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Archive for the ‘Harry Potter’ Category

En el contenido extra de un DVD de la mini serie MADAME BOVARY (Tim Fywell; 2000) producida por la BBC, encontré publicidad de otra mini serie del canal británico. Una adaptación de la obra DAVID COPPERFIELD, de Charles Dickens.

Viendo el trailer, más por darle al botón que por interés, me topé con un jovencísimo Daniel Radcliffe (Harry Potter).

Daniel Radcliffe jovenzuelo

Aquí lo tenéis, joven, bien ataviado, y quizás algo cabezón, pero con sus recordados ojos azules. Interpreta al personaje de David Copperfield de niño.

Una curiosidad (otra) en el reparto de esta mini serie, es la presencia de la actriz Maggie Smith (años más tarde: la profesora McGonagall de Hogwarts). Os dejo una foto de los dos, junto a otro orondo actor.

Daniel Radcliffe Maggie Smith

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Harry Potter y la cámara secreta

(2002) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

La segunda película de la saga la vi, para mi desgracia, por televisión. En un canal que no ofrecía la posibilidad de verla en versión original. No es que sea un quisquilloso de la V.O.S, pero aquí el trabajo de los dobladores de dos personajes (Hermione y muy especial Ron) es simplemente NEFASTO.

La voz de Ron parece la de un atontado cansino. Inexpresivo y molesto.

La historia, la más floja de la saga, no se salva en la película, que tan sólo toca los nudos importantes por encima. Todo queda bajo la impresión de estar sujeto por la fama de los libros o por la propia corriente de Harry Potter como marca a vender.

Actores

De los nuevos, dos sonrisas:

Kenneth Branagh, nos ofrece una simpática e histriónica personificación de Lockhart, el fantoche guaperas; brilla en especial en el duelo contra Snape. Un buen actor que cumple, sin aparente esfuerzo, con su personaje, reducido en la película a un papel bastante secundario.

Dobby. Pues sí. No soy muy propenso a los monigotes creados por ordenador, y sinceramente me esperaba un esbirro mal diseñado de obligada aparición, pero reconozco que tiene su personalidad bien definida y resulta consistente.

De los nuevos, cosas raras:

Lucius Malfoy

Lucius Malfoy parece sacado de un disco de Rhapsody o Hammerfall. Una guitarra eléctrica o un bajo le serían más normales en sus manos que la varita o el bastón de alta nobleza que lleva.

Los padres de Ron. Extraños los dos. Me esperaba un señor Weasley más gordito, más calvo y más humano; queda reducido a un mero funcionario con apenas dos frases. A la madre Weasley le falta, precisamente, la maternidad. No convence como madre de su prole y casi adoptiva madre de Harry.

Los conocidos:

El trío maravilla: Harry-Hermione-Ron

Los tres demuestran tener más controlado su personaje y se mimetizan más con él. Aquí ya sí que Daniel, Emma y Rupert son –respectivamente-, Harry, Hermione, y Ron.

Snape. Hay dos o tres momentos, en que ese fenómeno llamado Alan Rickman devora la pantalla con su verborrea. Una fuerza extraordinaria te desvía la mirada cuando aparecen “los profesores”, y lo buscas, y te das cuenta que por encima de lo que ocurre, estás buscando –y esperando-, la frase, el rostro de Snape.

Dumbledore. Sigo en mis trece y no bajo de mi burro. Richard Harris no me convence.

Fred y George (muy creciditos los dos) quedan reducidos a penas dos momentos, y su rutilante –y en el futuro odioso- hermano Percy, completamente eclipsado.

A diferencia del libro, en las dos películas que llevo de Harry, percibo que el actor que encarna a Draco grita por salir, por tener más protagonismo y para regodearse en su maldad –es lo que hacen los malos-, pero la camisa de fuerza que le impone la autora, le impide explotar. Su peinado no se altera ni cuando se estampa contra el suelo del campo de quidditch.

Hablemos de Ginny

Cuando el personaje protagonista del núcleo de la historia apenas aparece, apenas tiene texto, y su mayor logro es despertarse tras un desmayo y confesar haber sido manipulada, ni la mejor actriz podría lograr darle demasiada vida. Ginny está porque debe estar. Y la actriz –sin parecer una Weasley-, dice lo que debe decir. Sin que su actuación nos diga nada.

¿Y Tom Riddle?

