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Posts Tagged ‘verdades’

El documental Schwestern im Leben (Germanes en la vida / Hermanas en la vida) es peculiar: Reúne a tres actrices escandinavas, conocidas, amigas entre sí y compañeras de rodaje en más de una ocasión.

Liv Ullman http://us.imdb.com/name/nm0880521/

Bibi Andersson http://us.imdb.com/name/nm0000761/

Ghita Norby http://us.imdb.com/name/nm0639152/

Liv Ullman / Bibi Andersson / Ghita Norby

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Bajo una ventada peligrosa, las tres mujeres ponen sobre la mesa de madera de una casita cerca del mar, recuerdos de su vida: fotografías de su juventud, de sus padres, y reflexionan –aparentemente con absoluta sinceridad y ajenas a la cámara- acerca de sus vidas, sus ilusiones de juventud, sus filmografías,…

Pasean por el puerto, deambulan por la casa, o van a comprar cuatro cosas para preparar una cena de circunstancias, y hablan de los tabú de su juventud y el sexo, cómo ha evolucionado su creencia en el amor, y sus puntos de vista respecto a la muerte.

El cineasta sueco Ingmar Bergman, seria el cuarto personaje del documental. No aparece, pero se le menciona con frecuencia (imposible no hacerlo teniendo en cuenta su presencia en el cine escandinavo y las relaciones personales y profesionales que el de Uppsala tuvo con las actrices).

Este no es un documental que cotilleé en la vida de las actrices. Ni aporta secretos del rodaje de las películas que las hicieron populares. Son las impresiones de tres mujeres maduras que han dedicado su vida al arte del cine, que comparten similitudes de origen, de intereses profesionales y diferentes métodos ante la cámara. Es un documental de tres amigas.

Hermanas en la vida

Schwestern im Leben

http://us.imdb.com/title/tt0967544/

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Los textos que escribo, los libros que leo, las películas que veo, la gente con la que me cruzo. Todo es vacío para mí.

A mi no me gusta conocer gente. No me gusta la gente. Soy antisocial. Creo que preferiría ser conocido. Mejor dicho, que mi obra fuera conocida. Porque no soy otra cosa que mi obra. Es lo que hay, soy lo que escribo. Y nada más.

Intenta darme una prueba de lo contrario, si puedes.

Yo estoy solo. No porque quiera, pues quisiera todo lo contrario -uno siempre desea lo que no puede tener-. Yo estoy solo porque me alejo de la gente. El 99,99% de las personas con las que he topado me incomodan; siento que me hacen perder el tiempo y no me aportan nada. Me distraen durante un rato, pero enseguida me hastío. Para estar a disgusto, no estoy.

Y no estoy nunca, ¿verdad?

Tampoco tengo amistades. Y si resulta que tengo, no quiero traicionarlas afirmando que lo son.

No suelo dar portazos, si te apetece acercarte, me encontrarás con los brazos abiertos; también lo estarán cuando decidas irte. No intentaré seguir a ningún conejo con chistera. La gente va y viene, mientras la vida se agota. Y la mía se agota más deprisa que la de los demás porque no hago nada con ella.

Dijo Marguerite Duras: “Mi vida empezó demasiado pronto a ser demasiado tarde”.

Ya está dicho, pues.

No existo sino escribo, y escribo por necesidad. Igual que respiro. Intentar no hacerlo supone grandes esfuerzos y dolorosas consecuencias.

Quiero que me lean.

No que finjan leerme para intentar conocerme. Creen que hay un misterio donde no lo hay, buscan cruzar mis textos para llegar a mí. Pero cuando cruzas mis textos, al otro lado, no hay nada. No hay un mago detrás de las cortinas, sólo hay la cortina roja sangre en una habitación de atmósfera asfixiante. Y un enano que habla al revés.

Las palabras solo son combinaciones de letras. En una cucharada de sopa de letras leo amor, y leo asco, y leo kxjw, que como tantas otras combinaciones de letras, no significan nada.

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Hoy, sacando el cristal del portarretratos para razones que ahora no viene al caso, ha caído de atrás, una fotografía que no recordaba de su existencia. Una fotografía mía, una fotografía de la comunión.

Eso no tendría más qué, si en mi mundo no hubiese prácticamente fotos mías. Ni tengo, ni me hago, ni quiero aparecer en ellas. Es demasiado doloroso.

En la susodicha foto hay un criado que no conozco. Escuálido con ropa fea y ancha que nunca más se volvió a poner; ojos enormes sin gafas, y cejas que casi rozan el flequillo de un peinado casco sin patillas. Tiene un rostro pálido, lampiño, limpio. Lo veo triste. Ojos apagados, grandes, oscuros, dolientes. La ceguera ya había empezado pero yo aún no lo había querido reconocer.

El de esa foto no soy yo. Ese niño ya no existe. Quizás nunca existió, pero está ahí, en la foto, como un fantasma. Como el hermano pequeño muerto. Ese del que no se debe hablar.

Ha sido una experiencia dolorosa.

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Ayer mi mascota perruna me mordió.

