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La meteoróloga de TV3, Mónica López, ha “fichado” por La 1. Relevará a José Antonio Maldonado como jefe del departamento de meteorología de los informativos de TVE.

Mónica López, maja que es ella con sus mapas y sus cosas

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La ambición castaña

Mónica López trabajaba para el departamento meteorológico de TV3.

En el año 2.003 empezó a aparecer, seria y algo maquinal, en el espacio meteorológico de los fines de semana. Luego, “rotaba” con sus compañeros masculinos en el informativo de la noche (El Temps, el espacio más visto de los informativos).

Aunque el espacio El Temps se ha hecho cada vez más extenso y más barroco (fotos mandadas por los espectadores, conexión con las cámaras repartidas por el territorio, el maravilloso radar de Vallirana –también disponible en tu móvil-, etc…), todo este espacio era chico para Mónica.

Y en el 2004, saltó como colaboradora al magazín mañanero de Josep Cuní (Bon dia Catalunya). Allí, tertuliando sobre diversos temas, vimos una Mónica algo más suelta, incluso se la vio sonreír alguna vez.

Al año siguiente se animó con un libro de citas y refranes sobre el tiempo (Si no plou, plourà)

Y como Mónica es muy apañada, se lanzó a presentar las Campanadas de Fin de Año en TV3, con su “jefe”, el también meteorólogo Tomàs Molina.

Más curiosidades e imágenes personales en un blog realizado por unos fans:

http://ladonadeltemps.blogspot.com/

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Y ahora, tras una lacrimosa despedida de sus compis en el magazín matutino, se ha marchado a TVE

Relevo: Mónica López entra por José Antonio Maldonado

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Hombres y mujeres del tiempo: gente peculiar

Antes, el prototipo de meteorólogo era un señor serio, algo apergaminado, que movía un bolígrafo (antaño una varilla) por encima de un mapa en dos dimensiones poblado de soles, y que pronunciaba palabras como: marejadilla y marejada.

Justo como José Antonio Maldonado.

Maldonado llevaba más de veinte años en el equipo de la información meteorológica de TVE. Pero éste tipo de meteorólogo ha pasado a la historia (junto con esos mapas anticuados que aún usan en TVE; mapas en que se intuyen países que ya no existen: como Yugoslavia, Checoslovaquia, la U.R.S.S o la R.D.A).

Hoy, los chicos –especialmente los chicos- del tiempo te hacen monólogos y chistes –como el de La Sexta-, o se van a presentar Surpevivientes – el de Tele 5-, o se lanzan a hacer especiales sobre la vida en Marte –Tomàs Molina en TV3-.

Aún no hemos llegado al extremo de cierta cadena, creo que rusa, donde una presentadora (de informativos, pero también la chica del tiempo) hace un striptease mientras pronuncia: marejada-marejadilla (en ruso, claro).

Los tiempos están cambiando (y los hombres y mujeres del tiempo también).

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Fuente de la noticia y las pics: http://www.rtve.es/FRONT_SALA_PRENSA/?go=eacaa4148f48af89730076a6669df2169fcb5b71e1aa29da6b3326aee96788b1ec318ca59b44737c01cf35273b6e3d73

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De lunes a viernes, alrededor de las 13:10, me encontraréis delante de La 1 de TVE viendo este concurso.

Se llama La Lista, el formato originario es británico, y no recuerdo un enganchamiento a un concurso tan feroz des de la primera época del 50 x 15 ¿Quiere ser millonario?

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Formato

Un par de concursantes se conocen antes de empezar. Comparten cabina insonorizada, y deben pujar por la cantidad de respuestas que creen que pueden dar a una lista de cultura general. Compiten contra el otro par de concursantes, los campeones vigentes.

El que apuesta más alto, se queda la lista y debe completarla. De lograrlo el punto es suyo, de fallar o de dejarla incompleta, el punto es para el equipo rival. El equipo que gana dos listas (o una y el desempate) llega a la lista final.

