. “¿A qué es mejor ahora que te lo has sacado de encima?” me ha preguntado mi tutora del proyecto, morena de solarium, con una pulsera en el tobillo, y un piercing discreto en la nariz.

No sentía ninguna satisfacción.

Y haber aprobado tampoco ha sido ninguna sorpresa. Esperaba un 5, un 6 me hubiera parecido ya patético por su parte, pero la nota que me han puesto es aún más alta. Lo dicho, para que no destaque, se ha equiparado a la media.

He dicho que sí, para que se relajaran. “Qué bonito jersey que me has traído, tía Enriqueta”.

Me han preguntado qué haría ahora.

Como si tuviera alguna idea de algo.

Como si hubiera alguna seguridad que al salir de allí, o mañana, no iba a tirarme por el puente.

El “no lo sé” me ha salido sólo. Mientras, pensaba que quería irme de allí. No estaba a disgusto, ni molesto, pero aquello me aburría. Han transcurrido varios minutos en que los han dedicado a mis compañeros. A los que yo veía lejanos, como si me hubiese equivocado de clase, y sólo compartiéramos profesores. Ha llegado el último compañero. He mirado el reloj. Qué sopor. Aún han pasado varios minutos. Largos y aburridos. Yo miraba la puerta y el pasillo y no hablaba con nadie. ¿Acaso tenía algo que decir? Estábamos todos allí, en un peculiar circulo humano de buenas caras y charlas banales, en un departamento de informática. El cubo de basura estaba lleno, y lo que no cabía, papeles y cartones, se había embutido en una caja cercana. Al final, un profesor ha propuesto ir a tomar un café. “Si ¿no?”, han dicho. Hemos ido saliendo. Miruru que bajaba detrás de mí, me hablaba. No a mí, es decir, no me decía nada concreto ni particular a mí, sino que hablando en voz alta buscaba mi complicidad. No he sabido que decir. Sólo aquella sensación de vacío, de estar donde no debía. Al salir, se ha acercado hasta su coche para dejar unos libros, yo me he dirigido al mío.

-¿Te vas?

-Sí.

Y me he ido.

“A la francesa” como dicen en Tintín. Sin despedidas, sin saludos, sin encajadas, sin buenos deseos, sin agradecimientos,… Antes era capaz de estas cosas. Ahora ya no.

Al llegar a casa, he merendado algo. Mi madre ha adivinado que había ido a buscar las notas. Por mi aspecto ha pensado que no han ido bien. He tenido que decir que no, que bien, que como siempre. Pero hasta que no las vea, no estará tranquila, pero tampoco me las pedirá jamás.

Ella quería ir a comprar con mi padre, pero antes, estaba viendo el final de una telenovela. Me he quedado con ella en el sofá. Aparecía una chica llamada Iluminada que charlaba con una señora a la que llamaba Doña Perfecta, y ese parecía ser su nombre real. He recordado mi llamada al taller, dando mi nombre:

-Iluminado Perfecto.

Cuando se ha ido, antes que se hubiera acabo la novela, porque mi madre es una mártir y se autosacrifica siempre, incluso cuando no hace falta. Mi padre no tenía prisa alguna, hubiera podido acabar de ver la telenovela en paz. Pero no, ella es así. Y qué yo se la grabase, “ni hablar”. Como si lo suyo no fuera “digno” de ser grabado. Cuando se ha ido, he dejado que terminase la novela, y he visto el final de “La noche de los muertos vivientes”. Me ha gustado el final. Es lo mejor del film, que por otra parte parece un especial de “Bricomanía” en blanco y negro (ya que se pasan la película clavando tablones en las puertas y ventanas y moviendo y desmontando muebles). Me ha gustado más que “La matanza de Texas”, aunque no sé cual de las dos me parece más mala, quizás la matanza, porque encima es machista. De los muertos vivientes también me gusta que el último que queda vivo sea el hombre negro. La película es del 1968, y ayer vi “Matar un ruiseñor” que es del 1962 (aunque se sitúa antes) donde el hombre negro es juzgado y sentenciado por una localidad donde imperan códigos racistas.

Al acabar, he fichado la peli en mi libreta de pelis vistas. Es la número 45 del año, y la que hace el número 1.040 desde que empecé a anotar películas, el día de año nuevo del 2000.

Luego he puesto música de Jacques Brel y he escrito el primer texto de 400 palabras para el blog “Los 400 golpes” que he creado en GrupoBuho. Nadie comprobará nunca que sean, realmente, 400 palabras y ni una más. Pero he retocado el texto hasta dejarlo en 400 palabras exactas.

Leo Benacker

15/6/2007

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