Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘relatos’

Libros en televisión: PÁGINA 2

Se emite los domingos alrededor de las 20:15 en La2. Lo presenta Óscar López (ataviado con una simpática camisa de publicidad del propio programa).

En su programa inaugural estuvo Carlos Ruiz Zafón, y se habló del tema de los best-sellers. Desde entonces, han sido fugazmente entrevistados: Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte, Noah Gordon, Ken Follet, Isabel Allende o John Boyne (el autor de: El niño del pijama de rayas).

También han pasado por el programa: Almudena Grandes, Rosa Montero, Laura Gallego, o Quim Monzó, Enrique Vila-Matas, y Eduardo Mendoza. Y me dejo muchos.

.

Unas píldoras de entrevista son el núcleo del programa. Otras secciones fijas son: la relación cine-literatura (con la crítica de cine Desirée de Fez), un ranking de los más vendidos (dichosa manía ésta de divinizar las ventas), y los gustos lectores de un personaje popular (Buenafuente, el Gran Wyoming, Olga Viza,…). No faltan una sección de recomendaciones, y otra de propuestas literarias repartidas por toda la península (clubes de lectura, certámenes literarios, exposiciones, conferencias, etc.)

.

El programa también tiene web:

http://www.pagina2.es/

Y un concurso donde los espectadores atrevidos pueden mandar textos.

.

.

Read Full Post »

Esta anécdota ya la he contado varias veces:

Yo iba a un peluquero parlanchín que al enterarse que escribía (agh) le dio por interesarse por mi “obra”. Es difícil hablar de lo que escribo, hasta el punto que creo que al hacerlo, lo desmerezco. El caso es que, con las tijeras tras mis orejas, ese buen hombre me expuso su teoría acerca de las historias. (Relatos, novelas, películas,… en el fondo son todo historias).

Una buena historia, debe tener una introducción, un nudo y un desenlace”.

Este esquema clásico, me pareció cruel. Un molde para el que la mayoría de mis “cosas”, era extraño. Si aquello era lo bueno, lo mío era ¿malo? Decidí cambiar de peluquero.

El teatro suele tener este esquema. Shakespeare (escoged la que queráis) tiene este esquema. Y luego está Strindberg. Eso no tiene final… no hay final al caer el telón. Cae porque tiene que caer, pero la cosa, la historia, podría seguir (y sigue, aunque no la veamos). Todo el mundo conoce Shakespeare, aunque no lo hayan leído nunca. Hasta hace dos meses no tenía ni idea de quien demonios era Strindberg. Quizás no significa nada… o quizás sí.

Hace poco colgué por ahí un texto que me parece ingenioso y bueno. Era de uno de mis temas recurrentes: el asesino cotidiano. Un ser humano de lo más normal y corriente, que comete atroces actos. El texto arrancaba con el abuso del cuerpo de una chica (a la que acababa de matar), y enseguida saltaba a su vida conyugal, una vida de pareja compenetrada y feliz. Incluso me permití un chiste macabro.

Es bien cierto que cada lector lee su propio libro, su propia historia. Y que muchas veces no tiene mucho que ver con lo que el autor escribe (y ya no digamos con lo que el autor tiene en la cabeza).

Las reacciones a mi texto fueron de lo más dispares. Algunas realmente asombrosas. Alguien me comentó incluso que le parecía original la charla con el bebé. ¿Qué bebé? Ò_Ó

Ni por temas, ni por estructura narrativa, lo que escribo será nunca demasiado popular. Melusina decía que yo siempre buscaba temas escabrosos y truculentos, y que eso apartaba a “la masa” de lectores. Y Darthpitufina sigue manteniendo que para mucha gente “la muerte” es un tema tabú, incluso en relatos de poca monta. Un editor soltó en una entrevista: “El recuerda que vas a morir, no vende”. Pues estamos apañados.

Estas dificultades (aparte de las neuras propias), me llevan a menudo a la sensación de incomprensión. Y más aún, en si debería esforzarme en intentar hacer entender mis cosas. Es decir: explicarlas. Si mis textos son juegos de magia, explicarme sobre ellos equivaldría a enseñar el truco. Pero si el único fin de escribir es salirse de uno mismo y encontrar comprensión, ¿qué futuro espera, si el mensaje recibido por el lector es erróneo?