Según Steve Irvin (El cazador de cocodrilos) un animal sólo te ataca si haces algo que no debes con, o cerca, de él. Un perro no es un cocodrilo ni un arbusto con pinchos, así que estar sentado a la sombra en el patio acariciando su lomo no me pareció peligroso.

A Fuica (que así llamó yo a la chica) se le forman unos lagrimones bajo los ojos, y me pareció oportuno, mientras acariciaba su barbilla, quitárselos con un simple desliz del pulgar (maniobra que he realizado en otras muchas ocasiones). No mostró en ningún momento arrugamiento del morro, gruñidos graves, ni exhibición de dientes (de haber sido así, hubiese quitado las manos con delicadeza), sino que en un movimiento tan veloz que ni vi, me hincó el diente.

Esta fue la tercera vez en unos 6 años que me muerde, hasta ahora el incidente no había ido más allá de un leve desgarramiento de la piel de algún dedo. Algo que con una tirita y unos días, dejaban el dedo como nuevo. Pero la muyjodia, me pillo la uña del pulgar izquierdo.

Ver sangrar una uña es alarmante, uno ve y nota como la sangre no sólo fluye hacia fuera, sino hacia dentro, y se acumula bajo la uña.

(No me recrearé en detalles porque hablamos de MÍ uña)

Hace muchos años me pille el dedo, ese mismo, con la puerta del coche. Fue, que yo pueda recordar, mucho más lagrimoso y doloroso que el incidente de ayer. No recuerdo el aspecto de la uña, sólo los llantos. Cuando uno es pequeño, e inocente, simplemente llora. Cuando uno se hace mayor, quizás ya no llora por ver su propia sangre, pero se angustia mucho más. Y ser un aprensivo hipocondríaco fan de Monk y de Woody Allen, no ayuda.

Tampoco ayuda haber visto el making off del documental LOS MISTERIOS DEL NILO, de Jordi Llompart, donde un portador se le atrofia un dedo, y el jefe de la expedición, un Indina Jones con pinta de Eduald Carbonell, le recomienda correr al médico y “deshacerse de él, antes que perder toda la mano”.

Tal pensamiento me hizo rememorar una de las frases inmortales de la historia de la tele, cuando T-Bag se planta ante el veterinario y dice: “La mano…se está muriendo

Esto, en la soledad de mi ser, no tiene nada de chistoso ni de ingenioso, al contrario, es un dramatismo esperpéntico. Desde siempre, cualquier rasguño, corte o herida en las manos o en los dedos me aterra hasta niveles de preferir el suicido.

Obviamente ayer por la tarde fui incapaz de usar la mano. Creía sentir como la sangre se acumulaba en el dedo y me veía en una consulta donde un médico de urgencias (ninguno de la tele, porque por razones obvias no veo series de médicos) hacía un leve –pero doloroso- corte ¡en la uña! para que la sangre acumulada pudiera salir. Y yo me desmayaba (pero eso no lo escribiré, porque pareceré un nenaza… ¡ouc!).

Por la noche el dolor había menguado, pero seguía notando el dedo embutido. En el MSN, Alhy, me hablo de gangrena y amputaciones. ¬¬ gracias, maja.

Lo único que me animé un poco fue un episodio de Rescue Me (serie de la que hablaré pronto), y en especial su opening, que me tiene completamente enamorado, os lo dejo aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=qEDhE00oGAY

Esta noche he tenido una pesadilla relacionada con el dedo. Me llegaba la factura del hospital (¿?). Era una hoja de fondo azul cielo, con cabecera verde claro y blanco. El total del coste ascendía a 404,48€ y esto me ha aterrado más aún que el dolor del dedo, lo cual debe indicar que ya me encuentro mejor.

Leo Bennacker

Mordiscos & Dolor

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Me siento perfectamente identificado con estas expresiones típicas de la vocación de artista que desgrana Thomas Mann:

Dificultades, pereza, la lastimosa indefinición de los comienzos, el no encajar en ningún esquema, el “pero bueno, qué es lo que quieres”, el semiindolente vegetar de un profundo bohemismo social y mental, el rechazar -con un sentimiento de soberbia, de creerse mejor- cualquier ocupación razonable y honesta (…)

¿Por razón de qué?

Por razón de una indefinida sensación de estar predestinado para algo innombrable, para algo que si se nombrase -de tener nombre- la gente se echaría a reír. Unido todo ello a la mala conciencia, al sentimiento de culpabilidad, a la ira contra el mundo, al instinto revolucionario, a la inconsciente acumulación de explosivos deseos compensatorios, a la tensa conciencia de tener que justificarse, que mostrar…

Lo inquietante es que Thomas Mann se refería con estas palabras a Hitler.

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Quizás estamos sensibles, o el texto tiene más llaves de las que aparente, pero un breve y airado post de Darthpitufina http://darthpitufina.blogspot.com/2007/07/filosofa-de-vida.html

Me hace recapacitar hacia mi propia experiencia con “la masa estúpida”, y la frustrante lucidez de la expresión A nadie le importa lo que eres, realmente. No quieren saber tus deseos, tus aspiraciones, tus pretensiones. Sólo saben ver lo que ellos creen que eres.”

