
La obra de Jiro Taniguchi El Caminante no es un manga corriente.
No narra, ni cuenta, sino que muestra a un personaje, del que verbalmente no sabremos ni el nombre, paseando.
Son diecisiete historias, diecisiete paseos que el caminante hace por su barrio. No hay un guión, no hay una trama que se presente, se complique y se resuelva; por no haber, apenas hay diálogos. Hay onomatopeyas, sonidos o ruidos que el caminante oye, y nosotros con él, durante sus apacibles paseos.
Salir a pasear, sin destino, sólo para descubrir dónde lleva esa callejuela, o ir, por el camino más largo, a una librería o al videoclub. Y por el camino, disfrutar del prado en primavera, contemplar a los niños jugar al fútbol en el parque, a las chicas cuchichear en un banco, a parejas cruzar en barca el lago, y oír a los pájaros o cruzarse con un gato silencioso. Y parar a comprar unos caramelos sólo porque nos apetece comerlos, o un juguete (aunque ya no tengamos la edad), o una tarta. Y volver a casa y que nos sorprenda una llovizna, o un sol de justicia.
Cómplice de sus paseos, Nieve, un perro abandonado que el Caminante y su compañera adoptan.
Pese a la aparente vacío de semejante historia, a mi me ha llenado, casi diría que me ha conmovido su simplicidad y su apacibilidad. ¿Quizás por qué yo también salgo a caminar sin objetivo ni destino?
“El camino largo” es quizás mi paseo favorito. En él, el Caminante conoce –sin mediar palabra alguna- a un caminante como él. Se crea una simpática competición de adelantamientos. El extraño cruza antes que pase un tren, y a nuestro Caminante se le corta el camino. Cuando el tren ha pasado, su “rival” le espera al otro lado de la vía, y sin mediar palabra siguen “jugando” a seguirse, hasta que el camino hasta la cima da lugar a un bello paisaje, entonces, los dos desconocidos andan juntos, y disfrutan de una compañía y un silencio mutuos.








“Dos soledades que se saludan…”
A tí, deberían ponerte en los exámenes de comentario de texto en las pruebas de acceso de la universidad, porque con permiso de los reconocidos, tienes más enjundia que muchos autores universales. Es atrayente la idea de la caza de ideas que vas dejando por ahí, como pistas sueltas para que, quien preste atención pueda encontrarlas. Pero no te he dicho nada nuevo ¿a que no?
Caminar sin objetivo, es algo que puede ser tan gratificante como frustrante. Supongo que depende del día que tenga uno. Nada raro, ya que hay dias para todo. No se puede ir a una fiesta sin el ánimo adecuado, y marcharse a la cama con la cabeza llena de ideas y con una sensación de no querer irse nunca, tampoco es gratificante.
Yo he caminado sin objetivo sin ganas, y he vuelto a casa derrotada, devorada por mis propios pensamientos negativos. Y a veces, he caminado sin objetivo ni destino, y no habría vuelto jamás. Soy una persona que no suele estar en paz consigo misma, así que las ocasiones son pocas de andar y mantener un monólogo interior en condiciones. Otra cosa es que observe, que eso, me es vital, casi tanto como inevitable.
Si saliéramos a pasear juntos, aunque fuera a comprar la prensa, sería un diálogo inolvidable.