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Harry Potter y la cámara secreta

(2002) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

La segunda película de la saga la vi, para mi desgracia, por televisión. En un canal que no ofrecía la posibilidad de verla en versión original. No es que sea un quisquilloso de la V.O.S, pero aquí el trabajo de los dobladores de dos personajes (Hermione y muy especial Ron) es simplemente NEFASTO.

La voz de Ron parece la de un atontado cansino. Inexpresivo y molesto.

La historia, la más floja de la saga, no se salva en la película, que tan sólo toca los nudos importantes por encima. Todo queda bajo la impresión de estar sujeto por la fama de los libros o por la propia corriente de Harry Potter como marca a vender.

Actores

De los nuevos, dos sonrisas:

Kenneth Branagh, nos ofrece una simpática e histriónica personificación de Lockhart, el fantoche guaperas; brilla en especial en el duelo contra Snape. Un buen actor que cumple, sin aparente esfuerzo, con su personaje, reducido en la película a un papel bastante secundario.

Dobby. Pues sí. No soy muy propenso a los monigotes creados por ordenador, y sinceramente me esperaba un esbirro mal diseñado de obligada aparición, pero reconozco que tiene su personalidad bien definida y resulta consistente.

De los nuevos, cosas raras:

Lucius Malfoy

Lucius Malfoy parece sacado de un disco de Rhapsody o Hammerfall. Una guitarra eléctrica o un bajo le serían más normales en sus manos que la varita o el bastón de alta nobleza que lleva.

Los padres de Ron. Extraños los dos. Me esperaba un señor Weasley más gordito, más calvo y más humano; queda reducido a un mero funcionario con apenas dos frases. A la madre Weasley le falta, precisamente, la maternidad. No convence como madre de su prole y casi adoptiva madre de Harry.

Los conocidos:

El trío maravilla: Harry-Hermione-Ron

Los tres demuestran tener más controlado su personaje y se mimetizan más con él. Aquí ya sí que Daniel, Emma y Rupert son –respectivamente-, Harry, Hermione, y Ron.

Snape. Hay dos o tres momentos, en que ese fenómeno llamado Alan Rickman devora la pantalla con su verborrea. Una fuerza extraordinaria te desvía la mirada cuando aparecen “los profesores”, y lo buscas, y te das cuenta que por encima de lo que ocurre, estás buscando –y esperando-, la frase, el rostro de Snape.

Dumbledore. Sigo en mis trece y no bajo de mi burro. Richard Harris no me convence.

Fred y George (muy creciditos los dos) quedan reducidos a penas dos momentos, y su rutilante –y en el futuro odioso- hermano Percy, completamente eclipsado.

A diferencia del libro, en las dos películas que llevo de Harry, percibo que el actor que encarna a Draco grita por salir, por tener más protagonismo y para regodearse en su maldad –es lo que hacen los malos-, pero la camisa de fuerza que le impone la autora, le impide explotar. Su peinado no se altera ni cuando se estampa contra el suelo del campo de quidditch.

Hablemos de Ginny

Cuando el personaje protagonista del núcleo de la historia apenas aparece, apenas tiene texto, y su mayor logro es despertarse tras un desmayo y confesar haber sido manipulada, ni la mejor actriz podría lograr darle demasiada vida. Ginny está porque debe estar. Y la actriz –sin parecer una Weasley-, dice lo que debe decir. Sin que su actuación nos diga nada.

¿Y Tom Riddle?

Surgido de las páginas –literal- del diario. Tom es un tipo sin personalidad alguna. En la saga no será hasta dos o tres libros más tarde –y muchas sesiones de pensadero- en que nos encontraremos con la amplitud –y complejidad-, del chico que de mayor será Lord Voldemort.

Instantes flojos:

El coche volador. Hay mucha diferencia entre leer acerca del vuelo en el coche, y ver –lo ridículo, y casi de Mary Poppins- el dichoso coche volador en la pantalla.