Como siempre, en caso de dudas, acudo a mis Maestros.

Kubrick jamás daba ruedas de prensa para hablar de sus películas: “Lo que tengo que decir sobre la película, está en la película.” Algo semejante decía Sir Alfred, cuando un actor le preguntaba acerca de su personaje: “Lo que tiene que saber está en el guión”. ¿Y la motivación?, preguntaba el actor, a lo que el ingenioso Hitchcock le respondía: “la motivación debe buscarla en su sueldo”.

Quizás fuera Goethe que decía: “Hablar sobre escribir, es no escribir. La gente que escribe no tiene tiempo para hablar de lo que va a escribir o de lo que ha escrito, está escribiendo.”

Touché

Read Full Post »

Soy un tipo de rutinas. Cuando voy a echar gasolina al coche, me detengo siempre en el mismo surtidor, y desde que me hice con la tarjeta de puntos Club CEPSA –hará un par de años ya- voy, casi exclusivamente, a la misma estación de servicio.

Cepsa

La estación está situada a la entrada de Tordera, en la nacional II.

Hace unas semanas, al detenerme frente al surtidor, marcar la cantidad y sacar el dispensador, una voz celestial me advirtió que ese surtidor funcionaba ahora en modo “prepago”. Antes de llenar, paga.

Es un estilo de autoservicio que funciona en muchas otras gasolineras, así la gente no se va sin pagar.

Fue una pequeña revolución en mis hábitos, pero me conformé.

Ayer fui a llenar el depósito del Peugeot 205 de color rojo (es el vehículo que me ha sido asignado, desde que mi padre conduce exclusivamente su rimbombante 4×4 (la marca del 4×4 es el nombre de la asistenta y confidente de Madame Butterfly –consulta Google en caso de curiosidad-). Había bastante gente alimentando sus vehículos. Me situé en “mi” surtidor, justo detrás de un vehículo marca Audi A4

(nota: a mi los coches y sus marcas no me interesan, me resbala el tema, pero para exponer lo que pretendo, debo haceros partícipes de los detalles técnicos).

El buen hombre del Audi A4 azul oscuro, estaba llenando ya. Mientras el tipo mantenía la manguera enchufada al vehículo yo rebusque el dinero y la dichosa tarjeta de puntos –que se presenta al pagar, y por la que acumulas puntos a cambiar por idioteces-. El hombre estuvo un buen rato. Luego, colgó el dispensador, y se fue hacia dentro a pagar.

¿A pagar?

– Vaya –recuerdo que me dije-, han quitado el modo de prepago.

El tipo del Audi A4 salió, se metió en su vehículo, arrancó y se fue. Avancé con mi Peugeot 205. Me detuve. Baje. Abrí el tapón. Marqué la cantidad. Saqué el dispensador y…

– Este surtidor está en modo prepago. Pase por caja primero…

Me dirigí a la caja con la mosca tras la oreja. Me olía lo que pasaba pero no quería pensarlo.

– Así que ahora es de prepago –dije

– Sí. Así la gente no se va…

– A veces es de prepago y a veces no –apunté, mirándolo a los ojos.

– El 1 y el 3 son de prepago, son los que quedan más lejos de la caja…

– Pues yo siempre voy al 1, costumbre…

Y entonces, el tipo se traicionó.

– A veces lo abrimos, si vemos… si conocemos…

¿Hace más de tres años que vengo, mínimo una vez a la semana, y no me conoces, carcamal?

Por abrir, es evidente, se refiere a que –desde la caja- pueden bloquear o desbloquear el prepago del surtidor.

Y la conclusión es que si llegas con un coche de gama alta, por ejemplo un Audi A4 y vistes traje y corbata, encuentras el surtidor dispuesto a servirte.

Si llegas con un Peugeot 205 cubierto de polvo (hace tiempo que no llueve, y yo ahorro agua) te encuentras el mismo surtidor en prepago.

Bueno es saberlo, ¿no?

