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Archive for 28 enero 2008


Los textos que escribo, los libros que leo, las películas que veo, la gente con la que me cruzo. Todo es vacío para mí.

A mi no me gusta conocer gente. No me gusta la gente. Soy antisocial. Creo que preferiría ser conocido. Mejor dicho, que mi obra fuera conocida. Porque no soy otra cosa que mi obra. Es lo que hay, soy lo que escribo. Y nada más.

Intenta darme una prueba de lo contrario, si puedes.

Yo estoy solo. No porque quiera, pues quisiera todo lo contrario -uno siempre desea lo que no puede tener-. Yo estoy solo porque me alejo de la gente. El 99,99% de las personas con las que he topado me incomodan; siento que me hacen perder el tiempo y no me aportan nada. Me distraen durante un rato, pero enseguida me hastío. Para estar a disgusto, no estoy.

Y no estoy nunca, ¿verdad?

Tampoco tengo amistades. Y si resulta que tengo, no quiero traicionarlas afirmando que lo son.

No suelo dar portazos, si te apetece acercarte, me encontrarás con los brazos abiertos; también lo estarán cuando decidas irte. No intentaré seguir a ningún conejo con chistera. La gente va y viene, mientras la vida se agota. Y la mía se agota más deprisa que la de los demás porque no hago nada con ella.

Dijo Marguerite Duras: “Mi vida empezó demasiado pronto a ser demasiado tarde”.

Ya está dicho, pues.

No existo sino escribo, y escribo por necesidad. Igual que respiro. Intentar no hacerlo supone grandes esfuerzos y dolorosas consecuencias.

Quiero que me lean.

No que finjan leerme para intentar conocerme. Creen que hay un misterio donde no lo hay, buscan cruzar mis textos para llegar a mí. Pero cuando cruzas mis textos, al otro lado, no hay nada. No hay un mago detrás de las cortinas, sólo hay la cortina roja sangre en una habitación de atmósfera asfixiante. Y un enano que habla al revés.

Las palabras solo son combinaciones de letras. En una cucharada de sopa de letras leo amor, y leo asco, y leo kxjw, que como tantas otras combinaciones de letras, no significan nada.

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Harry Potter y la cámara secreta

(2002) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

La segunda película de la saga la vi, para mi desgracia, por televisión. En un canal que no ofrecía la posibilidad de verla en versión original. No es que sea un quisquilloso de la V.O.S, pero aquí el trabajo de los dobladores de dos personajes (Hermione y muy especial Ron) es simplemente NEFASTO.

La voz de Ron parece la de un atontado cansino. Inexpresivo y molesto.

La historia, la más floja de la saga, no se salva en la película, que tan sólo toca los nudos importantes por encima. Todo queda bajo la impresión de estar sujeto por la fama de los libros o por la propia corriente de Harry Potter como marca a vender.

Actores

De los nuevos, dos sonrisas:

Kenneth Branagh, nos ofrece una simpática e histriónica personificación de Lockhart, el fantoche guaperas; brilla en especial en el duelo contra Snape. Un buen actor que cumple, sin aparente esfuerzo, con su personaje, reducido en la película a un papel bastante secundario.

Dobby. Pues sí. No soy muy propenso a los monigotes creados por ordenador, y sinceramente me esperaba un esbirro mal diseñado de obligada aparición, pero reconozco que tiene su personalidad bien definida y resulta consistente.

De los nuevos, cosas raras:

Lucius Malfoy

Lucius Malfoy parece sacado de un disco de Rhapsody o Hammerfall. Una guitarra eléctrica o un bajo le serían más normales en sus manos que la varita o el bastón de alta nobleza que lleva.

Los padres de Ron. Extraños los dos. Me esperaba un señor Weasley más gordito, más calvo y más humano; queda reducido a un mero funcionario con apenas dos frases. A la madre Weasley le falta, precisamente, la maternidad. No convence como madre de su prole y casi adoptiva madre de Harry.

Los conocidos:

El trío maravilla: Harry-Hermione-Ron

Los tres demuestran tener más controlado su personaje y se mimetizan más con él. Aquí ya sí que Daniel, Emma y Rupert son –respectivamente-, Harry, Hermione, y Ron.

Snape. Hay dos o tres momentos, en que ese fenómeno llamado Alan Rickman devora la pantalla con su verborrea. Una fuerza extraordinaria te desvía la mirada cuando aparecen “los profesores”, y lo buscas, y te das cuenta que por encima de lo que ocurre, estás buscando –y esperando-, la frase, el rostro de Snape.

