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Archive for 31 octubre 2007

Papa t’es plus dans l’coup

Papa t’es plus dans l’coup

(8 Mujeres / 8 femmes) François Ozon

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harry potter y el misterio del pr�ncipe

Tras un mes de asfixiante espera, el mameluco de turno devolvió el libro a la biblioteca, y este humilde lector pudo continuar con la historia del chico-mago.

Por primera vez en la pequeña historia de la saga, un libro, Harry Potter y el misterio del príncipe, es más breve que su predecesor (superar las 900 páginas de la orden del Fénix, era tarea difícil) “sólo” 600 páginas.

Teniendo en cuenta que es “el penúltimo”, uno intuye cierto declive en la narración. Y que, pese a su dramático final, el misterio del príncipe es un libro de transición hasta “la gran batalla final” que uno intuye, y espera, en el último libro.

Empecemos…

Lo primero que sorprende es la traducción del título. El original es “and the Half-Blood Prince” algo que –según leeremos– se podría haber traducido por “y el Príncipe Mestizo”.

La historia arranca en tres lugares.

Empieza el capítulo 1 en el despacho del primer ministro (británico) es decir… ¿Tony Blair? La autora se guarda bien de dar pista alguna, y soy yo el que he imaginado su dentuda cara, por una simple asociación espacio-tiempo-.

El capitulo 2 empieza en casa de Snape Ò_Ó donde el siempre inquietante profesor de Pociones –sobre el que han recaído las sospechas de Harry durante los 5 libros precedentes-, se nos muestra malo. Y no sólo eso, sino que él mismo hace un repaso a los momentos de incertidumbre y narra con todo detalle lo malvado que es y ha sido siempre. Como uno ya “conoce” a la autora, le da que pensar, y empieza desde ese momento a esperar un giro final que muestre a Snape como un héroe.

Harry no aparece hasta el capítulo 3. Dumbledore en persona lo recoge para ir a convencer a un viejo colega para que ocupe la eterna vacante de profesor en el colegio.

Con un Snape declarado malo, las sospechas del lector recaen en Draco Malfoy, instigadas por un casi paranoico Harryconvencido completamente que el joven Malfoy “trama algo”-. Esa sospecha, sin demasiadas pruebas de entrada, se alarga y se alarga, con espaciadas y débiles sospechas que sólo Harry ve como pruebas irrefutables. Ron y Hermione, le siguen, pero dudan.

Esa es una de las pequeñas tramas del libro.

Y es que en el misterio del príncipe no hay una gran trama. Voldemort está lejos, por ahí, en algún punto indeterminado haciendo vete a saber qué. Y la forma de acercarse a él es reviviendo recuerdos guardados en el pensadero.

“… espero que te hayas percatado de la reacción de Ryddle cuando mencioné que había otra persona que se llamaba como él (…). De ese modo demostró su desprecio por cualquier cosa que lo vinculara a otras personas, o que lo hiciera parecer normal. Ya por entonces él quería ser diferente, distinguido y célebre (…) se despojó de su nombre y creó la máscara de ‘Lord Voldemort’ detrás de la cual se ha ocultado durante mucho tiempo. ”

La otra pequeña trama del libro ese “el Príncipe mestizo”. Aparece como propietario de un libro de Pociones que le permite a Harry sacarse de la manga ingeniosos trucos y hechizos que le sacan de apuros, y no sólo en el aula.

Con estas dos tramas no se sustentan 600 páginas, así que la autora recurre al juego de parejas. Hace 6 años que seguimos a Harry por Hogwarts pero nunca se había hecho mención alguna a parejas besuqueándose en las butacas de la sala común, o por los pasillos. Pues aquí, sí. Francamente esta extraña necesidad de ir emparejando a la gente resulta un relleno poco interesante, propia de otros productos para adolescentes.

Hablemos de Draco

Desde su segunda aparición en la historia, en el expreso de Hogwarts el primer año, Draco se nos presenta como un chico pijo y repelente, que empieza a sentir aversión por Harry. Un malo, en definitiva. Enseguida se le añaden dos matones, grandotes, fuertes y tontos (Crabbe y Goyle), y más adelante una chica-florero, Pansy Parkinson. La simplicidad de este cuadro de “el malo”, resulta un tanto chocante por ser un tópico tan universal y atemporal.

