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Archive for 29 abril 2008

El Caminante

La obra de Jiro Taniguchi El Caminante no es un manga corriente.

No narra, ni cuenta, sino que muestra a un personaje, del que verbalmente no sabremos ni el nombre, paseando.

Son diecisiete historias, diecisiete paseos que el caminante hace por su barrio. No hay un guión, no hay una trama que se presente, se complique y se resuelva; por no haber, apenas hay diálogos. Hay onomatopeyas, sonidos o ruidos que el caminante oye, y nosotros con él, durante sus apacibles paseos.

Salir a pasear, sin destino, sólo para descubrir dónde lleva esa callejuela, o ir, por el camino más largo, a una librería o al videoclub. Y por el camino, disfrutar del prado en primavera, contemplar a los niños jugar al fútbol en el parque, a las chicas cuchichear en un banco, a parejas cruzar en barca el lago, y oír a los pájaros o cruzarse con un gato silencioso. Y parar a comprar unos caramelos sólo porque nos apetece comerlos, o un juguete (aunque ya no tengamos la edad), o una tarta. Y volver a casa y que nos sorprenda una llovizna, o un sol de justicia.

Cómplice de sus paseos, Nieve, un perro abandonado que el Caminante y su compañera adoptan.

Pese a la aparente vacío de semejante historia, a mi me ha llenado, casi diría que me ha conmovido su simplicidad y su apacibilidad. ¿Quizás por qué yo también salgo a caminar sin objetivo ni destino?

El caminante árbol

“El camino largo” es quizás mi paseo favorito. En él, el Caminante conoce –sin mediar palabra alguna- a un caminante como él. Se crea una simpática competición de adelantamientos. El extraño cruza antes que pase un tren, y a nuestro Caminante se le corta el camino. Cuando el tren ha pasado, su “rival” le espera al otro lado de la vía, y sin mediar palabra siguen “jugando” a seguirse, hasta que el camino hasta la cima da lugar a un bello paisaje, entonces, los dos desconocidos andan juntos, y disfrutan de una compañía y un silencio mutuos.

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The Island of Death es un documental acerca de la batalla por la isla de Iwo Jima. Cuenta con declaraciones de supervivientes (de ambos bandos) y con imágenes de archivo de la isla, y la batalla.

Iwo Jima es un islote sin valor alguno que durante la guerra del Pacífico se convirtió en objetivo americano: desde la isla sería fácil despegar los B29 para bombardear Japón.

Los japoneses que se lo vieron venir, la señalaron como su última defensa. Mucho antes que los aliados pensaran en tomar la isla, varios destacamentos japoneses fueren a prepararla para su defensa. Excavaron centenares de túneles para fortificar, por debajo, una isla que por no tener, no tiene ni agua potable. Si excavar la piedra ya era una tarea titánica, más lo fue cuando los americanos desembarcaron.

Estados Unidos había planeado tomar la islita en cinco días. Tardaron 5 semanas.

Los japoneses eran menos, no tenían refuerzos, no tenían víveres ni agua, y no tenían, por orden expresa de su gobierno, posibilidad de rendirse. Era una batalla pérdida de antemano, y debían luchar hasta el final. La rendición, la deposición de las armas al enemigo, o incluso el suicidio, estaban prohibidos. Debían luchar, y con la lucha, retrasar todo cuanto pudieran el avance aliado.

De la tomadura de la isla por parte americana, hay la famosa fotografía, tomada por Joe Rosenthal, de la bandera en el monte Suribachi, pero eso no significó el final de nada. Los japoneses que habían sobrevivido –bebiendo agua con barro, comiendo gusanos- seguían en los túneles. Para alargar esos víveres, echaban de los túneles a sus compañeros heridos, para que fueran capturados por el enemigo o murieran a su suerte. Los supervivientes cuentan de compañeros suyos que salieron de los túneles manos en alto, dispuestos a rendirse, y del oficial japonés que corría detrás para matarlo por traición. De cómo se escondían de día bajo un montón de cadáveres, y cómo se debatía, en los túneles, cuál era el método más “humano” de rematar a los moribundos (para ahorrar balas, granadas, comida y agua).

Los americanos intentaron hacerlos salir de los túneles con promesas, luego con bombas de humo lanzadas a los agujeros, más tarde con granadas (que a menudo derrumbaban la salida, sepultándolos con vida), y finalmente, echando agua con gasolina que vertían en los agujeros, y que luego prendían con los lanzallamas.

En los noticiarios japoneses, como en los informativos del Tercer Reich, los boletines de guerra eran muy diferentes a la realidad. Los valerosos soldados del emperador luchaban con honor y tenían victorias contra los aliados. Cuando la derrota fue imposible de ocultar, se selló con una “derrota con honor”.

¿Es honor negar a un soldado la posibilidad de rendirse cuando la batalla ya está perdida?

¿Es honor mandarlo a morir a una isla con el único fin de retardar una derrota inevitable?

Los supervivientes, hoy ancianos octogenarios, recuerdan con dolor aquellas vivencias. A su modo, todos honran a sus compañeros y reflexionan sobre lo aterrador que resulta reconocer que todo aquel sufrimiento no sirvió, ni podía servir, para nada. Era imposible mantener Iwo Jima, como era imposible que el VI Ejercito nazi saliera del cerco de Stalingrado.

Las órdenes del alto mando japonés y de Hitler eran igual de locas: prohibido rendirse, morir luchando.

Aún hay unos 10.000 soldados japoneses en Iwo Jima, tirados allí donde murieron. Desaparecido en combate, sin ser devueltos a su casa, con sus familias, cadáveres sin exhumar de una de tantas batallas inútiles ordenadas por fanáticos y sufridas por seres humanos.

Gran trabajo el de este documental.

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La segunda temporada de INUYASHA mejora considerablemente. El grupo de personajes buenos (Miroku, Sango, Shippo) equilibra mejor el peso de la historia cuando no hay una lucha concreta. Con Inuyasha y Kagome solos, la serie flojea.

Mejora también el nuevo opening, y se amplía la galería de secundarios.

Si hay que poner una fecha concreta, la mejora surge el día que al malvado –pero aburrido- Sesshoumaru le da por resucitar una niña humana.

No me gusta porque “un malo” hago algo bueno, sino porque hacer algo “bueno” le provoca la posibilidad de un conflicto. Es un personaje, hasta entonces plano, que se nos hace más complejo.

Miroku, sigue siendo mi favorito.

El gran enigma, para mí, de la serie es cómo se produce el cambio de vestuario de Sango. De todos, Sango es la única que tiene 2 vestidos (el de guerrear y el de paseo). La hemos visto con uno, con otro (incluso desnuda en unos baños termales) pero ¿cómo se cambia? ¿Es como Clark Kent, lo lleva debajo? ¿O como el Suprunaman de ARALE que necesitaba una cabina de teléfonos para cambiarse?

Otro detalle es que la serie tiene el mismo error que SAILOR MOON: ¿Cómo puede ser que una faldita tan corta y la cantidad de saltos, vuelos y caídas, a Kagome nunca se le vean las bragas?

¬¬ Esto no tiene nada que ver con que me agrade Miroku, el monje pervertido.

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