Aragog y las arañas. “Sigue a las arañas”, y uno intuye que seguir a una araña es algo muy lento, pero la concentración de arañas que aparecen en la escena, es tan descabellada, que parecen secuencias extra de películas de terror con bichos.

Ese basilisco. La lucha contra la serpiente del water es una parte atrayente de la novela. Aquí, se resuelve con demasiada facilidad y sin que el peligro del bicho llegue a ser palpable.

El mejor momento de la película es la secuencia del club de duelo. Desde que arranca con el enfrentamiento Snape-Lockhart, el posterior Malfoy-Potter, y su final, con los dotes lingüísticos de Harry con el lenguaje de las serpientes.

Snape duel

La impresión final es que ni el más flojo de los libros de la saga encaja bien, y del todo, en su traslado a la gran pantalla. Eso sí, resulta bastante entretenida.

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Harry Potter y la orden del Fénix

“Deja de hacerte el incomprendido, Harry…”

Harry Potter y la orden del Fénix es un bloque de hormigón de 900 paginas y de un peso descomunal que hace imposible su lectura en posición horizontal (en la cama, en el sofá) a no ser que el lector se sitúe encima del voluminoso libro, de lo contrario, la posibilidad de morir aplastado o de sufrir graves daños en los brazos es más que probable.

Harry Potter y la orden del Fénix es mi favorito (hasta ahora). Me parece el mejor de los cinco, el más redondo y compacto, el que menos relleno intrascendente tiene (¡900 páginas sin relleno!), el más bien llevado. Lo dicho: mi favorito.

Es cierto que los primeros capítulos son un poco recargados, la charla en la cocina de los Dursley con la incomprensión de Tío Vernon, se hace molesta, pero enseguida empiezan las aventuras, y la gran trama avanza sin cortes, sólo con algunas pausas que enriquecen y profundizan en la historia.

Harry Potter es un borde. Y lo es de una forma preocupante. Este chico necesita, o más chocolate o relaciones más íntimas con una pareja (Cho es una llorona, y pese a las justificaciones creo que acertadas de Hermione, Cho sigue siendo una llorona frívola) porque el estado de cabreo permanente, de agresividad latente, es hasta molesto. Este chico salta más deprisa que una trampa para ratones, y su verborrea asusta, asusta e intimida a sus amigos:

“Sentía un sádico placer al dar a los otros la oportunidad de seguir hablando de él, como sin duda debían de estar haciendo.”

Fíjate tú, lo lejos que llega la maduración o evolución de un personaje, hablo de Neville, por supuesto. Empezó siendo el patoso, y al terminar el libro uno se pegunta cómo hubiera sido todo si el sello relámpago no lo tuviera Harry, sino él.

Mi principal queja a la autora es el poco uso que hace del personaje con el mejor nombre que ha inventado jamás (¡Mundungus!). Por supuesto es Mundungus. Esperaba más de un personaje con semejante nombre.

Como ya es habitual, la autora abraza en la historia a personajes de los libros anteriores; aquí quedan un poco apartados (ocupados en la Orden) Ojoloco Moody, y Lupin. Pero se le agradece que sepa prescindir de personajes como los participantes extranjeros en el Torneo de los Tres Magos (Krum y Fleur, son mencionados sólo de pasada).

Dolores Jane Umbridge se convierte pronto en el personaje más odioso de toda la saga, mucho más que el propio Voldemort, que en la orden del Fénix está presente siempre, pero no aparece hasta el final (¡como debe ser! Si le vemos actuar tanto como en el cáliz de fuego luego no parece tan terrible). La Lunática Lovegood, me la miro con simpatía pero Severus Snape sigue siendo, y ahora quizás incluso un poco más, mi personaje favorito. Me haré una chapa “Pro-Snape” y que brille en la oscuridad.

Aunque menos, el libro también tiene algún guiño de humor:

“- ¿Y de qué nos va a servir la teoría en la vida real?

“- Esto es el colegio, señor Potter, no la vida real.