Surgido de las páginas –literal- del diario. Tom es un tipo sin personalidad alguna. En la saga no será hasta dos o tres libros más tarde –y muchas sesiones de pensadero- en que nos encontraremos con la amplitud –y complejidad-, del chico que de mayor será Lord Voldemort.

Instantes flojos:

El coche volador. Hay mucha diferencia entre leer acerca del vuelo en el coche, y ver –lo ridículo, y casi de Mary Poppins- el dichoso coche volador en la pantalla.

Aragog y las arañas. “Sigue a las arañas”, y uno intuye que seguir a una araña es algo muy lento, pero la concentración de arañas que aparecen en la escena, es tan descabellada, que parecen secuencias extra de películas de terror con bichos.

Ese basilisco. La lucha contra la serpiente del water es una parte atrayente de la novela. Aquí, se resuelve con demasiada facilidad y sin que el peligro del bicho llegue a ser palpable.

El mejor momento de la película es la secuencia del club de duelo. Desde que arranca con el enfrentamiento Snape-Lockhart, el posterior Malfoy-Potter, y su final, con los dotes lingüísticos de Harry con el lenguaje de las serpientes.

Snape duel

La impresión final es que ni el más flojo de los libros de la saga encaja bien, y del todo, en su traslado a la gran pantalla. Eso sí, resulta bastante entretenida.

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harry potter y el misterio del pr�ncipe

Tras un mes de asfixiante espera, el mameluco de turno devolvió el libro a la biblioteca, y este humilde lector pudo continuar con la historia del chico-mago.

Por primera vez en la pequeña historia de la saga, un libro, Harry Potter y el misterio del príncipe, es más breve que su predecesor (superar las 900 páginas de la orden del Fénix, era tarea difícil) “sólo” 600 páginas.

Teniendo en cuenta que es “el penúltimo”, uno intuye cierto declive en la narración. Y que, pese a su dramático final, el misterio del príncipe es un libro de transición hasta “la gran batalla final” que uno intuye, y espera, en el último libro.

Empecemos…

Lo primero que sorprende es la traducción del título. El original es “and the Half-Blood Prince” algo que –según leeremos– se podría haber traducido por “y el Príncipe Mestizo”.

La historia arranca en tres lugares.

Empieza el capítulo 1 en el despacho del primer ministro (británico) es decir… ¿Tony Blair? La autora se guarda bien de dar pista alguna, y soy yo el que he imaginado su dentuda cara, por una simple asociación espacio-tiempo-.

El capitulo 2 empieza en casa de Snape Ò_Ó donde el siempre inquietante profesor de Pociones –sobre el que han recaído las sospechas de Harry durante los 5 libros precedentes-, se nos muestra malo. Y no sólo eso, sino que él mismo hace un repaso a los momentos de incertidumbre y narra con todo detalle lo malvado que es y ha sido siempre. Como uno ya “conoce” a la autora, le da que pensar, y empieza desde ese momento a esperar un giro final que muestre a Snape como un héroe.

Harry no aparece hasta el capítulo 3. Dumbledore en persona lo recoge para ir a convencer a un viejo colega para que ocupe la eterna vacante de profesor en el colegio.

Con un Snape declarado malo, las sospechas del lector recaen en Draco Malfoy, instigadas por un casi paranoico Harryconvencido completamente que el joven Malfoy “trama algo”-. Esa sospecha, sin demasiadas pruebas de entrada, se alarga y se alarga, con espaciadas y débiles sospechas que sólo Harry ve como pruebas irrefutables. Ron y Hermione, le siguen, pero dudan.

Esa es una de las pequeñas tramas del libro.

Y es que en el misterio del príncipe no hay una gran trama. Voldemort está lejos, por ahí, en algún punto indeterminado haciendo vete a saber qué. Y la forma de acercarse a él es reviviendo recuerdos guardados en el pensadero.

“… espero que te hayas percatado de la reacción de Ryddle cuando mencioné que había otra persona que se llamaba como él (…). De ese modo demostró su desprecio por cualquier cosa que lo vinculara a otras personas, o que lo hiciera parecer normal. Ya por entonces él quería ser diferente, distinguido y célebre (…) se despojó de su nombre y creó la máscara de ‘Lord Voldemort’ detrás de la cual se ha ocultado durante mucho tiempo. ”

La otra pequeña trama del libro ese “el Príncipe mestizo”. Aparece como propietario de un libro de Pociones que le permite a Harry sacarse de la manga ingeniosos trucos y hechizos que le sacan de apuros, y no sólo en el aula.

