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Archive for the ‘Hall of Fame’ Category

Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt, entre su madre Yolanda, y su marido Juan Carlos

Foto (Agencia EFE)

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Y todos aquellos otros secuestrados cuyos nombres no son mediáticos, también los estamos esperando.

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Pobre Cabrón

Bajo el acertado título de POBRE CABRON, se recogen los desvaríos autobiográficos de la serie PEEPSHOW escrita, dibujada, y protagonizada por Joe Matt.

Peepshow

El personaje Joe Matt es un dibujante de cómics muy aficionado a la pornografía y con un ideal de mujer tan idealizado que le hace rechazar cualquier mujer con la que se cruza (lo cual no implica que no se muera por acostarse con ella).

Joe Matt quiere lo que no puede tener, se arrepiente de lo que ya ha perdido, y no sabe valorar lo que tiene. Es simple, egoísta hasta la desesperación, bastante guarro, insensible, inseguro, inestable, y amargado.

Sin duda, el personaje más digno de odio de su propio cómic.

¿Entonces, por qué entonces atrae al lector?

Por la misma razón que adoramos al patético perdedor de Georges Constanza de SEINFELD, o al neurótico egocéntrico que suele interpretar Woody Allen. Porque su simplicidad, su egoísmo, y su atracción desmesurada (y habitualmente castrada) por el sexo opuesto, es algo tan humano, que cuando alguien tiene el valor (o la insensatez) de mostrarlo sin tapujos, nos vemos –aterradoramente- reflejados. Yo no soy Joe Matt. Ni el propio Joe Matt es como se dibuja, pero él, yo, y cualquier lector medianamente sincero consigo mismo, tiene en su interior un pequeño “pobre cabrón”.

POBRE CABRON es una maravilla de cómic. A 6 viñetas por página, con un esquema que parece de libro, la historia se desarrolla con un gancho tal, que la obra se devora de un tirón. Sin riesgo de empacho, el ingenioso guión, los divertidos diálogos, las lúcidas reflexiones que se desprenden atrapan, y te arrastran en la espiral de la vida de anhelos y fracasos del protagonista.

Joe Matt

Joe Matt, el autor, es miembro de la editorial Drawn & Quarterly junto a Seth y Chester Brown (a quien Joe Matt dedica la obra, y que aparecen en las páginas del cómic; Seth como su mayor confidente).

Como dijo alguien más sabio: “Es centrando toda la atención en algo individual que se muestran los rasgos más universales.”

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La canción que dio nombre al primer disco de la banda…

La canción que propició que la banda cambiase de nombre…

…la primera banda de Heavy Metal de la historia.

Tony Iommi, Terry “Geezer” Butler, Bill Ward, y… John Michael Osbourne (Ozzy Osbourne)

Los originales BLACK SABBATH

What is this that stands before me?

Figure in black which points at me

Turn around quick, and start to run

Find out I’m the chosen one

Oh nooo!

Big black shape with eyes of fire

Telling people their desire

Satan’s sitting there, he’s smiling

Watches those flames get higher and higher

Oh no, no, please God help me!

Is it the end, my friend?

Satan’s coming ’round the bend

People running ‘cause they’re scared

The people better go and beware!

No, no, please, no!

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Este sábado falleció el poeta, dramaturgo y ensayista Josep Palau i Fabre. Uno de los máximo especialistas en la vida y la obra de Picasso.

Palau i Fabre

Mi relación con la poesía es prácticamente nula. Me siento sordo a ella. Pero sufrí un arrebato embriagador al conocer a Palau en una entrevista que hace algunos años le hizo Mónica Terribas a raíz, ahora no recuerdo sí fue por un premio o por algo relacionado con la Fundació Palau i Fabre. Ese hombre, con su reposada forma de hablar, de mover manos y de su despierta mirada, me cautivó.

He llegado tarde a su obra. La semana pasada empecé un libro suyo de cuentos.

Tenía algo de huraño, de tipo centrado en sus cosas, en su obra… Una obra, especialmente la teatral, que poco o nada se representa. Tenía, para mí, ese halo de los genios incomprendidos, de los seres frágiles que parecen sepultados por la fatalidad del desconocimiento. Un misfit, un inadaptado. Alguien a quien el justo reconocimiento a su obra llega tarde, es decir, quizás… ahora.