Partiendo del protagonismo que tiene Draco en esta sexta entrega, resulta un poco frustrante lo poco que podemos disfrutar de sus acciones. En realidad, pese a estar en boca de Harry continuamente, es quizás, la vez que menos aparece por en medio de la historia. No será hasta el final que obtenga el foco de nuestra atención. Por desgracia su fugaz protagonismo es engullido sin piedad por otro personaje.

Harry Potter y el misterio del príncipe se va leyendo con calma, con algún ataque sorpresa, y sin que el descubrimiento del príncipe, lo que hace Draco, o el pasado de Voldemort se prodiguen demasiado. Ese ir haciendo, ese calentamiento lento de algo, también ayuda a pensar que se trata de una transición hasta el final de la historia.

La cosa se anima en el capítulo 23, a falta de 100 páginas, entonces las nubes del pensamiento se disipan, Dumbledore pone las cartas sobre la mesa, y pide ayuda a Harry para una peligrosa misión que lo resulta aún más al volver al colegio. Los acontecimientos se precipitan, y como siempre la autora, se esfuerza en dejar atados todos los cabos, provocando una extensa explicación en la torre de Astronomía, tras la cual aún queda por desvelar la identidad del príncipe mestizo.

“No hay nada que temer de un cadáver, Harry, como tampoco hay que tener miedo de la oscuridad. Lo único que nos da miedo cuando nos asomamos a la muerte y a la oscuridad es lo desconocido” Albus Dumbledore

Explicar esto sin hacer caer en un spoiler va a requerir de un juego malabar, pero lo haré.

El príncipe mestizo es alguien que no te esperas, eso se da por supuesto, pero es alguien a quien por lógica aplastante la propia autora ha descartado. Y uno se pregunta si la revelación final es falsa, si la autora metió la pata o yo –humilde lector- me he perdido algo. Ò_Ó Quien quiera discutir o comentar esto que lo haga en privado. No destripemos la historia.

Queda uno. Sólo uno para acabar con la “heptalogía” mágica por excelencia. Antes que se publique la versión traducida, procuraré leer EL FINAL.

A día de hoy Harry Potter y la orden del Fénix, es mi favorito.

Harry Potter y el misterio del príncipe es el que tiene un final que más sacude mi frágil corazón.

Y Severus Snape, es –y sigue siendo-, mi personaje favorito.

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Miedos y fóbias

 

Raquelina me ha pasado un listado de fobias. Algunas son realmente asombrosas:

 

Nombre Fobias o miedos a…

 

Ablutofobia: a lavarse o bañarse.

Aeronausifobia: a vomitar.

Alektorofobia: a los pollos.

Alliumfobia: al ajo.

Amathofobia: al polvo.

Anthrofobia: a las flores.

Apotemnofobia: a personas con amputaciones.

Aulofobia: a las flautas.

Aurofobia: al oro.

Aurorafobia: a las auroras.

 

Bibliofobia: a los libros.

Blennofobia: al barro.

 

Caligynefobia: a las mujeres hermosas.

Carnofobia: a la carne.

Chaetofobia: al pelo.

Chorofobia: a bailar.

Chrometofobia: al dinero.

Chromofobia: a los colores.

Cibofobia: al alimento.

Crystallofobia: a los cristales.

 

Dendrofobia: a los árboles.

Didaskaleinofobia: a ir a la escuela.

Dikefobia: a la justicia.

Diplofobia: a la visión doble.

Dipsofobia: a beber.

Dishabiliofobia: a desnudarse delante de alguien.

Dromofobia: a las calles y los paseos.

 

Ecclesiofobia: a la iglesia.

Eisoptrofobia: a los espejos o de verse en un espejo.

Eleutherofobia: a la libertad.

Elurofobia: a los gatos.

Emetofobia: a vomitar.

Enosiofobia: a confiar un pecado imperdonable o a la crítica.

Entomofobia: a los insectos.

Eosofobia: al amanecer.

Epistemofobia: al conocimiento.

Equinofobia: a los caballos.

Ereuthrofobia: a ruborizarse.

Ergofobia: al trabajo.

Erotofobia: al sexo o las preguntas sexuales.

Eufobia: a las buenas noticias.

Eurotofobia: a los órganos genitales femeninos.

 

Febrifobia: a la fiebre.

Frigofobia: a las cosas frías.

 

Geliofobia: a la risa.

Geniofobia: a la barba.

Genofobia: al sexo.

Genufobia: a las rodillas.