Con estas dos tramas no se sustentan 600 páginas, así que la autora recurre al juego de parejas. Hace 6 años que seguimos a Harry por Hogwarts pero nunca se había hecho mención alguna a parejas besuqueándose en las butacas de la sala común, o por los pasillos. Pues aquí, sí. Francamente esta extraña necesidad de ir emparejando a la gente resulta un relleno poco interesante, propia de otros productos para adolescentes.

Hablemos de Draco

Desde su segunda aparición en la historia, en el expreso de Hogwarts el primer año, Draco se nos presenta como un chico pijo y repelente, que empieza a sentir aversión por Harry. Un malo, en definitiva. Enseguida se le añaden dos matones, grandotes, fuertes y tontos (Crabbe y Goyle), y más adelante una chica-florero, Pansy Parkinson. La simplicidad de este cuadro de “el malo”, resulta un tanto chocante por ser un tópico tan universal y atemporal.

Partiendo del protagonismo que tiene Draco en esta sexta entrega, resulta un poco frustrante lo poco que podemos disfrutar de sus acciones. En realidad, pese a estar en boca de Harry continuamente, es quizás, la vez que menos aparece por en medio de la historia. No será hasta el final que obtenga el foco de nuestra atención. Por desgracia su fugaz protagonismo es engullido sin piedad por otro personaje.

Harry Potter y el misterio del príncipe se va leyendo con calma, con algún ataque sorpresa, y sin que el descubrimiento del príncipe, lo que hace Draco, o el pasado de Voldemort se prodiguen demasiado. Ese ir haciendo, ese calentamiento lento de algo, también ayuda a pensar que se trata de una transición hasta el final de la historia.

La cosa se anima en el capítulo 23, a falta de 100 páginas, entonces las nubes del pensamiento se disipan, Dumbledore pone las cartas sobre la mesa, y pide ayuda a Harry para una peligrosa misión que lo resulta aún más al volver al colegio. Los acontecimientos se precipitan, y como siempre la autora, se esfuerza en dejar atados todos los cabos, provocando una extensa explicación en la torre de Astronomía, tras la cual aún queda por desvelar la identidad del príncipe mestizo.

“No hay nada que temer de un cadáver, Harry, como tampoco hay que tener miedo de la oscuridad. Lo único que nos da miedo cuando nos asomamos a la muerte y a la oscuridad es lo desconocido” Albus Dumbledore

Explicar esto sin hacer caer en un spoiler va a requerir de un juego malabar, pero lo haré.

El príncipe mestizo es alguien que no te esperas, eso se da por supuesto, pero es alguien a quien por lógica aplastante la propia autora ha descartado. Y uno se pregunta si la revelación final es falsa, si la autora metió la pata o yo –humilde lector- me he perdido algo. Ò_Ó Quien quiera discutir o comentar esto que lo haga en privado. No destripemos la historia.

Queda uno. Sólo uno para acabar con la “heptalogía” mágica por excelencia. Antes que se publique la versión traducida, procuraré leer EL FINAL.

A día de hoy Harry Potter y la orden del Fénix, es mi favorito.

Harry Potter y el misterio del príncipe es el que tiene un final que más sacude mi frágil corazón.

Y Severus Snape, es –y sigue siendo-, mi personaje favorito.

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Harry Potter y la orden del Fénix

“Deja de hacerte el incomprendido, Harry…”

Harry Potter y la orden del Fénix es un bloque de hormigón de 900 paginas y de un peso descomunal que hace imposible su lectura en posición horizontal (en la cama, en el sofá) a no ser que el lector se sitúe encima del voluminoso libro, de lo contrario, la posibilidad de morir aplastado o de sufrir graves daños en los brazos es más que probable.

Harry Potter y la orden del Fénix es mi favorito (hasta ahora). Me parece el mejor de los cinco, el más redondo y compacto, el que menos relleno intrascendente tiene (¡900 páginas sin relleno!), el más bien llevado. Lo dicho: mi favorito.

Es cierto que los primeros capítulos son un poco recargados, la charla en la cocina de los Dursley con la incomprensión de Tío Vernon, se hace molesta, pero enseguida empiezan las aventuras, y la gran trama avanza sin cortes, sólo con algunas pausas que enriquecen y profundizan en la historia.