Ahí está el dinero. Un tema para una lista con 15 peldaños. Cada tres aciertos supone dinero (pueden plantarse y “pa’la saca”, o arriesgar y seguir). El máximo, al completar las 15, es de 25.000 euros. (A repartir entre los dos, y después del picotazo de Hacienda –algo que nunca se dice cuánto es-).

No es sólo cuestión de tener conocimientos. A veces, hay que lanzar un farol, pujar por una lista, y saber cuando hay que cederla a los rivales. Otras, tu compañero parece muy seguro de una respuesta, pero mete la gamba y os arrastra hasta el ridículo. Otras, la lista es fácil pero uno no cae en lo evidente y se lía solo.

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Ese presentador

Daniel Domenjó

Daniel Domenjó, periodista y ex presentador de informativos, es el presentador de La Lista. Es un tipo simpático, sin llegar a ser plasta, que ayuda bastante a los concursantes, aunque a veces ellos no lo perciban.

En contra de Daniel, están sus incontables errores con los nombres de los concursantes, su confusión con el número de lista que toca, o no recordar ni el premio que llevan acumulado los campeones.

Estos errores son debidos, a mi modo de ver, a dos posibilidades:

a) Como ex presentador de informativos, Daniel demuestra que sin un teleprompter para leerlo, se pierde.

b) El ritmo de grabación de programas es tan alto, que Daniel ve pasar a decenas de concursantes, con decenas de nombres, cada mañana y ya no sabe ni cómo se llama él mismo.

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La lista: grandes momentos

El gran momento de La Lista fue el día que un concursante, carismático e ingenioso, dijo, antes de saber el tema de la lista final, que había soñado que le tocaría: Canciones de La Oreja de Van Gogh.

Y le tocó.

Por suerte el tipo tenía en su casa el primer disco de la banda, y no sólo fue capaz de decir 15 canciones, sino que era capaz de tararear algunas.

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En el otro extremo, están una pareja de concursantes que no supieron decir más que tres canciones de los Beatles. Uno que fueron incapaces de decir una sola película de los Hermanos Marx. Y mi momento de descojone total: cuando una pareja de opositoras a Fuerzas de Seguridad del Estado dijeron, tan tranquilas, como primer país de la Commonwealth británica a… ¡Francia!

Plató de La Lista

El éxito de La Lista es evidente. Empezó con dos parejas aspirando llegar a la lista final. Ahora ya hay dos listas finales cada día. Y últimamente he detectado que incluso hay un corte de publicidad (y si algo tiene publicidad, es que tiene audiencia. De todos es sabido que los programas de más audiencia son aquellos que se fragmentan entre la retahíla de anuncios).

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The Island of Death es un documental acerca de la batalla por la isla de Iwo Jima. Cuenta con declaraciones de supervivientes (de ambos bandos) y con imágenes de archivo de la isla, y la batalla.

Iwo Jima es un islote sin valor alguno que durante la guerra del Pacífico se convirtió en objetivo americano: desde la isla sería fácil despegar los B29 para bombardear Japón.

Los japoneses que se lo vieron venir, la señalaron como su última defensa. Mucho antes que los aliados pensaran en tomar la isla, varios destacamentos japoneses fueren a prepararla para su defensa. Excavaron centenares de túneles para fortificar, por debajo, una isla que por no tener, no tiene ni agua potable. Si excavar la piedra ya era una tarea titánica, más lo fue cuando los americanos desembarcaron.

Estados Unidos había planeado tomar la islita en cinco días. Tardaron 5 semanas.

Los japoneses eran menos, no tenían refuerzos, no tenían víveres ni agua, y no tenían, por orden expresa de su gobierno, posibilidad de rendirse. Era una batalla pérdida de antemano, y debían luchar hasta el final. La rendición, la deposición de las armas al enemigo, o incluso el suicidio, estaban prohibidos. Debían luchar, y con la lucha, retrasar todo cuanto pudieran el avance aliado.