El tipo se dio cuenta de lo que estaba pensado, y me regalo un bolígrafo de publicidad. Por orgullo debí rechazarlo, pero mi tendencia con el caballo regalado es no mirarle el dentado, así que me lo “embolsillé”.

Pero me sentí Lisa Simpson.

Me refiero al episodio en que una nueva alumna llega al colegio, es tan inteligente –o más- que ella, lo que las convierte en rivales. Cuando Lisa Simpson visita su familia, y el padre le propone jugar a los palíndromos. Lisa resuelve uno simple, y el padre le dice:

– Mira, ¿quieres esta pelota? La puedes hacer botar.

– ¿Quiere un bolígrafo de publicidad?

¬_¬

Read Full Post »

Aunque escribo para mí, pues soy el único que sé que me lee, el único que me analiza y me valora, el único que siempre me propone mejoras, sin esperar nada a cambio, aunque escriba para mí, decía, hay un océano de necesidad ajena que me palpita.

Si no recibo comentarios, ni reacciones, de la gente que me importa o de los desconocidos, me quejo.

Si el comentario es “escribes muy bien”, me quejo.

Si alguien toma tiempo y molestia en reflexionar sobre algo mío, me agrada un instante, y luego, fugaz, pienso: “bueno, pero he escrito más cosas”. Y deseo fervientemente que también explore esos textos.

Creo que hay en mí una necesidad de reconocimiento de mis “obras”, de mis “porquerías”. Para que luego pueda usarlo como bandera contra mi pasado, y contra ellos y decir, con sorna: ¿veis? ¿Veis como tenía razón?

Y haber logrado así, con ese reconocimiento, cierta meta final a una existencia pueril y dolorosa. Encontrar, al final, una razón luminosa para tragarme toda esta oscuridad.

Creo que mi única “obra”, la única que haré en la vida, es “toda la obra”. No es que escriba una y otra vez lo mismo, sobre lo mismo (que lo hago); es que todo son pequeñas piezas de una única cosa. Obviamente yo, ¿no?

Entonces, quizás, no tenga nada que ver con la “escritura”, sino conmigo.

No escribo para “escribir”, sino para exponer lo que soy, con la esperanza ciega, de encontrar a alguien que lo entienda, que lo comprenda, y dejar de estar solo.

Lo que escribo no es fácil, dicen.

No escribo para entretener a nadie, no te cuento una historia. No sé nada de personajes, ni escenarios, ni diálogos, ni técnicas narrativas. No se nada de “escribir”, en realidad.

Escribo por necesidad.

La mayoría de veces, escribir es mi forma de hacer daño. De escupir veneno. No son tintes mesiánicos revolucionarios, no es “despertar al borrego”, sino que todo es mucho más sucio y egoísta, arrastrar al lector a mi pozo.

Es decir, dejar de estar solo (otra vez).

Debe ser esto, pues.

Read Full Post »

Está claro que el complot de gritos de mis vecinos no me dejará escribir. Desvió la cabeza y contemplo el desatino que se repite en ese jardín descuidado y salvaje. La distancia que me separa de ellos es físicamente irrisoria, pero estamos en mundos diferentes.

Todo empieza con el abuso que el padre hace del claxon del coche; empieza a tocarlo al torcer la plaza, con el único objetivo que alguien le abra la puerta. Un acto que siempre me ha parecido de servidumbre. Por lo general, la esposa, la suegra, y su hija le ignoran. Así que al detener el vehículo, al claxon se le suman vulgares improperios. Es la esposa quien se suele humillar a abrirle la puerta.

Una vez dentro, en el patio de la casa, los insultos, las vejaciones y las vulgaridades verbales siguen. La esposa, a su vez, le responde a grito tendido. Ella suele dejar la batalla de insultos en busca de algún quehacer que abandona en unos minutos, y él, busca una botella, y sigue gritando hasta que el pantano de licor le nubla la mente, y le entorpece la lengua.