Harry Potter es un borde. Y lo es de una forma preocupante. Este chico necesita, o más chocolate o relaciones más íntimas con una pareja (Cho es una llorona, y pese a las justificaciones creo que acertadas de Hermione, Cho sigue siendo una llorona frívola) porque el estado de cabreo permanente, de agresividad latente, es hasta molesto. Este chico salta más deprisa que una trampa para ratones, y su verborrea asusta, asusta e intimida a sus amigos:

“Sentía un sádico placer al dar a los otros la oportunidad de seguir hablando de él, como sin duda debían de estar haciendo.”

Fíjate tú, lo lejos que llega la maduración o evolución de un personaje, hablo de Neville, por supuesto. Empezó siendo el patoso, y al terminar el libro uno se pegunta cómo hubiera sido todo si el sello relámpago no lo tuviera Harry, sino él.

Mi principal queja a la autora es el poco uso que hace del personaje con el mejor nombre que ha inventado jamás (¡Mundungus!). Por supuesto es Mundungus. Esperaba más de un personaje con semejante nombre.

Como ya es habitual, la autora abraza en la historia a personajes de los libros anteriores; aquí quedan un poco apartados (ocupados en la Orden) Ojoloco Moody, y Lupin. Pero se le agradece que sepa prescindir de personajes como los participantes extranjeros en el Torneo de los Tres Magos (Krum y Fleur, son mencionados sólo de pasada).

Dolores Jane Umbridge se convierte pronto en el personaje más odioso de toda la saga, mucho más que el propio Voldemort, que en la orden del Fénix está presente siempre, pero no aparece hasta el final (¡como debe ser! Si le vemos actuar tanto como en el cáliz de fuego luego no parece tan terrible). La Lunática Lovegood, me la miro con simpatía pero Severus Snape sigue siendo, y ahora quizás incluso un poco más, mi personaje favorito. Me haré una chapa “Pro-Snape” y que brille en la oscuridad.

Aunque menos, el libro también tiene algún guiño de humor:

“- ¿Y de qué nos va a servir la teoría en la vida real?

“- Esto es el colegio, señor Potter, no la vida real.

Y como ya va siendo habitual, el gran Albus Dumbledore, nos regala perlas de sabiduría en su charla explicativa final:

“Ese dolor significa que eres un ser humano, Harry”

“Los jóvenes no podéis saber cómo piensan ni cómo sienten los ancianos, pero los ancianos cometemos un error si olvidamos qué significa ser joven”

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harry potter y el cáliz de fuego

“Ah, Harry, no sé…Parece que todo te pasa a ti, ¿verdad?”

Harry Potter y el cáliz de fuego es un libraco. Un ladrillo de más de 600 páginas, que compila en su haber decenas de pequeñas referencias a personas, lugares, pócimas, animales o cosas de los tres libros precedentes. Es, en parte, un resumen de todo lo visto, y un salto hacia delante, un punto de inflexión: el héroe se nos hace mayor.

En la primera parte, tiene ataques de grosería verbal, y cabreos adolescentes, que le llevan a refunfuñar y a alejarse de su amigo Ron. Y luego está Cho. (A Cho ya se la intuye ya en el prisionero de Azkaban). No existe en realidad, una primera parte como tal, pero yo la identifico en, aproximadamente, las primeras 300 páginas.

Y si Harry se hace mayor, también el libro. Muertes, mutilaciones,… Por primera vez vemos la muerte de “un bueno” en directo. Rápida e indolora, pero una muerte es siempre una muerte.

Harry Potter y el cáliz de fuego empieza diferente de todos sus predecesores. Empieza ni más ni menos con Lord Voldemort.

“Lord Voldemort había vuelto.”

Ese sofá orejudo, esa chimenea, es cuerpo sin cuerpo, a mí no me hace pensar en el maravilloso doctor Gang de la organización MAD de la serie de dibujos animados El Inspector Gadget. Aquí en lugar de MadGato, hay un… ratón.

Aunque Harry no parece nada satisfecho con la clase de Adivinación hay que reconocerle que tiene dotes premonitorias, y sus sueños o visiones, ya forman parte de la narración del libro; su subconsciente también narra.

La primera parte es una gran aventura que abarca su salida de Privet Drive, su visita a la poblada casa de los Weasley, su visita a los Mundiales de quidditch, el susto que allí sucede, y su vuelta a las clases. En Hogwarts siguen las novedades con el Torneo de los 3 magos.