De la tomadura de la isla por parte americana, hay la famosa fotografía, tomada por Joe Rosenthal, de la bandera en el monte Suribachi, pero eso no significó el final de nada. Los japoneses que habían sobrevivido –bebiendo agua con barro, comiendo gusanos- seguían en los túneles. Para alargar esos víveres, echaban de los túneles a sus compañeros heridos, para que fueran capturados por el enemigo o murieran a su suerte. Los supervivientes cuentan de compañeros suyos que salieron de los túneles manos en alto, dispuestos a rendirse, y del oficial japonés que corría detrás para matarlo por traición. De cómo se escondían de día bajo un montón de cadáveres, y cómo se debatía, en los túneles, cuál era el método más “humano” de rematar a los moribundos (para ahorrar balas, granadas, comida y agua).

Los americanos intentaron hacerlos salir de los túneles con promesas, luego con bombas de humo lanzadas a los agujeros, más tarde con granadas (que a menudo derrumbaban la salida, sepultándolos con vida), y finalmente, echando agua con gasolina que vertían en los agujeros, y que luego prendían con los lanzallamas.

En los noticiarios japoneses, como en los informativos del Tercer Reich, los boletines de guerra eran muy diferentes a la realidad. Los valerosos soldados del emperador luchaban con honor y tenían victorias contra los aliados. Cuando la derrota fue imposible de ocultar, se selló con una “derrota con honor”.

¿Es honor negar a un soldado la posibilidad de rendirse cuando la batalla ya está perdida?

¿Es honor mandarlo a morir a una isla con el único fin de retardar una derrota inevitable?

Los supervivientes, hoy ancianos octogenarios, recuerdan con dolor aquellas vivencias. A su modo, todos honran a sus compañeros y reflexionan sobre lo aterrador que resulta reconocer que todo aquel sufrimiento no sirvió, ni podía servir, para nada. Era imposible mantener Iwo Jima, como era imposible que el VI Ejercito nazi saliera del cerco de Stalingrado.

Las órdenes del alto mando japonés y de Hitler eran igual de locas: prohibido rendirse, morir luchando.

Aún hay unos 10.000 soldados japoneses en Iwo Jima, tirados allí donde murieron. Desaparecido en combate, sin ser devueltos a su casa, con sus familias, cadáveres sin exhumar de una de tantas batallas inútiles ordenadas por fanáticos y sufridas por seres humanos.

Gran trabajo el de este documental.

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TERMINATOR: THE SARAH CONNOR CHRONICLES

Cuando ya parecía que el limón de TERMINATOR estaba del todo exprimido con la nefasta y vacía tercera parte de la saga (T3: La Rebelión de las máquinas), la cadena FOX produjo la serie de tv Terminator: The Sarah Connor Chronicles.

THE SARAH CONNOR CHRONICLES

Hoy se estrena en Tv3 (22:50, justo detrás del programa de más audiencia de la cadena (POLONIA)).

La primera, y de momento única, temporada sólo tiene 9 episodios, de 60 minutos.

http://epguides.com/SarahConnorChronicles/

Aunque soy fan del producto (Terminador 2: El Día del Juicio Final me sigue pareciendo una de las mejores películas de acción y ciencia-ficción que se han rodado jamás), tengo serias dudas sobre esta serie.

Más que al maquinal gobernador Arnold, echaré de menos a Linda Hamilton, la actriz que dio vida a Sarah Connor, y un precursora de la oleada posterior de “tías macizas y armadas” (Lara Croft, por poner un ejemplo).

Pero como tener prejuicios es feo (humano, pero feo) esta noche veremos el episodio piloto y reflexionaremos.

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Reflexionemos aquí (Crítica completa)

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Hoy he salido de casa a las 14:40. Tenía cita a las 15:00 en el taller mecánico; bueno, yo no, el coche. Nada grave, rutina kilométrica. Había pedido hora por la mañana. He llamado dando mi nombre oficial. Me suena extraño cuando me oigo decirlo. Me molesta, es cierto.

A las 15:00 en punto se ha levantado la puerta. Yo estaba allí, apoyando contra el coche, con un libro en las manos. Me ha dicho que ya podía entrarlo. Le he pedido al empleado que lo hiciera él. Tengo pánico al ridículo. A ese ridículo de “virilidad” como no saber entrar un coche en un taller en cuyo suelo hay una zanja de metro y medio en la que si metes el coche ya no lo sacas.