Y como ya va siendo habitual, el gran Albus Dumbledore, nos regala perlas de sabiduría en su charla explicativa final:

“Ese dolor significa que eres un ser humano, Harry”

“Los jóvenes no podéis saber cómo piensan ni cómo sienten los ancianos, pero los ancianos cometemos un error si olvidamos qué significa ser joven”

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Harry Potter y la piedra filosofal

(2001) dirigida por Chris Columbus. Guión de Steve Kloves

Harry Potter y la piedra filosofal es una película entretenida y bella, visualmente bella. Cuanto más grande es el momento, más bello es: la llegada a Hogwarts, la entrada en el gran comedor, el campo de quidditch. Luz, color, vida, lo que el libro narra, aquí se muestra. Y a menudo una imagen vale más…

Es una película que hay que ver habiendo leído el libro, no sólo por el tópico “el libro es mejor”, sino porque en el libro HAY una historia. No sé que impresión causará en quien no conozca nada de la trama, quizás una impresión pobre. Mi percepción fue, no sólo que la historia está mutilada y cosida con más o menos acierto, sino que la película va dando saltitos por la trama, procurando tocar los puntos clave, pero sin poder alcanzar y recubrir la narración en sí.

Hay un flashback (Voldemort atacando a la madre de Harry) que aparte chirriar, es del todo innecesario.

Los actores

El trío Harry-Ron-Hermione

En ningún momento están más monos que en las portadas del disco.

Una vez metidos en la película, el Harry me parece correcto, sin aspavientos, con coraje pero tímido acorde con su personaje.

La Hermione resulta de entrada más estirada que su original en papel, demasiado reducida a “libros e inteligencia”, aunque su rostro de incredulidad o de falsa modestia –con un punto de superioridad-, me agrada.

Ron Weasley, hacía tiempo que no veía un actor con una capacidad de expresión facial tan peculiar como este chavalín; no tiene dos escenas en que su cara esté igual. También lo han reducido bastante, a “el amigo graciosote”, y es una pena.

Aciertos y desacuerdos.

Alan Rickman (he investigado) borda un Snape que sin apenas mediar palabra, atrae mi atención como un imán; fascinante. McGonagall, estirada profesora, está estupenda también. Atrayente también la profesora de vuelo con escoba. Hagrid es quizás el personaje que supera su original, el actor le otorga algo más que el gran corazón del que le nutre la autora. Los Dursley (especialmente los masculinos) están correctos.

El gran error para mi es Dumbledore. Richard Harris ha interpretado a demasiados malvados en su vida para ofrecer un Dumbledore puro. Está perfecto en su caracterización, pero no tiene corazón. Le falta la jovialidad, la chispa del Dumbledore del libro.

Fred y George quedan reducidos a dos gemelos pelirrojos.

Draco Malfoy peca de la simplicidad que le otorga la autora, y sin añadir nada, aquí es un tópico malo, y encima engominado.

Desaprovechado el estupendo John Cleese (Monty Phyton) para dar vida –es un decir-, al fantasma Nick-Casi-Decapitado.

Y a excepción de Neville, los demás compañeros de Harry quedan eclipsados (este defecto ya viene del libro).

Los efectos especiales, siguen siendo efectos especiales. El malvado Trol parece un chiste. El quidditch se vuelve confuso y mareante. Y las caídas de las escobas o los vuelos alocados no muestran otra cosa que un Harry hecho por ordenador.

Pero todo esto es mirar con lupa, una reflexión fría. La película, en su primer visionado, simplemente me hace sonreír, por ver todo aquello que “ya conozco”. Me cautiva en muchos momentos, y me entretiene durante su largo metraje.

Chris Columbus cuenta, en el segundo DVD –material extra y demás-, que no pretendían adaptar el libro y ser originales, sino ser fieles al máximo. Como idea, se agradece, y más en un época en que poca gente puede aportar algo interesante y propio a una historia ya existente. En este segundo DVD resulta cansina la presencia del productor, cuyo nombre no me molesto en buscar, con unos aires de David O. Selznick que recuerdan que Harry Potter para él, no es otra cosa que una marca que hay que vender.

Alan Rickman - Snape

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