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“Venga Bart date prisa, nos vamos al cine, tu madre nos lleva ver una película del sueco ese de los siete sellos” Homer Simpson.

Esta cita pertenece al segundo episodio de la primera temporada de Los Simpsons (Bart, el genio). Debió de ser ésta la primera vez que tuve conocimiento de Ingmar Bergman. Claro esta que en su día no entendí el chiste.

Supe de él por otros. Lejano, difuso, hermético, Bergman era un GRAN director sueco, cuyas películas nunca se emitían por televisión. Lo primero que pensé, fue que debía tener algún parentesco genial con Ingrid Bergman (sueca, actriz); resultó que no. Woody Allen parecía admirarle mucho, y los humeantes tertulianos de José Luis Garci en Qué grande es el cine hacia mención a él a menudo. Parecía una figura intocable, perfecta y casi irreal.

No vi una película de Bergman hasta el verano del 2005, durante un breve ciclo que hizo La2 de TVE. La primera fue El séptimo sello.

No me gustó.

Tampoco la entendí (creo que casi nunca he entendido una obra escrita o filmada, y mucho menos pintada o compuesta).

En El séptimo sello, descubrí escenas que “otros” a posteriori habían copiado. Me impactó ver a Max von Sydow, a quien conocía de mediocres películas americanas, asumiendo el reto de un protagonismo tan aislado. Su confesión, en la película, con la Muerte, me resultó inquietante, más que la partida de ajedrez. Tuve la impresión que nadie más mostraba gente angustiada por aquellos temas, y de un modo serio y frío. Eso me hizo pensar en unas palabras de Isabel Coixet, que dijo algo cómo “de joven iba al cine a ver Bergman, y salía con ganas de suicidarme”.

La ambientación de la historia, ayudó a formar en mí la estampa de algo antiquísimo. Tanto, que cuando después me enteré que Ingmar Bergman aún estaba vivo, le atribuí unos mil años.

Fresas salvajes, me encantó. Ahí ya hubiese firmado “Bergman qué gran talento”. Le siguieron El rostro y Como en un espejo, entonces ya las contemplaba con interés, consciente que me perdía la mitad de lo que pretendían mostrar, pero siempre fascinado por alguna cosa. Había diálogos de una crueldad tan sincera que tan sólo podían ser sinceros pensamientos. Cosas que uno piensa –secretamente-, pero que no osa decir. Aquellos personajes, a veces perdidos y descorazonados, emitían palabras de una contundencia tan impactante, que si se hubieran disparado no se hubiera hecho más daño.

Por aquél entonces ya había visto dos de las obras de Allen más cercanas a Bergman: Setiembre y Interiores me parecía que “el alumno” había llegado a limar, y a hacer más digerible, algunas de las mismas ansias y angustias del maestro.

Hasta que el 6 de agosto de ese 2005, topé con Secretos de un matrimonio.

Esa… esa cosa, estaba por encima de la ridícula etiqueta de “película”, por encima de la definición de “obra maestra”. Aquello iba mucho más allá de cualquier cosa que este humilde idiota hubiera podido ver e imaginar jamás. La vida, la vida de una pareja de seres humanos, con todas sus contradicciones, auges y caídas, están ahí, expuestas.

¿Cómo un tipo puede sentarse y escribir algo así?

¿Y cómo puede, luego, manipular un equipo de gente, actores y técnicos, para representar aquello?

¿Cómo?

Al acabar de verla, tuve la sensación que ya podía morirme. Que nada podría superar aquello (a día de hoy, aún no he visto nada que lo supere).

Ingmar Bergman acababa de destrozar cualquier ranking de películas, directores y análisis del ser humano que hubiese podido hacer. Se había salido. Era otra cosa.

Bergman era Dios.