Mientras trabajaba, me he quedado fuera como un padre fumador en la sala de espera de los partos. Leía, o interpretaba el papel de Jess (Gilmore girls…) leyendo. Me atrae ese personaje, quizás ahora más que antes, cuando la comparación con el Peter de HÉROES es inevitable. He releído dos veces la misma página hasta que me he metido en serio en la narración. Estoy leyendo Hammett, “El halcón maltés”. Leo a Sam Spade y veo a Bogart.

También he pedido que lo sacaran. Lo ha hecho. Lo ha dejado arrancado y medio subido sobre la acera. Así, de cualquier viril manera. Me ha dicho que ya estaba. He pensado en encajarle virilmente la mano, pero no ha surgido la oportunidad.

He dado una pequeña vuelta hasta dar con una plaza de aparcamiento a la sombra. He salido con el libro y me he ido a un banco también a la sombra, en un parque infantil vacío. He leído dos capítulos más. Tres en toda la tarde. A las 16:30 tenía que ir a buscar las notas.

A las 16:00 me he levantado del banco y me he metido en el coche. He hecho varías vueltas hasta la biblioteca. He aparcado delante, al sol. 10 minutos, me he dicho. Me he llevado en préstamo los siguientes dvd’s:

  • El sueño eterno” con Bogart y Lauren Bacall
  • Inocencia y juventud” un Hitchcock que empezaba
  • Qué verde era mi valle” película de Ford que FRASIER alquila un día que va al videoclub
  • El gran dictador”, una edición especial (2 dvds) con contenido extra y documentales.

Todo ello se suma a lo que me llevé el pasado lunes de la biblioteca de Malgrat:

  • Matar a un ruiseñor” con Gregory Peck
  • Arsénico por compasión” Cary Grant recomendado por mi bibliotecaria favorita.
  • La gata sobre el tejado de zinc” [caliente] con Paul Newman y Liz Taylor
  • Y “Cayo Largo” Bogart, Bacall y Edward G. Robinson.

He salido a las 16:24.

He llegado al instituto a las 16:36.

Dos compañeros de clase ya estaban ahí, a juzgar por sus vehículos aparcados. He subido arrastrando los pies por unas escaleras sucias y con restos de comida “pica-pica”. Estaban todos en el departamento. He saludo en general y sin mirar a nadie. Me han dado la hoja con las notas. Las he mirado pero no las he visto. El mejor profesor que he tenido en toda mi vida se ha percatado delante de mí que ha habido un descuido con las asignaturas que ya tenía convalidadas, pues las notas ahí no aparecen. Me ha dicho que tengo que volver el lunes, por la mañana, a secretaria. Aún así la tutora me ha firmado la hoja. ¿Por qué las ha firmado delante de mí? ¿Acaso creía que iba a pensar que usa una máquina para firmar autógrafos como Geena Davis en SRA PRESIDENTA?

Me he situado en un rincón, con la espalda pegada a un armario, procurando pasar desapercibido. No sabía muy bien qué demonios hacía yo allí. 3 de los 4 profesores se han acercado para hacerme notar que he aprobado el CRESI (el proyecto final), he vuelto a mirar la hoja por respeto y me he fijado en la penosa nota. Una de esas hipocresías finales, puntuada alta adrede para que no destaque con las otras notas (altas: 7,8,9). Me ha parecido penoso. Pero ellos esperaban algún tipo de reacción favorable. Como una tía lejana que trae un regalo un sobrino que apenas conoce. He intentado una tímida sonrisa, pero creo que sólo me ha salido una mueca de asco. “¿A qué es mejor ahora que te lo has sacado de encima?” me ha preguntado mi tutora del proyecto, morena de solarium, con una pulsera en el tobillo, y un piercing discreto en la nariz.

No sentía ninguna satisfacción.

Y haber aprobado tampoco ha sido ninguna sorpresa. Esperaba un 5, un 6 me hubiera parecido ya patético por su parte, pero la nota que me han puesto es aún más alta. Lo dicho, para que no destaque, se ha equiparado a la media.