Como ahorcador de textos propios en la red, se me acerca un humilde pero ¿sincero? grupo de lector@s. Algun@s se afanan en leerme, hasta encontrar por ahí mi MSN. Está demostrado que una vez me agregan al MSN dejan automáticamente de leerme.

Esto se debe, creo yo, a que la gente agrega people al MSN como los cazadores de antaño colgaban cabezas en el salón. Los tienen ahí para admirarlos.

También se debe al egoísmo humano.

Cuando uno escribe, narra sus filias y fobias con mucha más sinceridad que las respuestas que pueda dar a las sucias y tópicas preguntas de un chat. Pero leer un texto de alguien, es ser UN@ de los posibles lectores, y eso a la masa estúpida que te agrega al MSN y que no te lee, no le gusta. Si te agregan no es porque les guste lo que escribes sino que, en el fondo, lo que quieren es aislarte y que ESCRIBAS SÓLO PARA ELLOS.

A menudo preguntan qué escribes, en lugar de leerlo.

Ya no tienen tiempo para leerte, pero quieren, y a veces se empeñan hasta volverse molestos, en saber quehaceres cuotidianos de tu vida o banalidades como el color de los ojos.

Quiero conocerte más, dicen.

Pues léeme, y no preguntes.

A las preguntas puedo mentirte, pero en lo que escribo no. (Otra cosa será que el texto no sea real, pero nunca será mentira).

Mención aparte aquella gente que te agrega y que luego nunca te dirige la palabra. (¿?). Y si cometes el error de iniciar la conversación tú, su respuesta será, invariablemente:

-¿Quién eres?

¬¬ Me agregaste tú, besugo.

Todo ello se debe, en el fondo, a la simple necesidad de sentirnos especiales para alguien. Y acaparamos gente en nuestras vidas cómo quien coge rehenes. Esto nace de la seguridad que sabemos, aunque no queramos asumir, que la gente que nos rodea –física o virtualmente-, puede desaparecer y abandonarnos de un día para otro. Y los que prometen que nunca lo harán, son los que de forma más inexplicable desaparecerán.

Enfadarse por ello es tan ridículo como enfadarse porque amanece. Te puede disgustar o te puede doler, pero no vale la pena amargarse por ello, la gente va y viene, y punto.

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La verdad de mi vida humana

Hasta ahora habías circulado por las vías sin fijarte demasiado en el paisaje, ni en el nombre de lo que ibas dejando atrás. Eras un ser humano, uno de esos microbios que abundan el planeta, sin nada en particular visto desde lejos. Si había que ir, ibas. Si tenías que hacer, hacías. Si había que creer, creías.

Veinte años ya son algunos años; aunque los primeros siempre parecen menos.

Tu ignorancia te aportaba seguridad. Una oveja en clase, mediocre y discreto. Poco que decir en las observaciones. Familia y hogar. Juegos y amigos. Novietas y estudios. Tan tediosa era tu vida, como lo era la de mil más de tus conciudadanos. Y todo ello siendo único, especial e irrepetible. Pero esos adjetivos, aplicados también a los demás, quitan el brillo que de entrada tenían.

Y de repente, una sombra de duda. Una curiosidad y una buena biblioteca. Delante de un estante repleto de libros que no lograrás acabar jamás, empezaste a darte cuenta de que el mundo ya había sido vivido, escrito, analizado, amado y sufrido.

Que la gente va y viene: te ama para siempre y desaparece sin dejar rastro de repente. Que todos van muriendo, y no siempre los ancianos van a la fosa primero. Que todo renace y es nuevo, siendo otra vez lo mismo. Que lo justo no siempre es bueno, y que lo malo siempre puede ser peor. Que la verdad es poderosamente dolorosa y que la lucidez no ha hecho feliz a nadie. Extrañas reflexiones.

Dudas y preguntas. Hasta descorrer la cortina y contemplar el abismo del descarrilamiento. Que no eres nada, y no lo serás. Que se vive de ilusiones y sueños, pero se ha de tragar comida y copular con cuerpos. Que la soledad y el silencio hacen daño que no se cura con reposo y medicinas. Que no existe tu destino, ni ningún Dios superior. Que naces de carambola y mueres porque todo perece. Y que la vida, la única, especial e irrepetible, no tiene objetivo alguno. No hay nada de lo que te han enseñado que hay que hacer, que realmente haya que hacerlo para “vivir”.

¿Entonces qué?

Entonces nada.

Y es en este vacío, en este caos, donde todo es frágil y se lucha con egoísmo por la supervivencia en que debes vivir. Y ahora que lo ves, ahora que la venda se te ha caído de los ojos, esa misma lucidez te tortura. Y anhelas el pasado, un tiempo reinventado a mejor, y echas de menos los que se fueron y los que ya no pueden volver. Como te echaran de menos a ti también, un breve periodo de tiempo mullido, cuando te vayas para no volver. Y ese día no llegará en sí mismo, sino que, en parte, ya te estás yendo ahora. Poco a poco, ¿verdad?

Leo Bennacker

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