El 22 de mayo de 1907, hace 100 años, nacía en Bélgica, Georges Remi, conocido por HERGÉ (pronunciación invertida de sus iniciales: R.G.), creador de TINTÍN.
El 10 de enero de 1929, Tintín apareció por primera vez en las páginas del Petit Vingtième. Ya iba acompañado de un perro fox-terrier blanco, de nombre Milú. (Tintín en el país de los soviets).
Luego vendrían sus aventuras en el Congo, América, y le seguiría Los Cigarros del Faraón. Atraído por China, y con afán documentalista, Hergé conoció a un joven pintor chino Tchang Tchong-Jen (Chang en El Lotus Azul) quien le dio una visión de primera mano de la ocupación japonesa y de la sociedad de la época.
A estas, les siguen las aventuras con el fetiche Arumbaya, los falsificadores de La Isla Negra, o el clima de conflicto que se respira en El cetro de Ottokar, entre las ya míticas naciones de Sildavia y Borduria.
La segunda guerra mundial, la ocupación alemana de Bélgica, el control nazi sobre la prensa, provocó un Tintín menos apegado a la realidad y más escapista: El Cangrejo De Las Pinzas de Oro, La Estrella Misteriosa (con la idea del “fin del mundo”, influenciado por la guerra), El Secreto del Unicornio y El Tesoro de Rackham El Rojo, Las Siete Bolas de Cristal y El Templo del Sol.
En estas historias aparecen ya el capitán Haddock y el Profesor Tornasol.
El setiembre del 44, tras la liberación, Hergé y demás trabajadores del periódico Le Soir, es detenido, acusado de “colaboracionismo”.
El 6 de septiembre de 1946, apoyado por un editor combatiente en la Resistencia, sale la revista semanal “Tintín”.
Hergé empieza a sufrir crisis en 1949, trabajando en Tintín En el País del Oro Negro
Y en 1950, Objetivo: La Luna. Durante días el autor desaparece, y ni su esposa sabe dónde se encuentra.
Con intención de “liberarlo” de la presión, se crean los Estudios Hergé. Donde un equipo de asistentes colaboran con él; si bien Hergé no permitió jamás que sus asistentes dibujaran a sus protagonistas, limitándose estos a los escenarios, y aspectos secundarios. Con Aterrizaje En La Luna, Hergé se anticipa a la realidad, y muestra la Tierra desde el espacio, y el paisaje lunar. (A la Luna “de verdad” no se llegaría hasta 1969).
El Asunto Tornasol, con una trama digna de Hitchcock, está considerado como una de sus obras más redondas; le sigue en 1956, Stock de Coque, donde Hergé vuelve una vez más al mar (escenario habitual, en una época en que el mar significaba viajes y aventura), y a tratar otro tema punzante: el tráfico de personas.
A finales de los 50, Hergé vuelve a estar en crisis, sufre pesadillas y consulta con un psicoanalista quien le aconseja dejar Tintín. Hergé, enamorado de una joven asistente de sus estudios, rompe con su matrimonio. Todo el tormento, lo vacía Hergé en su Tintín en el Tibet. Una historia que, pese a los momentos de humor finales, es la más cruda y terrible de todas.
Cada vez más espaciadas en el tiempo, aparecen sus tres últimas obras: Las Joyas de la Castafiore en 1961, Vuelo 714 Para Sydney en 1966 y Tintín y Los Pícaros en 1975.
Tintín ya es un fenómeno fuera del cómic. Se viene realizando un potente merchandising, se realizan películas de animación (Tintín y El Lago de los Tiburones, luego pasada al cómic) o películas con actores reales (Jean-Pierre Talbot como Tintín en El misterio del toisón de oro).
En 1971, Numa Sadoul realiza una extensa entrevista a Hergé, de la que nace el libro: Conversaciones con Hergé (del cual, en el 2003 nace el documental: Tintín y yo). Dos interesantes aproximaciones al autor belga.
Un hecho significativo en la vida de Hergé ocurre en 1981, cuando se propicia su encuentro con su amigo Tchang Tchong-Jen, del que no ha sabido nada durante años. El dominio comunista, y la revolución cultural, barrieron al artista Tchang del mapa. El encuentro se provoca delante de las cámaras, con un Hergé ya enfermo y visiblemente desmejorado.
Hergé morirá en marzo del 1983, concretamente el día 3. Ese día, el titular de un periódico belga es: “Tintín ha muerto”. Demostrando que la obra de Hergé va más allá de un “cómic”, los periodistas sustituyen las fotografías que ilustraban las noticias del mundo de ese día, por viñetas sacadas de Tintín.
En 1986, se publica, inacabada y con bocetos: Tintín y el Arte-Alfa.
Y los Estudios Hergé, pasan a ser la Fundación Hergé; dedicada a la conservación y la divulgación de la obra.
A lo largo de su vida, George Remi, apenas salió de Bélgica. (No es hasta 1971 que visita por primera vez Estados Unidos; Tintín en América es del 1932). Pero, a lo largo de su vida, recopila fotografías, recortes de periódicos, revistas marítimas y mercantiles especializadas,… Todo, perfectamente ordenado en carpetas, para su uso. De algunas de esas imágenes nacen luego viñetas, o se aprecian en ellas rasgos de algún personaje. Perfeccionista y detallista hasta la obsesión, recurre a maquetas de barcos, o se fabrica maquetas del cohete lunar.
Las aventuras de Tintín no sólo le sirven al artista Hergé para vaciar sus obsesiones, sino que también son un reflejo del estado y de los conflictos mundiales de buena parte del siglo XX.







Menos mal que Hergé pasó mucho de la opinión del psicoanalista.
Fíjate en lo que da de sí una obra: a su muerte, se sustituyen las fotografías del autor por viñetas de sus dibujos… (Cuando muera seré un montón de papeles escritos…)
“Perfeccionista y detallista hasta la obsesión…” ¿de qué me suena?
Y luego está la siempre interesante visión de la historia de su tiempo. Y la influencia de ésta (negativa) sobre el arte, como puede ser el control nazi sobre la prensa.
Interesantes paralelismos entre su obra y la tuya.
Un beso.
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