He dicho que sí, para que se relajaran. “Qué bonito jersey que me has traído, tía Enriqueta”.

Me han preguntado qué haría ahora.

Como si tuviera alguna idea de algo.

Como si hubiera alguna seguridad que al salir de allí, o mañana, no iba a tirarme por el puente.

El “no lo sé” me ha salido sólo. Mientras, pensaba que quería irme de allí. No estaba a disgusto, ni molesto, pero aquello me aburría. Han transcurrido varios minutos en que los han dedicado a mis compañeros. A los que yo veía lejanos, como si me hubiese equivocado de clase, y sólo compartiéramos profesores. Ha llegado el último compañero. He mirado el reloj. Qué sopor. Aún han pasado varios minutos. Largos y aburridos. Yo miraba la puerta y el pasillo y no hablaba con nadie. ¿Acaso tenía algo que decir? Estábamos todos allí, en un peculiar circulo humano de buenas caras y charlas banales, en un departamento de informática. El cubo de basura estaba lleno, y lo que no cabía, papeles y cartones, se había embutido en una caja cercana. Al final, un profesor ha propuesto ir a tomar un café. “Si ¿no?”, han dicho. Hemos ido saliendo. Miruru que bajaba detrás de mí, me hablaba. No a mí, es decir, no me decía nada concreto ni particular a mí, sino que hablando en voz alta buscaba mi complicidad. No he sabido que decir. Sólo aquella sensación de vacío, de estar donde no debía. Al salir, se ha acercado hasta su coche para dejar unos libros, yo me he dirigido al mío.

-¿Te vas?

-Sí.

Y me he ido.

“A la francesa” como dicen en Tintín. Sin despedidas, sin saludos, sin encajadas, sin buenos deseos, sin agradecimientos,… Antes era capaz de estas cosas. Ahora ya no.

Al llegar a casa, he merendado algo. Mi madre ha adivinado que había ido a buscar las notas. Por mi aspecto ha pensado que no han ido bien. He tenido que decir que no, que bien, que como siempre. Pero hasta que no las vea, no estará tranquila, pero tampoco me las pedirá jamás.

Ella quería ir a comprar con mi padre, pero antes, estaba viendo el final de una telenovela. Me he quedado con ella en el sofá. Aparecía una chica llamada Iluminada que charlaba con una señora a la que llamaba Doña Perfecta, y ese parecía ser su nombre real. He recordado mi llamada al taller, dando mi nombre:

-Iluminado Perfecto.

Cuando se ha ido, antes que se hubiera acabo la novela, porque mi madre es una mártir y se autosacrifica siempre, incluso cuando no hace falta. Mi padre no tenía prisa alguna, hubiera podido acabar de ver la telenovela en paz. Pero no, ella es así. Y qué yo se la grabase, “ni hablar”. Como si lo suyo no fuera “digno” de ser grabado. Cuando se ha ido, he dejado que terminase la novela, y he visto el final de “La noche de los muertos vivientes”. Me ha gustado el final. Es lo mejor del film, que por otra parte parece un especial de “Bricomanía” en blanco y negro (ya que se pasan la película clavando tablones en las puertas y ventanas y moviendo y desmontando muebles). Me ha gustado más que “La matanza de Texas”, aunque no sé cual de las dos me parece más mala, quizás la matanza, porque encima es machista. De los muertos vivientes también me gusta que el último que queda vivo sea el hombre negro. La película es del 1968, y ayer vi “Matar un ruiseñor” que es del 1962 (aunque se sitúa antes) donde el hombre negro es juzgado y sentenciado por una localidad donde imperan códigos racistas.

Al acabar, he fichado la peli en mi libreta de pelis vistas. Es la número 45 del año, y la que hace el número 1.040 desde que empecé a anotar películas, el día de año nuevo del 2000.

Luego he puesto música de Jacques Brel y he escrito el primer texto de 400 palabras para el blog “Los 400 golpes” que he creado en GrupoBuho. Nadie comprobará nunca que sean, realmente, 400 palabras y ni una más. Pero he retocado el texto hasta dejarlo en 400 palabras exactas.

Leo Benacker

15/6/2007

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