Ingmar Bergman

Acabo de terminar la lectura de sus memorias, escritas en 1986, LINTERNA MAGICA, un irregular libro, en cuyas páginas leeremos mucho de lo que ya hemos visto en sus películas (él mismo, remite peleas matrimoniales a escenas de sus películas). Un libro en el que he descubierto que, al igual que el Homer “inventor” estaba fascinado por Edison, y Edison por Davinci, Bergman lo estuvo, desde sus lecturas adolescentes hasta el final por el dramaturgo Strindberg. Un libro de memorias de un tipo egocéntrico, tiránico con “sus familias”, y aquejado de eternas dolencias psicosomáticas –retortijones intestinales y vomitonas a destiempo-. Un libro que me ha humanizado, hasta extremos vulgares a esa figura, casi divinizada, que usó, y rehusó, su vida para su arte. Un libro que no es el libro de un cineasta, sino el libro de un ser que amó profundamente… ¡el teatro!

A Bergman la cultura, la lectura, se le nota en su trabajo, enumera sus lecturas adolescentes: Dostoievski, Tolstoi, Balzac, Defoe, Swiff, Flaubert, Nietzche y siempre Strinberg. Y añade, reconociendo que “a menudo no entendía nada”.

Un par de pasajes del libro:

si por un momento levantase la máscara y dijese lo que realmente pienso, mis compañeros de trabajo se volverían contra mí, me harían pedazos y me tirarían por la ventana […] A pesar de la máscara no estoy disfrazado. Es un filtro. No debe dejar pasar nada de la esfera privada que no venga a cuento.

“Me lanzo contra los demonios con un método que me ha funcionado en crisis anteriores: divido el día y la noche en unidades de tiempo determinadas y lleno cada una de ellas con una actividad o un momento de descanso establecido de antemano. Sólo cumpliendo implacablemente mi programa, día y noche, puedo defender mi cerebro de unos dolores tan violentos que llegan a ser interesantes. En pocas palabras, recobro la costumbre de planificar minuciosamente mi vida y ponerla en escena.”

Y unas citas que describen un carácter:

“Mostrar las calamidades privadas en el trabajo es una falta profesional grave.”

“La posibilidad de abandonar un proyecto ha de dar coraje para continuarlo.”

“Paciencia y buen humor, reír en lugar de reñir.”

“Sólo el que está bien preparado tiene la posibilidad de improvisar”

“Empezaba a oscurecer sin que yo viese la oscuridad.”

“El miedo realiza lo temido”

Y un destello de humor en el hospital:

“Una tarde le pregunto al amable médico si alguna vez en su vida ha curado a una sola persona. Reflexiona circunspecto y me contesta: “Curar es una palabra muy seria”, después mueve la cabeza y me sonríe para animarme”.

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Marilyn Manson

MarilynManson

Al César lo que es del César…

Ningún otro artista contemporáneo me ha sido tan útil, tan influyente, tan salvador de mi miserable vida, como Marilyn Manson.

Me enseñó a hablar.

Del dolor, del sufrimiento, del odio, de la corrupción, del daño, de las heridas, de Dios,…del suicidio.

No tengo fotos suyas en las paredes,

ni me pongo sus camisetas,

ni voy a sus conciertos,

ni siquiera me compro sus discos,

no soy, ni pretendo ser, un fan.

Es un respeto por encima del merchandaising y los productos.

Es respeto a su capacidad creativa, a su arte.

Es algo íntimo, entre él y yo

(Aunque él no lo sepa, ni tenga porqué)

Y al Reverendo lo que es del Reverendo.

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Steve Irwin -The Crocodile Hunter-

Hoy hace un año de la muerte de de Steve Irvin. Más conocido por su programa “El cazador de cocodrilos” (The Crocodile Hunter) que ha emitido Tv3 (y otras autonómicas).

Este zoólogo australiano, estrella televisiva e imagen del Zoo de Australia, falleció mientras rodaba un documental en la costa australiana de Queensland.

Simpático y fortachón, era una personalidad televisiva fresca y dinámica. Era bastante peculiar verlo corretear con su pantalón corto color caqui, y revolcándose por el barro abrazado a un cocodrilo descomunal.

Fue 1992 cuando apareció el primero de los documentales bajo el título de “The Crocodile hunter”, y Steve hacía su despeinada aparición entre las bestias. Desde entonces no ha cesado en su empeño de acercar la naturaleza a la gente del sofá. Desmitificando en parte esa terrible mala fama que tienen sus animales favoritos: los cocodrilos. Curiosa predilección animal nacida del afecto que su padre le inculcó por estas (y otras) bestias.