Dumbledore. Sigo en mis trece y no bajo de mi burro. Richard Harris no me convence.

Fred y George (muy creciditos los dos) quedan reducidos a penas dos momentos, y su rutilante –y en el futuro odioso- hermano Percy, completamente eclipsado.

A diferencia del libro, en las dos películas que llevo de Harry, percibo que el actor que encarna a Draco grita por salir, por tener más protagonismo y para regodearse en su maldad –es lo que hacen los malos-, pero la camisa de fuerza que le impone la autora, le impide explotar. Su peinado no se altera ni cuando se estampa contra el suelo del campo de quidditch.

Hablemos de Ginny

Cuando el personaje protagonista del núcleo de la historia apenas aparece, apenas tiene texto, y su mayor logro es despertarse tras un desmayo y confesar haber sido manipulada, ni la mejor actriz podría lograr darle demasiada vida. Ginny está porque debe estar. Y la actriz –sin parecer una Weasley-, dice lo que debe decir. Sin que su actuación nos diga nada.

¿Y Tom Riddle?

Surgido de las páginas –literal- del diario. Tom es un tipo sin personalidad alguna. En la saga no será hasta dos o tres libros más tarde –y muchas sesiones de pensadero- en que nos encontraremos con la amplitud –y complejidad-, del chico que de mayor será Lord Voldemort.

Instantes flojos:

El coche volador. Hay mucha diferencia entre leer acerca del vuelo en el coche, y ver –lo ridículo, y casi de Mary Poppins- el dichoso coche volador en la pantalla.

Aragog y las arañas. “Sigue a las arañas”, y uno intuye que seguir a una araña es algo muy lento, pero la concentración de arañas que aparecen en la escena, es tan descabellada, que parecen secuencias extra de películas de terror con bichos.

Ese basilisco. La lucha contra la serpiente del water es una parte atrayente de la novela. Aquí, se resuelve con demasiada facilidad y sin que el peligro del bicho llegue a ser palpable.

El mejor momento de la película es la secuencia del club de duelo. Desde que arranca con el enfrentamiento Snape-Lockhart, el posterior Malfoy-Potter, y su final, con los dotes lingüísticos de Harry con el lenguaje de las serpientes.

Snape duel

La impresión final es que ni el más flojo de los libros de la saga encaja bien, y del todo, en su traslado a la gran pantalla. Eso sí, resulta bastante entretenida.

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A Headbanger’s journey

La historia del Heavy Metal (Metal: A Headbanger’s journey) es interesante documental realizado por un antropólogo canadiense y fan del género. Cuenta con aportaciones de sociólogos y críticos musicales, y de algunas leyendas vivas del género como Tony Iommi (Black Sabbath), Bruce Dickinson (Iron Maiden), Lemmy (Motörhead), DIO o Alice Cooper.

También grupos más “nuevos” como Korn, Rage Against the Machine o Slipknot hacen su aportación.

A través de entrevistas a músicos, visitas a festivales, y aportaciones personales de fans, el documental traza la línea desde el nacimiento del género (con variadas influencias: rock, jazz & blues, o la música romántica –y potente- de Beethoven o Wagner) hasta los variados subgéneros (Power, NWoBHM, Glam, Trash, Black, Death, Grunge, Industrial, Nu-metal,…).

arbol genealogico del heavy metal

Como cualquier acercamiento a un ecléctico grupo social, hay algún espécimen de vocabulario reducido a insultos y –cerveza en mano- ganas de dar la nota. Otros, a pesar de la cantidad de cervezas ingeridas a lo largo de su carrera, tienen opiniones de gran lucidez, y verdades como puños, caso de Rob Zombie (que aparece sin maquillaje).

El documental también sirve para desmitificar un poco a Al Gore, el político que parece haber abierto los ojos a muchos sobre el cambio climático, formaba parte de un tribunal –por allá finales de los 80-, que, instigado por un comité de moralistas y puristas (liderados por su esposa) realizó una catalogación de “canciones peligrosas” (por contener referencias sexuales, violentas, satánicas, y demás), la lista incluía clásicos de Judas Priest, WASP,…

El documental contiene imágenes del juicio, y cómo Dee Snider (Twisted Sister) defiende que la interpretación que cada uno haga de una canción es algo muy personal. Y que si la mujer de Gore veía sadomasoquismo y bondage en sus letras era, quizás, porque era lo que deseaba encontrar.

ALTAMENTE RECOMENDABLE

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