Gephyrofobia: a los puentes.

Gerontofobia: a la gente vieja.

Geumafobia: al gusto.

Glossofobia: al los discursos en público o a intentar hablar.

Gnosiofobia: al conocimiento.

Graphofobia: a la escritura.

Gymnofobia: a la desnudez.

Gynefobia: a las mujeres.

 

Hadefobia: al infierno.

Hagiofobia: a los santos o las cosas santas.

Haphefobia: al tacto.

Harpaxofobia: al robo.

Hedonofobia: a la sensación de placer.

Heliofobia: al sol.

Helminthofobia: a la infestación de gusanos.

Hemofobia: a la sangre.

Herpetofobia: a los reptiles.

Heterofobia: al sexo opuesto.

Hierofobia: a los sacerdotes o las cosas sagradas.

Hippofobia: a los caballos.

Hippopotomonstrosesquippedaliofobia: a palabras largas.

Hobofobia: a los mendigos.

Hormefobia: a los choques.

Homichlofobia: a la niebla.

Homilofobia: a los sermones.

Hominofobia: a los hombres.

Homofobia: a la homosexualidad o de llegar a ser homosexual.

Hoplofobia: a las armas de fuego.

Hydrofobia: al agua o a la rabia.

Hydrophobofobia: a la rabia.

Hygrofobia: a los líquidos o la humedad.

Hylefobia: al materialismo.

Hylofobia: a los bosques.

Hypengyofobia: a la responsabilidad.

Hypnofobia: al sueño o a ser hipnotizado.

Hypsifobia: a la altura.

 

Iatrofobia: a ir al doctor o a los doctores.

Ichthyofobia: a pescados.

Ideofobia: a ideas.

Illyngofobia: vértigo o al mirar abajo.

Iofobia: veneno.

Insectofobia : los insectos.

Isolofobia: la soledad, estando solo.

Ithyphallofobia: lo que piensen los demás de tener su pene erguido.

 

Kainofobia: a cualquier cosa nueva.

Kakorrhaphiofobia: a la derrota.

Katagelofobia: al ridículo.

Kathisofobia: a sentarse abajo.

Kenofobia: a los vacíos o los espacios vacíos.

Keraunofobia: a los truenos y relámpagos.

Kopofobia: a la fatiga.

Koniofobia: al polvo.

Kosmikofobia: a los fenómenos cósmicos.

Kymofobia: a las ondas.

Kyphofobia: a inclinarse.

 

Lachanofobia: a los vehículos.

Laliofobia: a hacer un discurso.

Leukofobia: al color blanco.

Levofobia: a las cosas del lado izquierdo del cuerpo.

Ligyrofobia: a los ruidos fuertes.

Lilapsofobia: a los tornados y huracanes.

Liticafobia: a los pleitos.

Lockiofobia: al parto.

Logofobia: a ciertas palabras.

Lygofobia: a la oscuridad.

Lyssofobia: a enojarse.

 

Macrofobia: a las esperas largas.

Mageirocofobia: a cocinar.

Maniafobia: a la locura.

Mastigofobia: al castigo.

Mechanofobia: a las máquinas.

Medomalacufobia: a perder una erección.

Medorthofobia: a un pene erguido.

Megalofobia: a cosas grandes.

Melissofobia: a las abejas.

Melanofobia: al color negro.

Melofobia: miedo u odio a la música.

Menofobia: a la menstruación.

Merinthofobia: a la limitación.

Metallofobia: al metal.

Metathesiofobia: a los cambios.

Meteorofobia: a los meteoritos.

Methyfobia: al alcohol.

Metrofobia: a la poesía.

Microbiofobia: a los microbios.

Microfobia: a las cosas pequeñas.

Misofobia: a la contaminación con la suciedad y gérmenes.

Molysmofobia: a la suciedad o de la contaminación.

Monofobia: a la soledad o de estar solo.

Mottefobia: a las polillas.

Musofobia: a los ratones.

Mycofobia: a los hongos.

Myctofobia: a la oscuridad.

Myrmecofobia: a las hormigas.

 

Nebulafobia: a la niebla.

Necrofobia: a la muerte o a las cosas muertas.

Nephofobia: a las nubes.

Noctifobia: a la noche.

Nomatofobia: a los nombres.

Nosocomefobia: a los hospitales.

Nostofobia: a volver a casa.

Numerofobia: a los números.