Irvin comprendió que la tele era espectáculo, y a menudo exageró en sus reportajes. La situación habitual era verle correteando por el desierto, y de repente, a tres cientos metros veía una serpiente en mitad de la pista. El tipo que salía disparado y saltaba encima del bicho agarrándolo con cuidado. Lo acercaba a la cámara y no dudaba a regañarle con tono materno por haber cruzado la pista y haberse expuesto a ser atropellado. Nos recordaba lo venenoso que era, mientras defendía a ultranza el bicho y afirmaba que tan sólo atacaba cuando se sentía acorralado y que no era “malo” como decía la tradición popular o el cine. (Y cuanto más venenoso era el bicho más lo toqueteaba) Tras manosearlo, lo llevaba al otro lado de la carretera y lo dejaba, no sin peculiares advertencias sobre “cruzar sin mirar”.

En “cómo se rueda El Cazador de Cocodrilos” nos mostraban como la serpiente en cuestión la había dejado un compañero del zoo, medio minuto antes que llegase Steve.

Otro ejemplo de show es el que se producía en el zoo. Cuando había que hacer reformas o trasladar a los cocodrilos de recinto, en lugar de cerrar el zoo, o hacerlo en vacaciones, abrían las puertas, ponían gradas suplementarias y llamaban a la tele. Y hacía un traslado en live para todo el país.

Esta exageración, este espectáculo, era la llave por la que Steve se metía en la tele y atrapaba tu atención. Luego estaban documentales de relleno como uno acerca del nacimiento de su hija (Mindi); acerca del viaje de la familia por USA para promocionar su película; o uno de Steve y su amigo Wes Cannion haciendo surf. Todo ello ya cuando la estrella de sus documentales no eran los animales, sino él.

Las productoras (DISCOVEY CHANNEL y ANIMAL PLANET) sacaron camisetas, muñecos y todo tipo de merchandising. Aparte de aparecer en cameos en DR DOLITTLE 2, y en SOUTH PARK, Steve ha protagonizado anuncios en su tierra natal para vehículos todoterreno y ha sido imagen cebo para el turismo de la isla continente. Aparte de tener su propia película:

THE CROCODILE HUNTER: COLLISION COURSE

Movía una industria económicamente muy rentable tras de sí, y también él debía sacar buena tajada para su zoo. Pero ello no quita ni debe desvirtuar su trabajo (y el de su equipo) para el beneficio y cuidado (y en algunos casos: salvación) de animales de la maltrecha y rara fauna australiana.

Hará un par de años una imagen suya, dando de comer (a metro y medio) a uno de los cocodrilos del zoo con su hijo pequeño, Bob, en brazos, dio la vuelta al mundo. Esa imagen expuesta como espectáculo circense le hizo mucho daño. Le acusaron de loco, de exponerse (y exponer al bebé) al peligro para un burdo espectáculo para turistas.

No fue una idea muy acertada, pero cualquiera que vea sus trabajos: la profesionalidad y el despliegue de equipo y medios en el traslado de cocodrilos, o la seguridad –real- tras las aparentemente alocadas inmersiones selváticas de Steve, verá que sabían lo que hacían.

Jamás negó que hubiese riesgo en mucho de lo que realizaba, pero hay mucha gente –y mucha por televisión- que corre riesgos por nada. Steve Irvin era alguien a quien le agradaba ese punto de riesgo y peligro (hace falta para acercase a un cocodrilo). En alguna ocasión le vimos sudar de miedo teniendo a un palmo a una serpiente mortal, pero, esa exaltaciones tan suyas de adrenalina eran propias de alguien que se lo pasa bomba con lo que hace; y detrás también tenía a un buen y gran equipo, como su amigo Wes, que en algún documental llega a quitarle de encima un bicho justo a tiempo.

En sus documentales, aparte de un espectáculo, queda plasmado el amor sincero que sentía por la naturaleza, y la voluntad divulgativa de acercar aquello que tanto le agradaba a todos nosotros.

Gracias Steve,
¡CROCS RULE!

Steve Irvin (22-Febrero-1962 / 4–Setiembre-2006)

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