Cuando Roberto Benigni rodó LA VIDA ES BELLA se suscitó una polémica: ¿Es lícito hacer ficción acerca del Holocausto? ¿O tan sólo el documental, serio y riguroso, debe alumbrar esas vicisitudes de nuestra historia reciente?
El cómic AUSCHWITZ, de Pascal Croci, es una obra de ficción basada en hechos reales. Reales, hasta cierto punto.
El propio autor revisa en un epílogo algunas de las licencias que se permitió (en el cómic el recuento de prisioneros es nominal, se les llama; en el Auschwitz real, el recuento era sólo numeral. El gorro del uniforme de prisionero no es el real, una carta de un superviviente se lo hace saber al autor).
Pascal Croci habló con diferentes supervivientes de los campos de exterminio para la preparación de esta obra. También cita en su bibliografía, entre otras fuentes, el documental SHOAH (de Claude Lanzmann) y la película de Spielberg LA LISTA DE SCHINDLER. Cualquiera que haya visto la película reconocerá planos en las viñetas del cómic (el niño que ve pasar el tren y hace el gesto del degüelle es la más obvia).
Aunque el autor marca el período histórico de su cómic, y en ella retrata una pequeña línea del tiempo del Auschwitz verdadero, la obra está aliñada por otras escenas y personajes atemporales, pero “tópicas” (si se puede usar semejante adjetivo). El nazi malo, el nazi menos malo, el judío que cree que el campo tan sólo es algo temporal, el que niega a creer en los crematorios, pese a ver y respirar el humo.
Una de las quejas al dibujo, de un acertado gris frío y con el horizonte difuminado, es los rostros de los personajes. En este cómic los prisioneros judíos y los guardas nazis se diferencian entre sí por el vestuario. Nada más. Hasta hay momentos que uno se pregunta si el autor no usó sólo cuatro o cinco rostros, a modo de plantilla, y los fue repitiendo en todas las caras de los personajes. Los ojos en especial, parecen los mismos para todos.
El cómic abre y cierra en 1993, en la Yugoslavia en guerra. Una buena bofetada a todos los que ven el genocidio como algo lejano, nazi, de la segunda guerra mundial.
Existió un genocidio en 1993, en esa misma Europa que parafraseaba: “El que no recuerda la historia, está condenado a volver a repetirla“.
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Todos ven lo mismo, por eso los ojos presentan esa caracteristica…
¿Lejano? Lejano para quien quiera olvidar. Pero las heridas de la humanidad, no curan con facilidad. No es tan fácil olvidar ni sentir lejano, cuando muchos genocidios se cometen actualmente fuera de Europa. Y como bien dices, el año 93 no está lejos para nada.
Quizá, aunque los detalles de los personajes no se ajusten a la realidad, aunque incluya detalles que no son muy originales, merece la pena que al menos, refresque la memoria histórica, porque en medio de la repetición de la manida frasecita, se nos acaba olvidando de nuevo.
Besos.
Auschwitz, de Pascal Croci…
Las revisiones en cualquier formato artístico del holocausto judío son siempre un revulsivo para la conciencia dormida de un mundo que, digámoslos claramente, poco ha cambiado desde entonces. Un mundo que permite los relativamente recientes aconteci…
[...] Auschwitz en El rincón de Leo Bennacker [...]