 

Obesofobia: a aumentar de peso.

Ochlofobia: a las muchedumbres o multitudes.

Odontofobia: a la cirugía dental.

Odynofobia: al dolor.

Oenofobia: a los vinos.

Olfactofobia: a los olores.

Ombrofobia: a la lluvia.

Oneirofobia: a los sueños.

Ophidiofobia: a serpientes.

Ophthalmofobia: a ser mirado fijamente.

Optofobia: a abrir los ojos.

Ornithofobia: a los pájaros.

Ostraconofobia: a los crustáceos.

Ouranofobia: al cielo.

 

Panthofobia: al sufrimiento y la enfermedad.

Panofobia: a todo.

Papyrofobia: al papel.

Paralipofobia: a descuidar un deber o responsabilidad.

Parafobia: a la perversión sexual.

Parasitofobia: a los parásitos.

Paraskevedekatriafobia: a los viernes 13.

Parthenofobia: a las vírgenes o las muchachas jóvenes.

Patroiofobia: a la herencia.

Pediculofobia: a los piojos.

Pediofobia: a las muñecas.

Pedofobia: a los niños.

Peladofobia: a la gente calva.

Pentherafobia: a la suegra.

Phagofobia: a tragar.

Phalacrofobia: a convertirse calvo.

Pharmacofobia: a tomar una medicina.

Phasmofobia: a los fantasmas.

Philemafobia: a besarse.

Philofobia: a enamorarse.

Philosofobia: a la filosofía.

Photofobia: a la luz.

Phonofobia: a los ruidos o voces o de su propia voz.

Phronemofobia: al pensamiento.

Phthisiofobia: a la tuberculosis.

Plutofobia: a la abundancia.

Pneumatifobia: a los alcoholes.

Politicofobia: a los políticos.

Polyfobia: a muchas cosas.

Porphyrofobia: al color púrpura.

Potamofobia: a los ríos o al agua corriente.

Pharmacofobia: a las drogas.

Prosofobia: al progreso.

Psellismofobia: al tardamudeo.

Psychofobia: a la mente.

Psychrofobia: al frío.

Pteromerhanofobia: al vuelo.

Pteronofobia: al cosquilleo por las plumas.

Pyrexiofobia: a las alucinaciones de la fiebre.

Pyrofobia: al fuego.

 

Rhytifobia: a tener arrugas.

 

Satanofobia: a Satán.

Sciofobia: a las sombras.

Scotofobia: a la oscuridad.

Scriptofobia: a escribir en público.

Sesquipedalofobia: a las palabras largas.

Sexofobia: al sexo opuesto.

Siderodromofobia: a los trenes.

Siderofobia: a las estrellas.

Sitofobia: a comer.

Snakefobia: a las serpientes.

Socerafobia: a los suegros.

Sociofobia: a la sociedad o la gente en general.

Sophofobia: a aprender.

Soteriofobia : a la dependencia de otras personas.

Spacefobia: al espacio exterior.

Spectrofobia: a espectros o fantasmas.

Spheksofobia: a las avispas.

Stasibasifobia: a estar parado.

Staurofobia: a los crucifujos.

Stenofobia: a las cosas o lugares estrechos.

Stygiofobia: al infierno.

Syngenesofobia: a los parientes.

 

Tachofobia: a la velocidad.

Taphefobia: a ser enterrado vivo.

Tapinofobia: a ser contagioso o contagiar alguna enfermedad.

Technofobia: a la tecnología.

Telephonofobia: a los teléfonos.

Textofobia: a ciertas telas.

Thaasofobia: a sentarse.

Thalassofobia: al mar.

Thanatofobia: a la muerte o morir.

Theatrofobia: a los teatros.

Theologicofobia: a la teología.

Theofobia: a los dioses o la religión.

Thermofobia: al calor.

Toxofobia: al veneno o al envenenamiento.

Traumatofobia: a las lesiones.

Tremofobia: a los temblores.

Triskaidekafobia: al número 13.

Tropofobia: a mover o de realizar cambios.

Trypanofobia: a las inyecciones.

 

Verbofobia: a palabras.

Vestifobia: a la ropa.

Vitricofobia: al padrastro.

 

Wiccafobia: a las brujas.

 

Xanthofobia: al color amarillo.

Xenofobia: a los extranjeros.

Xerofobia: a la sequedad.

Xylofobia: a los objetos de madera o bosques.