Esta primera parte entretiene y empieza a tejer una trama que –por el volumen del libro- uno intuye de catastróficas dimensiones. Debo reconocer que por primera vez en la saga, me perdí con un personaje, el tal Cedric Diggory, que aquí adquiere una importancia “in crescendo”. Según parece, Cedric ya salía en el prisionero de Azkaban, pero no me fijé.

En el cáliz de fuego la autora da mucha más importancia narrativa a los personajes secundarios, aunque sigue simplificando otros a tópicos, como son los matones de Draco (aquí hay mi queja más grande con este volumen: que los padres de Crabbe y Goyle vengan a ser lo mismo que sus hijos, me parece simplón. Y ya puestos también me quejo de la generalización de “maldad” que la autora siempre otorga a la casa Slytherin).

Lo que yo llamo la segunda parte, empieza con la primera prueba del Torneo de los 3 magos. Hago este “break”, debido a que esta segunda parte me la leí a tal velocidad que me obligaba a frenar y a digerir la historia. Y es difícil porque te sientes arrastrado a la resolución.

Hablemos del final. Con tres libros de la saga leídos -y todos con el mismo esquema acerca de “el malo”-, uno ya debería saber el truco de la autora, pero afirmo y reconozco mi desencajamiento de mandíbula por sorpresa. El giro siguiente –tras el giro de siete llaves-, no me causa tanta sorpresa como la confesión del “malo”. Aún con todo y pese a todo, Severus Snape, sigue siendo mi favorito.

Hacía el final, nos damos cuenta que el simpático y peculiar Albus Dumbledore, es un tipo a tener en cuenta. Y que Lord Voldemort, pues… no parece tan fuerte.

Y ahora dos reflexiones interesantes:

“Realmente, Hagrid, si lo que buscas es la aprobación de todo el mundo, me temo que te quedarás en esta cabaña durante mucho tiempo.” Albus Dumbldore

“Si quieres saber cómo es alguien, mira de qué manera trata a sus inferiores, no a sus iguales” Sirius Black.

Pese a las 600 páginas, uno sabe al final que la cosa no ha acabado así. Queda más por contar, así que tras una leve pausa para descansar, afrontaré Harry Potter y la orden del Fénix. Con la esperanza que aparezca y destacado un personaje que en el cáliz de fuego tan sólo se menciona su nombre, ¡pero qué nombre! Mundungus Fletcher.

¡Mundungus! XD

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Harry Potter y la piedra filosofal

(2001) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

Harry Potter y la piedra filosofal es una película entretenida y bella, visualmente bella. Cuanto más grande es el momento, más bello es: la llegada a Hogwarts, la entrada en el gran comedor, el campo de quidditch. Luz, color, vida, lo que el libro narra, aquí se muestra. Y a menudo una imagen vale más…

Es una película que hay que ver habiendo leído el libro, no sólo por el tópico “el libro es mejor”, sino porque en el libro HAY una historia. No sé que impresión causará en quien no conozca nada de la trama, quizás una impresión pobre. Mi percepción fue, no sólo que la historia está mutilada y cosida con más o menos acierto, sino que la película va dando saltitos por la trama, procurando tocar los puntos clave, pero sin poder alcanzar y recubrir la narración en sí.

Hay un flashback (Voldemort atacando a la madre de Harry) que aparte chirriar, es del todo innecesario.

Los actores

El trío Harry-Ron-Hermione

En ningún momento están más monos que en las portadas del disco.

Una vez metidos en la película, el Harry me parece correcto, sin aspavientos, con coraje pero tímido acorde con su personaje.

La Hermione resulta de entrada más estirada que su original en papel, demasiado reducida a “libros e inteligencia”, aunque su rostro de incredulidad o de falsa modestia –con un punto de superioridad-, me agrada.

Ron Weasley, hacía tiempo que no veía un actor con una capacidad de expresión facial tan peculiar como este chavalín; no tiene dos escenas en que su cara esté igual. También lo han reducido bastante, a “el amigo graciosote”, y es una pena.

Aciertos y desacuerdos.

Alan Rickman (he investigado) borda un Snape que sin apenas mediar palabra, atrae mi atención como un imán; fascinante. McGonagall, estirada profesora, está estupenda también. Atrayente también la profesora de vuelo con escoba. Hagrid es quizás el personaje que supera su original, el actor le otorga algo más que el gran corazón del que le nutre la autora. Los Dursley (especialmente los masculinos) están correctos.