La suegra, en el otoño de la vida, ha optado por arrancar manojos de hierbas en el rincón más alejado del jardín y fingir que nada ocurre. Y la niña, una criatura cebada a gritos y a comida grasienta, tiene, a los seis años, la barriga del padre, la cara neumática de la madre, y unos conceptos aprendidos la mar de dañinos. A veces, jugando con su hermanito, un bebe rechoncho, adopta el rol de madre, y le grita o le lanza puñados de arena con el único afán de provocarle el llanto. Esto a su vez, provoca más gritos por parte de la madre, un ballenato que pasea todo el verano con un bikini sujetado con imperdibles, quejándose de dolores de cabeza y lo “enferma” que le pone su hija.

Intuyo que tal actitud es un recurso anti depresión, para desahogarse de la humillación del marido. Así, la mujer repite en su hija la misma escena, y luego se sorprende, de los ataques de ira y llanto animal de la niña, que no hace más que imitar lo que ha visto.

Todo ello ante mi mirada indiferente. Al terminar el número circense, vuelvo a mis tareas.

Leo Bennacker

Más: http://www.grupobuho.es/blogs/Leo_Bennacker

Read Full Post »

Una de las razones por las que no soy propenso a participar en certámenes literarios (y haberlos hailos) es por el terror a malgastar papel.

Todos los certámenes o concursos piden en sus bases, tres, cuatro, cinco o hasta siete copias de la obra. Piden que esté escrito por una sola cara, y a doble espacio. Estas condiciones me parecen un atentado.

Quizás este sea un mecanismo del inconsciente motivado por la percepción de fracasar. O el terror a ganar. La constatación, en cualquier caso, que este mundo imaginado que pulula en mi mente alrededor de “escribir” es solo eso: un mundo imaginado. Y que cualquier paso, hacia delante o caída, en la vida real puede reventarme el único sueño real que tengo.

Yo no soy propenso a imprimir lo que escribo. Alguna tarde, en un alarde de locura, bajo la impresora (no tengo la impresora conectada al ordenador, ¿para qué?), la enchufo, y –no sin dolor- malgasto hojas, ensuciándolas con mis miserias.

Quizás sea un miedo paranoico a gastar. Hojas y tinta. Es lo que tiene ser pobre. Te vuelves ahorrador hasta extremos delirantes y anormales, como esos usureros judíos que pintaban los nazis.

Para imprimir no utilizo hojas en blanco. Toda la publicidad que llega a casa: esas cartas en que te premian por algo que desconoces, esa propaganda de bancos y cajas de ahorros, esos folletos informativos de cortes eléctricos, todo, en definitiva, lo que tenga un lado en blanco, o una porción imprimible, lo guardo en una carpeta. Como cualquier otro obsesivo-compulsivo he llegado a acumular cantidades exorbitantes de papel. Nunca es suficiente, pienso.

Leo Bennacker

Read Full Post »

El viento sopla como si quisiera llevarse el mal del mundo. Brel pide que no le dejes. Y yo, yo noto pesadas las flexiones. Los primeros ocho textos para LOS 400 GOLPES han surgido en 10 días (domingos, descanso). ¿Eso es un logro?
Hay uno que me gusta especialmente: “Carta de un asesino feliz“.Nadie me obliga a seguir las palabras del juego de Cuentanet, y menos cuando son palabras propuestas hace…¡2 años! Pero… Si alguien ve la serie MONK, recordará que Adrien Monk necesita tocar todos los postes del camino para avanzar.

Las palabras de la novena semana del juego, ya las usé. Fue durante el verano del 2005. Había empezado a publicar allí AZPring o el abecedario; y el foro era un juego y a la vez una forma de llamar la atención y atraer lectores hasta mi “rincón”.

Usaré los textos de entonces. No puedo colgarlos sin más, siento la necesidad de revisarlos. ¿Por qué este perfeccionismo enfermizo? Es mucho más fácil escribir de cero que revisar,…

Llevo 2 semanas con el Fanfic de los nibelungos encima de la mesa. Lo escribí para el fotolog el verano paso, paso sin pena ni gloria. La subiré aquí, en FICCIONES. Revisado antes, claro. Terrible es revisar.

Rescribir no es volver a escribir, sino volver a pensar.

Read Full Post »

Older Posts »