 

Zelofobia: a los celos.

Zeusofobia: a Dios o los dioses.

Zoofobia: a los animales.

 

 

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Tú y yo

“Lo que más nos gusta es ilegal, inmoral o engorda”

Tú y yo
(Love Affair) 1939 Leo McCarey

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A quoi sert de vivre libre

A quoi sert de vivre libre

(8 Mujeres / 8 femmes) François Ozon

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Hoy, sacando el cristal del portarretratos para razones que ahora no viene al caso, ha caído de atrás, una fotografía que no recordaba de su existencia. Una fotografía mía, una fotografía de la comunión.

Eso no tendría más qué, si en mi mundo no hubiese prácticamente fotos mías. Ni tengo, ni me hago, ni quiero aparecer en ellas. Es demasiado doloroso.

En la susodicha foto hay un criado que no conozco. Escuálido con ropa fea y ancha que nunca más se volvió a poner; ojos enormes sin gafas, y cejas que casi rozan el flequillo de un peinado casco sin patillas. Tiene un rostro pálido, lampiño, limpio. Lo veo triste. Ojos apagados, grandes, oscuros, dolientes. La ceguera ya había empezado pero yo aún no lo había querido reconocer.

El de esa foto no soy yo. Ese niño ya no existe. Quizás nunca existió, pero está ahí, en la foto, como un fantasma. Como el hermano pequeño muerto. Ese del que no se debe hablar.

Ha sido una experiencia dolorosa.

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De visita al CAIXAFORUM III

El edifico en sí es ya un obra de arte.

Con mi visita fugaz lo poco que percibí es que el edificio es mucho más grande que lo que expone en su interior. Quizás sea norma de museos y exposiciones no saturar al espectador y dejar altos y anchos huecos vacíos. Pero al precio que está el metro cuadrado en la city parece desaprovechar.

 

Uno entra bajando, lo que ya de entrada choca. El Louvre y su entrada bajo la pirámide de cristal seguro que ha influido. Dos enormes estatuas de medio cuerpo y de bronce te hacen sentir insignificante camino a una descomunal puerta giratoria (que gira sola) para dejarte en un vestíbulo donde todo está lejos. De no ser por los grupos de turistas vaciados en carretillas alrededor de un guía, la sensación de pequeñez volvería a asaltarte.

 

Exposiciones hacia arriba y hacia la derecha. A la izquierda por un pasillo ancho como mi garaje, las consignas (más luminosas y limpias que las de una estación) y los lavabos.

Hablemos de los lavabos.

La puerta es una mole plateada que parece sacada de una sala de forenses. Frío, silencioso, metálico y oxigenado. Los baños son sombríos y fríos. En mi humilde experiencia como usuario de baños les daría un 6,5 sobre 10 (entiéndase que el lavabo 10 no existe).

 

Para subir, uno dispone de escaleras mecánicas –silenciosas-. Arriba, grandes salas, altas y blancas. Da igual que la exposición sea de dibujos de palmo o de fotografías de 3 metros cuadrados. En la pared de entrada, una breve introducción-reseña. Me acerqué curioso para descubrir si las letras estaban pintadas, pegadas o era una lona o póster. Creo que pintadas, aunque Raquel opinó que estaban pegadas. Lo que nos llevó a una discusión acerca del pobre señor que tenía que pegar letra a letra el texto.

Uno puede acceder a un patio-pasillo superior, por el cual accede a tres salas menores (menor entiéndase gigante). Esa zona es la más bonita del edificio. Un ascensor o una escalera (de toda la vida) permite acceder a la sala 5, la micro-sala (del tamaño de mi casa –y mi casa es grande-).

 

Pese al tamaño del edificio, uno no se pierde, y en caso de suceder debe dirigir su mirada hacia el techo, pues justo donde termina la pared hay un micro cartel-flecha indicador (para no estorbar la obra). En todas las salas hay una obra repetida, se titula “Extintor” (¬¬ sorry, tenia que hacer este chiste). También hay esparcidas unas extrañas sillas, casi taburetes, en algunas esquinas sin que llegase a entender la finalidad de las mismas.

 

El CAIXAFORUM es gratis ^.^ y está delante de las fuentes de Montjuïc, donde confluyen la Avenida Rius i Taulet con la Avenida Marques de Comillas (este chiste es tan fácil…). Cerca de parada Plaza España, del Metro.

 

 

 

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