El gran error para mi es Dumbledore. Richard Harris ha interpretado a demasiados malvados en su vida para ofrecer un Dumbledore puro. Está perfecto en su caracterización, pero no tiene corazón. Le falta la jovialidad, la chispa del Dumbledore del libro.

Fred y George quedan reducidos a dos gemelos pelirrojos.

Draco Malfoy peca de la simplicidad que le otorga la autora, y sin añadir nada, aquí es un tópico malo, y encima engominado.

Desaprovechado el estupendo John Cleese (Monty Phyton) para dar vida –es un decir-, al fantasma Nick-Casi-Decapitado.

Y a excepción de Neville, los demás compañeros de Harry quedan eclipsados (este defecto ya viene del libro).

Los efectos especiales, siguen siendo efectos especiales. El malvado Trol parece un chiste. El quidditch se vuelve confuso y mareante. Y las caídas de las escobas o los vuelos alocados no muestran otra cosa que un Harry hecho por ordenador.

Pero todo esto es mirar con lupa, una reflexión fría. La película, en su primer visionado, simplemente me hace sonreír, por ver todo aquello que “ya conozco”. Me cautiva en muchos momentos, y me entretiene durante su largo metraje.

Chris Columbus cuenta, en el segundo DVD –material extra y demás-, que no pretendían adaptar el libro y ser originales, sino ser fieles al máximo. Como idea, se agradece, y más en un época en que poca gente puede aportar algo interesante y propio a una historia ya existente. En este segundo DVD resulta cansina la presencia del productor, cuyo nombre no me molesto en buscar, con unos aires de David O. Selznick que recuerdan que Harry Potter para él, no es otra cosa que una marca que hay que vender.

Alan Rickman - Snape

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el libro

“…deseaba matarlo…”

Harry Potter y el prisionero de Azkaban es el mejor de la saga (hasta ahora). De entrada ya presenta un arranque un poco diferente: Harry sin poder soportarlo más, se escapa de la casa de sus tíos en plena noche y no tiene donde ir. Es recogido y puesto a salvo, pero ya desde ese momento una espada de Damocles cuelga sobre su cabeza. Sirius Black ha escapado de la prisión de Azkaban y viene… ¡y viene a por Harry!

Es cierto que la autora, ya en la cámara secreta intenta eludir las escenas conocidas, como la llegada a Hogwarts con el tren, o la recepción de los novatos (y la aparición estelar del Sombrero Seleccionador), pero no es hasta en el prisionero de Azkaban, que se intuye que la autora ha enmarcado la historia en algo mayor, más profundo y denso.

El interés de la trama del prisionero de Azkaban me parece tan atrayente que el torneo de quiddich, me estorba. El nuevo profesor se nos vuelve simpático, el gato de Hermione sospechoso, y la profesora de adivinación te obliga a volver a leer sus predicciones y comprobarlas. Las figuras de los dementotes también son interesantes.

El punto de inflexión pero, lo tiene Harry hacia el final. Por primera vez –en sus libros- Harry Potter –que las ha pasado canutas; no por Canuto-, desea la muerte de alguien. Es más, está dispuesto a matarlo él mismo. Este odio me parece el destello de humanidad más intensa del personaje. (“Odio por tanto existo”, que decía el filósofo Marilyn Manson).

El final, como ocurre con sus antecesores, demuestra que a la autora le cuesta trabajar con muchos personajes a la vez, y recurre a ir dejándolos por el camino, inconscientes o heridos. En el prisionero de Azkaban pero se modifica la esperada lucha, por una extensa e intensa explicación que causa verdaderas sorpresas animales (¡como para fiarse de las mascotas!) y ofrece casi una historia paralela protagonizada por el padre de Harry y sus amigotes. Mención peculiar merece el uso de las varitas, tratadas en ese encuentro final como si de armas de fuego se trataran.

Aún con todo, uno de mis personajes favoritos es el profesor Snape.

Tras Harry Potter y el prisionero de Azkaban, decidí tomarme unas leves vacaciones. Dos semanas enteras alejadas del mundo mágico. Ahora tengo ya en mi poder la siguiente entrega: Harry Potter y el cáliz de fuego, un descomunal libraco maltratado por el abuso de su lectura. Siguen pendientes las películas: las quiero ver por orden, obviamente, y a mi alrededor, los dvd’ s de Harry Potter y la piedra filosofal o se han perdido, o no se han devuelto o están tan rayados que intentar verlo es como dejarse caer por unas escaleras.

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